octubre 24, 2020

¿Los nuevos luditas?

La disputa, a propósito de Ley de Revolución Productiva, Comunitaria y Agropecuaria, sobre los transgénicos ha permitidos oír las voces de abogados, médicos, onegistas y dirigentes sociales. Como es costumbre, los científicos han enmudecido o no fueron consultados. De todas maneras la biotecnología está en pañales en Bolivia, y luego de las acusaciones y críticas seguramente en la clandestinidad. En ese escenario el debate luce mal encausado. ¿Cuál es el problema? ¿Los transgénicos en sí mismos? ¿El control sobre su producción y comercialización? ¿O ambos? Las voces de estos actores han acusado, y no les falta razón, a las transnacionales como al Monsato o la Bayer de monopolizar y promover el uso de semillas transgénicas dañinas para la salud, la soberanía alimentaria y las especies nativas. Poco se ha dicho en cambio que Cuba es una de los principales ejes de biotecnología avanzada y que se vanagloria de sus éxitos en la producción de maíz transgénico e incluso de una tilapia, que modificada genéticamente, crecerá más rápido y alcanzará el doble del tamaño común. Fidel Castro se ha mostrado entusiasta de la Biotecnología. A sus ojos esta nueva tecnología puede tener usos bastante santos, como contribuir a reducir el hambre. Claro que en Cuba también se ha desatado un debate, aunque no público como entre nosotros, sobre las bondades o peligros de los transgénicos.

La introducción de nuevas modalidades de producción nunca ha estado exenta de controversia y protestas sociales. Cuando el capitalismo despuntaba en la Europa de albores del Siglo XVIII y las maquinas a vapor desplazaban los rudimentarios telares manuales, los llamados Luditas —seguidores de Ned Ludd— comenzaron a destruirlas. Solo Marx comprendió que el mal no estaba en las maquinas, finalmente potadoras de mayor productividad, sino en las relaciones sociales de producción donde ellas se injertaban. En esta nueva fase del capitalismo, basado en las nuevas tecnologías de información, la robótica y la biotecnología, el Neoludismo arremete contra ellas porque considera que degrada y aliena al ser humano. Para ellos, al contrario de Marx, la raíz está en la tecnología misma. Quizá no saben que existen, ni los leen, pero muchas de las voces que han arremetido contra los transgénicos en el país se encuadran en el ludismo. No defiendo a rajatabla a la Biotecnología, finalmente una ciencia nueva cuyas consecuencias no podemos establecer en el corto plazo; lo único que reclamo es un debate abierto y con fundamentos.

*     El autor es historiador y economista

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