octubre 27, 2020

¿Una Propuesta de soberanía?

En muchos países de Latino América para revertir la crisis alimentaria y la problemática social campesina es necesario la introducción semillas genéticamente manipuladas (OGM), en las cosechas de soya, maíz y trigo, pero nos surge una pregunta si eso no producirá dependencia para obtener la semilla las que son dueños las grandes corporaciones, que tiene las patentes de las semillas, se pretende solucionar los problemas de alimentación sin considerar los múltiples daños irreversibles.

¿Sólo crisis alimentaría?

En su especificidad, la crisis alimentaria, es un aliciente del espíritu que lucha contra el hambre; pues, el índice de la FAO para los precios de los alimentos en mercados internacionales registró alzas en un 37 por ciento entre abril de 2010 a mayo de 2011, y en los “países en vías de desarrollo” el 16 % de su población sufre de hambre. Cómo no indignarse ante la dificultad, de una gran parte de la población, al acceso de elementos básicos de sobrevivencia.

A tal crisis vista fragmentadamente sale al paso la ideología de la propiedad privada, de las bondades del capitalismo, y de la modernidad tecnologizada; que con hipocresía, colocándose el manto jesuita, pretende “quitar el hambre del mundo” a base de prácticas que patentan la semilla, liberan mercado de alimentos, e impulsan la agroindustria de consumo intensivo de petróleo.

Ahora bien, esta mirada no del movimiento de múltiples crisis (alimentaria, energética, ecológica, de la salud, de la ciencia y tecnología) que tienen como centro: sobre-acumulación de capital a escala planetaria. Por ejemplo la agroindustria, que es direccionada por una tecnología maquinista y de modificación genética que procurar como fin la alta rentabilidad para el capital transnacional de alimentos, ha incrementado el porcentaje de sus productos alimenticios para la elaboración de agro-combustible, ya que andamos en la crisis de energética por la escasez de petróleo, que es motor de la revolución industrial; y este último por sus residuos contaminantes es uno de los principales colaboradores del calentamiento global, es decir de la crisis ecología. Y no menos importante, debemos sumar los peligros en la salud por el consumo de alimentos transgénicos, de productos con alto contenido de grasa y azúcar; que son los primordiales productos elaborados por la agroindustria.

¿Qué son los transgénicos?

Los organismos manipulados genéticamente (OMG) también llamados “transgénicos” son organismos nuevos creados en laboratorio, cuyas características se han alterado mediante la inserción de genes de otras especies. Por ejemplo, se inserta el gen de resistencia al frío del salmón en papa para buscarle resistencia a heladas, o genes de bacterias en maíz para darle resistencia a ciertas plagas. Estas alteraciones no ocurren en la naturaleza, rompen las barreras naturales entre especies y traen muchos riesgos.

El cultivo de los transgénicos comenzó en 1995 con un tomate de larga duración pos-cosecha. En el año 2004, el área mundial sembrada con CT llegó a 81 millones de hectáreas, experimentando un aumento de 20% con respecto al año anterior. Es decir, que hubo 13,3 millones de hás. más que el año 2003, abarcando 17 países, siendo los principales cultivos los siguientes:

    Soja:             61%

    Maíz:            23%

    Algodón:     11%

    Canola:        6%

Actualmente existen 14 mega-países-transgénicos que siembran sobre 81.000 hás. de CT. De ellos, 8 tienen la mayor superficie sembrada: EE.UU. (59%), Argentina (20%), Canadá (6%), Brasil (6%), China (5%), Paraguay (2%), India (1%) y Sudáfrica (1%). Completan la lista México, España, Filipinas, Uruguay, Australia y Rumania. Con menos hectáreas sembradas se encuentran Alemania, Colombia y Honduras. (Fuente: Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnológicas ISAAA). Los países que siembran transgénicos son entonces muy pocos y Uruguay se encuentra dentro de los países con mayor superficie de cultivos transgénicos por habitante en el mundo.

¿Qué características poseen estos CT? Dos características predominan en los cultivos transgénicos comerciales actuales: tolerancia a herbicidas principalmente, al glifosato. 73% de los cultivos son de este tipo, llamados ¨Round-Up Ready¨ (RR) por su tolerancia al herbicida ¨Round-Up¨ de la compañía Monsanto. La producción de toxinas plaguicidas (Bt). Estos cultivos plaguicidas cubren 18% del área sembrada con transgénicos. Otro 8% del área total está sembrada con cultivos trasgénicos que tienen ambas características.

Cinco compañías transnacionales de la agro-biotecnología controlan el mercado: Dupont, Syngenta, Bayer, Dow y, en particular, Pharmacia de Monsanto que produce 91% de las semillas transgénicas sembradas en el mundo.

Se promueve el desarrollo de cultivos transgénicos con promesas de ayudar a resolver el problema del hambre y a lograr una agricultura libre de agrotóxicos. Pero la realidad es otra. Estudios demuestran que los trangénicos no rinden más que los cultivos naturales, pueden ser más contaminantes e introducen nuevos riesgos. El interés y razón de ser de cualquier compañía es obtener ganancias. Las corporaciones obtienen ingresos por las patentes sobre los transgénicos y a la vez ejercen un control sobre el sistema agro-alimentario mundial por controlar el insumo fundamental: las semillas.

El área sembrada en 1998 se Introduce la soja RR, primer cultivo transgénico. La sociedad civil no tuvo tiempo para discutir el tema, incluyendo a las gremiales de productores, Universidad, consumidores, ONGs. En la cosecha 2004-2005 este cultivo alcanzó casi las 300.000 hás.

En 1998, Shell produjo eucaliptos genéticamente manipulados y realizó ensayos a campo, plantando 600 metros cuadrados. En el 2003 se autoriza el maíz MON 810 y en dos años se siembran 19.000 hectáreas. En 2004 se autoriza el maíz Bt11 y en el primer año se sembraron 1.700 hectáreas. En este momento están en estudio nuevas variedades de maíz transgénico, algunas resistentes a herbicidas altamente tóxicos. También existen intenciones de introducir otros cultivos tales como arroz, colza, girasol.

Tanto la soja como el maíz son básicamente producidos para ser exportados como alimento para animales, pero también la soja la estamos consumiendo en alimentos procesados, como galletas, budines, margarina, aceite, etc. y en la mal llamada carne y leche de soya, en tanto que consumimos el maíz en la polenta y el aceite.

Los riesgos del uso de transgénicos traen riesgos para la salud y para el ambiente, viola derechos ciudadanos, socava la soberanía alimentaria y consolida el control corporativo sobre el sistema agroalimentario mundial. La Asociación Médica Británica, el Consejo Nacional de Investigación de los Estados Unidos y otras prestigiosas instituciones aconsejan prohibir el uso de transgénicos y sus productos y recomiendan se investigue sus impactos sobre la salud y el ambiente a largo plazo.

¿Una Propuesta de soberanía?

En nuestro país se presentó este 3 de junio el proyecto de ley de la “Revolución Productiva comunitaria agropecuaria”, realmente está dando píe al ingreso de los “recursos genéticos” que en otras palabras no son más que las semillas transgénicas.

Tomemos en cuenta que en la Nueva Constitución Política del Estado aprobada en grande y en detalle en Oruro el art. 408 menciona: “Se prohíbe la producción, importación y comercialización de transgénicos” algo que en la actual Constitución sin explicación a la población o consulta previa a la población el artículo referido al mismo tema dice: “La producción, importación y comercialización de transgénicos será regulada por ley”. Esta regulación, y ya no prohibición, es lo que se está implícito en la propuesta de Ley de revolución productiva comunitaria agropecuaria, que no es más que dar paso al ingreso de transgénicos a nuestro país, cuando bien sabemos que es algo que no puede ser regulado, como ya es evidente en la soya transgénica en Santa Cruz.

Es claro que la intención es básicamente la generación de mayor producción, de generar valor agregado, para lo que no se está pensando en el ingreso de transgénicos como menciona el articulo 19 en el punto 5 “Se establecerán disposiciones para el control de la producción, importación y comercialización de productos genéticamente modificados” sin tomar en cuenta en si es algo saludable y sano para los que producen (la vida de la tierra, se ha comprobado que en Brasil los MST que han recuperado tierras donde se producía transgénicos, no pueden producir sin esperar entre 7 a 8 años) y los que consumen.

A nombre de soberanía alimentaria que esta siendo comprendida en términos de cantidad y “calidad” de abastecimiento de productos alimenticios se está proponiendo el ingreso de los transgénicos dentro de la economía indígena, originaria, afroboliviana, (no tomemos el caso de las comunidades interculturales donde ya existe el manejo de la soya transgénica, (regulada por ley) y que está convirtiéndose en un problema de mono producción, de salud y de medio ambiente en Santa Cruz, por el hecho de que las semillas transgénicas, necesitan un tipo especifico de pesticidas y químicos, lo que también esta implicando una dependencia de las semillas y de los pesticidas específicos para esas semillas, entonces ¿no estamos hablando de dependencia?

Cómo puede ser soberanía alimentaria si no se puede tener el control ni de las semillas, ya que plantar semillas transgénicas significa depender del que las elabora. Podemos mencionar un caso como el de Viloco en la Provincia Loayza, donde se introdujo la semilla modificada de la papa, y donde los comunarios que mencionaban que al principio crecían unas papas bien grandes, pero al ya no querer comprar más las semillas intentaron plantar con las papas pequeñas de las introducidas y éstas crecían pequeñas, huecas y rajadas por dentro sin poder volver a reutilizarlas, motivo por el que en Viloco no quisieron más utilizar estas semillas. Este ejemplo puede ilustrar que el ingreso “regulado” va a responder a una catástrofe para la salud no sólo de los consumidores, sino también de los mismos productores. Veamos el ejemplo de la tierra recuperada por los MST en Brasil (Campo Grande), donde al hablar con un asentado de los MST quien había plantado quiabo y donde la planta crecía toda agujereada, pequeña con las hojas retraídas (como si tuviera artritis) y sin el fruto que es lo que sirve de consumo, el compañero asentado del MST mencionaba, “esta tierra esta enferma y va tomar años para que produzca, porque aquí plantaron soja transgénica, usaron químicos” ¿Qué nos puede decir la experiencia de las organizaciones como los Sin Tierra, quienes se enmarcan en una política anti-transgénica y por el contrario en el impulso de la experiencia de una agro ecología integral?, ¿Puede hablarse de soberanía alimentaria cuando se da paso libre para el deterioro y destrozo de la tierra?, ¿ es soberanía alimentaria el ingerir productos dañinos para la salud?

Que podemos pensar cuando en el inciso 1 del artículo 15 se plantea que “se facilitará el acceso a recursos genéticos con fines productivos y de investigación para consolidar la seguridad de la soberanía alimentaria, siempre y cuando su uso se enmarque en las políticas de protección y defensa de recursos genéticos naturales del país”. Y más adelante, el inciso 3 del mismo artículo menciona que “No se introducirán en el país paquetes tecnológicos agrícolas que involucren semillas genéticamente modificadas de especies de las que Bolivia es centro de origen (…)”, ambas se contradicen ya que si se refieren a lo mismo, las semillas modificadas genéticamente. O es que hay alguna otra interpretación de “recursos genéticos”?

El problema no es sólo el tema de la producción y el consumo de alimentos plásticos, inflados o “transformados” como se menciona en el proyecto de ley sino el ingreso a un cultivo condicionado a los que venden las semillas, a un cultivo que como se ha visto experiencias en otros países se mata a los pequeño productores, y más aún se involucra a los pueblos indígenas a la tierra por la que tanto han luchado a ingresar a un sistema totalmente destructor de su único recurso de subsistencia. La tierra.

El inciso 4 del articulo 15 esta planteando que “Todo producto destinado al consumo humano de manera directa o indirecta, que sea, o derive de organismos genéticamente modificados, obligatoriamente deberá estar debidamente identificado e indicar esta condición”. El inciso es claro, porque informar a la población si es o no genéticamente modificado?, porque evidentemente NO es un producto sano para el consumidor. Es necesario plantear también que en nuestro país por la el deseo y la lógica de vender más un comerciante puede no informar si el producto que comercializa es transgénico, lo cual nuevamente nos replantea si es saludable plantear la legalización de transgénicos en nuestro país.

El Gobierno se planteó como el defensor de la madre tierra, del vivir bien, de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, se pronuncio sobre el cambio climático, el calentamiento global, incluso se realizó la cumbre climática en Cochabamba, y ahora está pretendiendo poner en riesgo la salud de su población aceptando la receta de los transgénicos o de la implementación de “recursos genéticos” que no son más que una nueva forma de atentar contra la soberanía de los pueblos indígenas, originarios y campesinos y contra la población en general.

La madre tierra no es una mercancía, las semillas fuente de vida no pueden ser mercancía ni modificadas, deben ser protegidas por todos!

Un fruto grande, colorido no necesariamente es SANO!

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