octubre 27, 2020

¿Qué ocurre en una economía de mercado?

Según Armando Méndez lo que se da en el mercado es un simple “conflicto entre demandantes que buscan los precios más bajos y los oferentes que quieren los precios más altos, sin embargo, este conflicto permanente se resuelve pacíficamente en los mercados”. Sin entrar al significado de pacíficamente, es curioso afirmar sin ruborizarse, que ambos, demandantes y oferentes, se encuentran en el mismo status respecto a recursos económicos, poder político, grado de información o diferentes acervos de educación, salud, nutrición, relaciones sociales que afectan los resultados de las fuerzas del mercado. Estas fuerzas siempre se enfrentan con diferentes intensidades.

Sólo en un mercado de competencia perfecta, que no existe en la realidad, se puede concebir, con todo el uso de la imaginación, que demandantes y oferentes se enfrentan como iguales. En los hechos ni el mercado de lechugas es un gran igualador de los miembros de una sociedad. Lo cierto es que los precios de las mejores lechugas exigen un mayor poder de compra y, por lo tanto, es accesible a los que lo poseen.

El mercado de competencia perfecta conduce a pensar que el bienestar colectivo es compartido igualitariamente entre todos los que participan de él. Es posible que así sea. El gran problema radica en que tal creación de la mente sólo existe en la cabeza de algunos economistas y en los textos de economía. En la fría y dura realidad, los frutos del mercado, imperfecto por excelencia, se reparten desigualmente y éste genera grandes disparidades entre los seres humanos. De aquí emerge la explicación del porque unos seres humanos aceptan su explotación por otros seres humanos. Un cúmulo de asimetrías que se generan con y por el mercado colocan a grandes grupos de la sociedad en condiciones desiguales que los hace aceptar las condiciones de quien en las sucesivas transacciones resultó más aventajado.

Comprender estas realidades que se crean a lo largo del tiempo exige aceptar que existe un condicionamiento social e históricamente forjado. Por supuesto que parte de la observación de la historia humana. En la “modernidad”, sin duda, muchos aspectos han cambiado de lo que fue el esclavismo o el feudalismo pero las asimetrías sociales, como tales, permanecen. Ahora está el dinero de por medio y el amplio desarrollo de los mercados que en la apariencia muestran que la libertad de mercado y la libertad de elegir han igualado a todos los seres humanos. Cómoda pose ideológica para justificar las grandes disparidades sociales de la “modernidad”.

¿Cómo puede ser libre el hijo de un desnutrido de por vida quien tiene hijos desnutridos y a quienes se les niega, sin ningún ejercicio de su libertad, la posibilidad de romper el círculo vicioso en el que el capitalismo, con toda su modernidad, ha condenado a millones de personas? La mejor apología de estas condiciones sociales sale de la libertad del mercado y su supuesta igualación de todos los seres humanos. Al final de cuentas, se justificará cualquier resultado como producto del mercado y todos tienen la libertad de participar en él o, si no quieren, no participar de él. La moralidad que se deriva del mercado no es más que un cataplasma para justificar sus resultados de desigualdad y explotación. Por cierto, el mercado no elimina la explotación del hombre por sus prójimos, simplemente la racionaliza y la muestra como la racionalidad propia de la economía capitalista.

Derivar de lo expuesto que el Estado y su intervención creciente en la economía es la respuesta a todos los males del mercado sería equivocado. Hay que observar que ocurre en la sociedad moderna para introducir límites a los mercados y en esto el Estado juega un importante papel. Es necesario, sin embargo, no aceptar la libertad de mercado como la única forma de libertad. Es una libertad económica ineludible pero se debe poner mayor o igual énfasis en las libertades negadas por el ejercicio único de la libertad de mercado. Las clases sociales dominantes en el capitalismo han hecho única esa libertad y han postergado a millones de seres humanos a las condiciones más precarias de su existencia. Condiciones que se heredan y se acrecientan para condenar sin el ejercicio de sus capacidades reales y potenciales a esas millones de personas. Mientras el capitalismo sea lo que es se puede establecer los límites mencionados a través de la regulación y en el campo social a través de combinaciones del accionar del Estado y el mercado.

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