octubre 30, 2020

Nos parte el corazón Colombia

por: Andoni Baserrigorri *

Es necesario que pasen varias semanas para que uno pueda hablar con cierta ecuanimidad sobre Colombia. Cierta ecuanimidad y cierta claridad de ideas. Y la visión de un conmovedor documental en la televisión, para poder poner en negro sobre blanco ciertas ideas.

El imperialismo ya hace varios años que decidió que Colombia era su “Israel” en el cono sur sudamericano. Una especie de enorme portaaviones con el cual poder agredir cuando le conviniese a Venezuela, Ecuador, o cualquier otro país que considerase oportuno. En ese empeño, los Estados Unidos no van a reparar en gastos ni en vidas humanas y su trayectoria nos hace vislumbrar que cuando estos toman una decisión de tal calibre pasan si hace falta por encima no de uno, sino de un millón de muertos, si hace falta.

Para ello, ya hace tiempo que decidió que con las guerrillas colombianas no se discutía de nada, se las combatía, aniquilaba y punto. Ese es su única propuesta. Y a fe que lo han hecho.

El M-19 hace más de 20 años optó por bajar de la montaña y hacer política institucional, pero eso no bastó para que la militancia de la guerrilla, transformada en partido política fuese aniquilada casi de uno en uno y de una en una.

Unión Patriótica no corrió mejor suerte. Con la militancia diezmada por los escuadrones de la muerte, se ha hecho inviable participar en política para una opción que se movía en parámetros únicamente políticos. Y no solo ellos, son miles y miles los sindicalistas, educadores sociales, religiosos, o activistas por los derechos humanos que han pasado uno a uno a cuchillo y dejados en las tristemente famosas fosas comunes colombianas. No hace tanto que se descubrió la mayor de América Latina, y el tribunal internacional de la Haya sigue mirando hacia otro lado, como si en la tierra colombiana, no hubiese pasado nada en los últimos 20 años.

En los años 80 gobernaban partidos conservadores que callaban o jaleaban a los escuadrones de la muerte o a los grupos narcotraficantes, que tenían innegables vínculos con el poder político. Hoy 30 años después, gobiernan directamente los escuadrones de la muerte. El escenario colombiano ha ido a peor y asemejándose cada vez mas a esa sueño-delirio de los fascismo de ayer, hoy y siempre.

Tanto se parece Colombia a Israel, que la política de asesinatos selectivos se imponen también y si Israel asesina a los dirigentes de la resistencia palestina ante el silencio del mundo, el gobierno de Colombia hace lo propio con la gente que está en la resistencia colombiana.

Nada parece valer la vida en el entrañable país latinoamericano. El documental que antes se citaba narraba como la esperanza de vida en los barrios de Medellín y Bogotá era en extremo baja, debido a la actividad delictiva de los grupos de narcos. Uno nace, vive 20 años o menos y muere en alguna balacera por el control del barrio o del trafico de drogas.

Pero hasta ahora no he dado ni un solo dato que no lo sepa la generalidad de la gente que se preocupa por la política y que ama Latinoamérica, gentes que hemos tenido la suerte de conocer el hermano continente. Dirigentes políticos de Venezuela, Cuba o Ecuador conocen de primera mano estos datos y aun así, hacen llamados a la guerrilla a cesar en su accionar armado, accionar que guste o no, o se tenga la postura que se tenga sobre la lucha armada es de ley reconocer, que está cargado de razones. Hoy día en Colombia, irse al monte es una salida, pues no irse puede suponer la muerte inminente a manos de alguna grupo narco o paramilitar.

Y no solo conocen estos datos, es que además, deslegitiman a los grupos insurgentes y si capturan a alguno de sus miembros no dudan en entregarlos e las autoridades narco-fascistas colombianas.

Lo más triste de la realidad de Colombia es que hay la impresión que sus amigos o quienes pensábamos que eran sus amigos les han abandonado a su suerte. Y que sabiendo que van a ser asesinados les entregan al asesino. No hablamos de política y de valores como el internacionalismo, hablamos de vidas humanas que son entregadas al matarife, y eso es grave que hagan gobiernos revolucionarios.

No se trata de golpear dialécticamente ni a Cuba ni a Venezuela ni a nadie, todos sabemos de la importancia estratégica de esos países, pero si se trata de criticar actitudes que no deberían darse, si quiera por solidaridad y humanidad.

El imperialismo no va a parar hasta que considere que ha logrado sus objetivos, es su naturaleza y se equivoca Cuba y Venezuela si piensa que entregando Colombia la fiera va a parar, después querrá más. Desde Euskal Herria, es fácil hablar sin estar en la piel de esos países pero si que les propongo, desde mi humildísimo teclado de ordenador un reflexión al respecto. Colombia duela, pero más duele dejarles tirados a su suerte.

*     Militante internacionalista vasco (Euskal Herria).

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