octubre 23, 2020

Teoponte, a 41 años

por: Osvaldo “Chato” Peredo *

En Teoponte estuvieron quienes consideraban que había que hacer lo que la historia exigía, aunque en el intento se entregue la vida.

El esfuerzo invertido en la gran aventura de cambiar la sociedad y la vida misma, en la que muchos la entregaron sin retaceos y sin reclamar nada a nadie, parecía tener un corolario oscuro. Teoponte es el símbolo de una generación que dio todo por nada. Por eso mismo fue el blanco de ataques de quienes entendían la política como un continuo ejercicio mental, laboratorio de ideas más o menos brillantes; de pragmáticos que concebían la política como permanente toma y saca de territorios ganados o perdidos en negociaciones partidarias; de historiadores que, hasta ahora, simplifican las motivaciones que acompañaron esa entrega e ignoran, consciente o inconscientemente, los resultados de tan solo tres meses de intensa lucha guerrillera en las montañas y pocos pero intensos años de enfrentamientos en las ciudades, en los campamentos mineros, en comunidades rurales de Bolivia y en diversos escenarios de nuestra América.

Se ignora, o se quiere ignorar por ejemplo, que uno de los instrumentos más poderosos y nefastos contra el movimiento popular en Bolivia a la sazón, era el Pacto Militar Campesino y que por el influjo de la guerrilla de Teoponte, se formó el primer sindicato independiente de campesinos en Caranavi (zona guerrillera), rompiendo el Pacto de marras y declarando a los guerrilleros caídos en Teoponte “héroes de la Liberación Nacional”. Ese sindicato independiente fue el precedente de la actual Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB).

Conectado a esto se soslaya el rol de los combatientes campesinos-indígenas en la estructura de mando político militar de la columna. Se muestra a la guerrilla de Teoponte como un intento de románticos estudiantes. Y es muy cierto que la participación de dirigentes estudiantiles era mayoritaria y esto le da más mérito por el profundo contenido de su entrega: no solo era la decisión de dar la vida, sino el reconocimiento de hecho, no formal, del liderazgo indígena en un proceso revolucionario en Bolivia y la humildad con que se asumía ese hecho. SÍ, hay que decirlo con mayúscula, en eso había romanticismo, sentimiento, valores ponderables y no vergonzantes.

Estos hechos indudablemente están asociados al ejemplo de la Revolución Cubana, a la presencia gigante del Che Guevara, que rompieron los diques de contención de la teoría y de la práctica revolucionarias.

Después dos generaciones fueron producto del oscurantismo bajo el modelo conductual del divorcio entre los hechos y las ideas que deberían responder a esos hechos.

Luego eventos históricos se asociaron para ayudar al vaciamiento de la espiritualidad o mística de lucha: el fracaso del “socialismo real” con la caída del muro de Berlín; la altisonante proclama del “fin de las ideologías”; el triunfalismo del esquema neoliberal que daría las soluciones por la vía capitalista; la propuesta dulzona de otra variante en el menú de ofertas capitalistas llamada “tercera vía”; el pragmatismo socialdemócrata de triste memoria en América Latina y que aquí tuvo “estelar” actuación con el MIR. Todas ellas, sin embargo, eran la acción contestataria, preventiva dirían algunos, a la emergencia guerrillera en nuestra región.

Paralizados ante la magnitud de la ola adversa muchos revolucionarios cayeron en la tentación de transar con el verdugo, aceptar las reglas del juego, impuestas primero, para luego ser los postuladores. Así surgió una democracia convertida en camisa de fuerza donde aparentemente no quedaba otra salida que elegir el mal menor.

Hasta hace poco la humanidad en general y nuestra América en particular transitó nuevos y viejos caminos. Al derrumbe del socialismo soviético de Europa Oriental le acompañaron transformaciones en todos los campos. ¡La historia toma sus propios rumbos!

Hoy los pueblos del mundo encausan su sentimiento por la urgencia de salvar la vida. Aún en los países de Europa, EE.UU., Japón, emergen los movimientos civiles, sociales, al margen de los partidos políticos, o gracias a la incapacidad de éstos, por un objetivo claro: sobrevivir.

Están demostrando el carácter depredador del sistema neoliberal y es una lucha que conlleva la responsabilidad por todo el planeta. Se está demostrando que la contradicción fundamental es entre la cultura de la vida y la depredación neoliberal. Supera a esa otra entre el capitalismo y el socialismo y le inyecta una nueva esencia.

Y ¿qué tiene que ver todo lo actual con Teoponte?. Pues ya entonces en nuestra proclama “Volvimos a las montañas” decíamos “…los firmantes de este documento han militado en diferentes tiendas políticas, han experimentado la inercia de esas formas partidistas inadecuadas para las necesidades de la revolución…” Luego agregábamos:“las actuales necesidades prescinden de los métodos y formas de los partidos tradicionales…”

¡La historia toma sus propios rumbos! Con frecuencia se repite en otros contextos pero de manera testaruda. Y se repite porque existen los precedentes, porque estuvieron quienes consideraban que había que hacer lo que la historia exigía, aunque en el intento se entregue la vida. Sesenta y siete guerrilleros de la columna de Teoponte, un millar de compañeros en armas en las minas, en La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Oruro, en las zonas rurales de Alto Beni, del Chapare, del Norte cruceño, solitarios combatientes en ranchos y comunidades, fueron y son la moral presente de la historia y de esta epopeya que, como decía el CHE “la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados … las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestra América”

Por eso podemos decir, sin pretensiones de ningún orden, que al cabo de 44 años de Ñancahuazú, de 41 años de Teoponte, los surcos que abrió la guerrilla en Bolivia y en América tienen marca indeleble en los actuales procesos. Pregunten a la presidente de Brasil, de Argentina, del Uruguay, de Nicaragua. Más aún, pregunten a los pueblos de nuestra Patria Grande, recomendación pertinente para algunos desdeñosos historiadores que solo leen crónicas periodísticas de la época.

*     Fue el que estuvo al frente de la columna guerrillera de Teoponte.

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