octubre 31, 2020

Demasiado por rectificar, bastante para alegrarse y mucho por construir

Este 6 de agosto, Bolivia ha cumplido 186 de vida. De todo este tiempo, 184 años se han desarrollado en un contexto monocivilizatorio y monocultural que excluyó a la amplia mayoría indígena campesina y que trató, mediante el mito de la modernidad, de construir infructuosamente una república parecida a la de los países “desarrollados”. Los otros dos años se están desarrollando en medio de un proceso de cambio que apuesta a lo plurinacional como el “nuevo sentido común” de las distintas maneras en que se expresa la realidad.

Un dato adicional. De los 186 años, le corresponde a un gobierno, de Evo Morales, ser el que clausure, al menos formalmente, aquella Bolivia colonial por el predominio de la blanquitud (como concepto político-ideológico y no antropológico) e inaugure la Bolivia plural, diversa, en la cual la indianitud se alza orgullosa y digna. El primer presidente indígena se hizo cargo de ese viejo estado entre enero de 2006 y enero de 2009, cuando se aprobó la nueva Constitución Política del Estado, para luego continuar al mando del nuevo estado en proceso de edificación, no sin antes volver a triunfar en las elecciones de diciembre de 2009 por un 64%.

Entonces, todo lo que se hizo en los últimos cinco años es de responsabilidad, en gran parte, del gobierno de Evo Morales, y de su particular relación con los movimientos sociales, sin cuya estratégica y protagónica intervención en la política desde principios del siglo XXI no hubiese sido posible obtener los logros y las conquistas. Ahí está el origen de la fortaleza del proceso actual y de los más grandes golpes al neoliberalismo.

Pero también están sus limitaciones. La falta de un nuevo “sentido común”, sobre todo después de las elecciones de diciembre de 2009, está determinando una relación de correspondencia no armoniosaentre un gobierno que ha surgido de la lucha de los movimientos sociales y que para continuar siendo tal requiere de una constante movilización, en las condiciones actuales, de esos actores político-sociales. Eso no está sucediendo desde enero de 2010 y en lo que va del año es el gran ausente.

Dos años de construcción de la plurinacionalidad no es nada. Todo lo contrario, es demasiado poco para apreciar la obra fina. Sin embargo, también en ese par de años es posible apreciar los ajustes que se necesitan para afinar la forma política de la nueva sociedad que se pretende organizar. Se están cometiendo errores y es bueno que eso ocurra por su efecto pedagógico, para hacer mejor las cosas en adelante.

Y será el debate sin complejos en y con el pueblo lo que debe ayudar a rectificar los errores cometidos, pero sobre todo para lograr la construcción de un “nuevo sentido común” que organice, articule y movilice al sujeto histórico del cambio, cuya vida, como paradoja, depende de su permanente movimiento y lucha constante.

Han pasado dos años desde que Bolivia se declaró plurinacional, autonómica y con perspectiva social-comunitaria, a manera de resumir el artículo primero de la CPE. Hay mucho para valorar como positivo, otro tanto para resaltar como negativo, pero sobre todo bastante para apreciar los nuevos desafíos.

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