octubre 27, 2020

Tarija y construcción del andamiaje autonómico

La lucha por apropiarse de la reivindicación autonómica se constituye en la batalla ideológica más importante en esta etapa, en el sur boliviano, porque implica la posibilidad de que los actores le doten de un contenido acorde a sus intereses y sobre esa base, se encaramen a largo plazo en la preferencia de los sectores populares.

“Siéntate en la puerta de tu casa y espera a ver pasar el cadáver de tu enemigo”. Pareciera ser que la oposición política en Tarija ha hecho suya esa vieja frase oriental. Y es que en realidad sus actuaciones en los últimos meses han sido escasas; de vez en cuando sale uno de sus voceros para deslegitimar lo que hace en el momento la gobernación, pero la mayor parte de las veces se agazapa esperando a que sean las contradicciones internas del MAS y sus aliados, las que desgasten el actual esquema de gobierno y legitimen su retorno a los mecanismos de poder departamental.

Sin embargo, la escasez no significa necesariamente impertinencia y es que los allegados al anterior esquema han mostrado habilidad cuando en este primer semestre del año se disputaron espacios de relevancia para la gobernabilidad. En primera instancia supieron conservar la Presidencia del Comité Pro – intereses de Tarija y luego en la Asamblea Departamental, pudieron arrebatar la presidencia al MAS, para colocarla en manos de un Asambleísta representante de la bancada indígena, la que hasta en ese momento se suponía aliada incondicional del partido de gobierno.

Lo que parecen no entender a veces los actores políticos del “día a día” tarijeño, especialmente los ligados al MAS y los movimientos sociales, es que en esta ocasión la batalla que libran va mucho más allá de los intereses inmediatos. Lo que se disputa no es ni un titular en la prensa, ni la permanencia de X funcionarios en determinados cargos del aparato público, ni siquiera instancias tan importantes como las presidencias del Comité Cívico y la Asamblea Departamental. La batalla consiste en demostrar al conjunto de la sociedad, cual es el actor más calificado para implementar el régimen autonómico en del departamento.

La autonomía es la principal reivindicación presente en la “memoria larga” de Tarija y dado que de una manera u otra, a partir de la promulgación de la Constitución Política del Estado se ha incorporado al andamiaje estatal boliviano, la pregunta ya no es como se conquistará, sino quién tendrá la capacidad para ponerla en funcionamiento. Y dados los altos ingresos que el departamento ha tenido en los últimos años merced a las regalías hidrocarburíferas, ni siquiera el tema económico tiene una gran importancia a ojos de la opinión pública; “si hay plata, no hay pretexto”, es una de las frases que se ha puesto de moda en los círculos de opinión tarijeños.

La lucha por apropiarse de la reivindicación autonómica se constituye en la batalla ideológica más importante en esta etapa, en el sur boliviano, porque implica la posibilidad de que los actores le doten de un contenido acorde a sus intereses y sobre esa base, se encaramen a largo plazo en la preferencia de los sectores populares. Los círculos “cívico – prefecturales” por ejemplo, reivindican un régimen autonómico que pone énfasis en lo departamental y acentúa la contradicción con el gobierno central, mientras que el MAS y sus aliados, hablan de una autonomía donde los espacios regionales e indígenas tienen mayor relevancia, haciendo hincapié en la inclusión social.

No es casual entonces que en las pasadas elecciones departamentales, el principal argumento utilizado por los adversarios del ex – gobernador Cossio, fuera su descalificación como conductor adecuado del régimen autonómico, debido a las acusaciones de corrupción que pesaban sobre él, y no es casual tampoco, que los hoy opositores también descalifiquen a la actual administración tildándola de inoperante e insolvente desde el punto de vista técnico.

No poder implementar el régimen autonómico, no solo significa a los ojos de la opinión pública, fracasar en la implementación de la principal reivindicación regional, sino también en los hechos, no poder mejorar la calidad de vida de la población sobre la base de unos recursos que merced al volumen de las regalías, se suponen más que suficientes para lograr el cometido. Por eso es que el término “capacidad de gestión” se ha puesto de moda en Tarija y por eso también es que el “porcentaje de ejecución” ha adquirido tanta importancia.

Uno de los efectos implícitos de la implementación del régimen autonómico, ha sido el del desplazamiento del foco de atención de los actores nacionales, a los actores regionales. Hasta el inicio del régimen autonómico, uno de los ejes principales de atención de la opinión pública, era la “brigada parlamentaria”. Hoy las luces de los medios se han trasladado a la “Asamblea Regional”. Por supuesto que los “Asambleístas Nacionales” siguen actuando, pero su perfil se ha vuelto muchos más “político” (entendiendo en este caso la política, como una expresión de actividades partidarias, ligadas de manera más estrecha al panorama nacional). Es a los Asambleístas departamentales a quienes se les exige cuentas respecto a los asuntos departamentales, los que están ligados de manera más cercana a la vida cotidiana de la gente.

Gobernación y Asamblea Departamental, se convierten entonces en una vitrina en la que se exhiben las acciones que se toman en la implementación del régimen autonómico y por tanto, se juzga su pertinencia.

Se trata de una batalla regional, pero conectada a los principales vértices de la escena nacional. La Tarija de hoy, ya no es la zona de “frontera “de hace treinta o cuarenta años. Los reservorios de gas que se encuentran en su territorio han aumentado su importancia geopolítica en el contexto nacional. Sin embargo, su importancia para la política y la institucionalidad bolivianas no radica solo en ese factor. En Tarija de una u otra manera se probará el funcionamiento de varios de los mecanismos de gobierno emergentes de la última Constitución; uno de ellos, el principal por ser el único en implementarse en este momento en el país, es el concerniente a la Autonomía Regional y con él se juzgará la posibilidad de que los otros regímenes autonómicos; el departamental, el municipal y el indígena, puedan coexistir de manera conjunta, contribuyendo de manera efectiva a ese todo global que es la gobernabilidad estatal.

La lucha por apropiarse de la reivindicación autonómica, significa para unos el tener que hacer funcionar de manera efectiva el complejo andamiaje que pueda materializarla y volverla realidad en el día a día de los ciudadanos de a píe. Para los otros significa el desmontarlo, para volver a tomar el control de los mecanismos de poder y diseñar otro a su medida.

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