octubre 22, 2020

Primer semestre: desconcierto y retos

La era esta pariendo un corazón,

no puede más, se muere de dolor,

y hay que acudir corriendo

pues se cae el porvenir…

 

Silvio Rodríguez

¿Qué balance se hace desde los movimientos sociales de tierras bajas sobre la gestión gubernamental enero-junio 2011? Para responder esta pregunta preferí formulársela directamente a distintos miembros de organizaciones populares, de diferente origen y perfil, con los que sostuve diálogos individuales. La característica común de esas personas es su militancia en luchas emancipatorias desde el ámbito rural, de jóvenes, urbano, de mujeres e indígena. No es una muestra científica, pero revela tendencias sugestivas.

Hay considerables coincidencias en una afirmación: luego de la crisis provocada por el Decreto 748 el gobierno parece haber ingresado en una especie de ralentización con respecto al proyecto de revolución democrática y cultural. Como es sabido, el gasolinazofuncionó no solamente como posible medida para remediar ciertos desequilibrios macroeconómicos sino que exhibió bruscamente varias facetas típicas de los hábitos políticos neoliberales. En este mismo semanario expresamos a fines del año pasado que se trataba de un punto muy visible de quiebre, no tanto porque produjera remezones irreparables, sino porque exteriorizaba las cosas “como son en verdad”, al decir de Zavaleta. No es casual que un documento del Pacto de Unidad emitido en junio de 2011 caracterice la etapa actual como “compleja y difícil”, subrayando la “crisis del proceso…los obstáculos y resistencias al cambio…las desviaciones y errores políticos…la usurpación por parte de los funcionarios del papel de los movimientos sociales…la dominación de un bloque nacionalista en el gobierno, que no quiere destruir al Estado-Nación…” 1.

Se trata del período de tránsito que transcurre desde la etapa de promesas y expectativas que ilusionaron a la población, a la de las dificultades de aplicación concreta de una Constitución que expresa aquellas con extraordinaria densidad simbólica. Cabría agregar que este esfuerzo se hace desde un aparato estatal que sigue funcionando con los mismos (o muy parecidos) mecanismos y arquitecturas tradicionales, devorando funcionarios de todo nivel e imponiendo lógicas de arraigado contenido burocrático-colonial, a lo que se suma la instalación de camarillas con intereses mezquinos, dirigentes sociales que terminan siendo funcionales al gobierno, etc.

Las personas consultadas indican que si bien hay una situación inédita de estabilidad en las finanzas nacionales, la estructura económica sigue en las mismas manos, con el agravante de que no se conoce con precisión la agenda gubernamental en ese ámbito.

Esto último se relaciona con otro aspecto notablemente enfatizado: el de la ausencia de estrategias de comunicación, o por lo menos de explicación coherente, comprensible y sistemática (que es un modo básico de pedagogía y formación política masiva). La falta de espacios deliberativos regulares y formales para canalizar el diálogo, así como cierta inclinación gubernamental a considerar las contradicciones al interior del movimiento popular como si fueran antagónicas.

Se subraya además el debilitamiento del trabajo político en sectores estratégicos como juventudes, universidades, pueblos indígenas, intelectuales, profesionales, e incluso barrios de la inmensa ciudad de Santa Cruz (donde se mantiene en general la hegemonía de una derecha ducha en mecanismos de manipulación y cooptación vecinal). Deterioro paradójico, si tomamos en cuenta que dicha labor sí se realizó en tiempos mucho más difíciles, cuando operaban abierta e impunemente los grupos de choque articulados en torno a la Unión Juvenil Cruceñista, con generoso respaldo mediático y financiero, pero sorprendente también porque los movimientos populares de tierras bajas se constituyeron en pieza fundamental tanto en la resistencia al proyecto racista y señorial como en la derrota al plan secesionista.

¿Se trata acaso del progresivo arribo a los marcos de lo que Gramsci describía como “revolución pasiva” o “revolución-restauración”, en la cual se va despojando de radicalidad a las demandas populares? ¿O, como afirmaba gráficamente, la etapa en la que el poder intenta “meterse en el bolsillo” las iniciativas de los grupos subalternos para neutralizarlos? 2 Sobre esta cuestión, un autor contemporáneo sostiene que en la revolución pasiva “las demandas no son internalizadas en el sistema tal y como son formuladas por los grupos dominados”. Por el contrario, sufren un triple proceso: negación-desvalorización-utopización (se las tacha de irrealizables). Lo que queda de esas demandas, su remanente, es “parcialmente considerado e incluido…lo cual genera consenso sin dar poder político” 3. En otras palabras, el gobierno de los movimientos sociales se transmuta en gobierno para dichos movimientos, que sin duda son tomados en cuenta como nunca antes en la historia nacional, pero que a la vez experimentan un tipo de participación sin poder de decisión, constreñidos por “los ámbitos de dominio de los poderes instituidos del capital y de la burocracia que lo acompaña y recicla” 4.

Ninguna revolución está garantizada. Esta fase de transición o de crisis orgánica puede prolongarse durante años hasta agonizar. Si, como todo parece indicar, una parte del aparato de gobierno está enfrentando límites cada vez más rígidos respecto a las expectativas de los movimientos populares, también son estos los que confrontan la disyuntiva de las estrategias a seguir. Por el momento, se advierte en los últimos un cierto estupor ante rumbos y tendencias inesperadas o difíciles de imaginar hace apenas unos años. Por otra parte, y simultáneamente, no pocos de esos movimientos han sido testigos del extrañamiento de algunos de sus propios dirigentes devenidos en funcionarios ajenos a sus bases, o directamente “tomados por el poder”.

La crisis orgánica exhibe también las tensiones producidas por los conatos de desplazamiento desde la fase de “adquisición popular del sentimiento de autodeterminación”, vital en las luchas de principios del siglo XX, a la de consolidación de una “estructura de autodeterminación”, que no dependerá del respaldo del poder gubernamental ni de carismas personales, sino que se cimentará en la repetición de actos autodeterminativos 5. En todo caso, en varios de los grupos subalternos organizados de tierras bajas crece la percepción y la conciencia de que el proceso de cambio es demasiado importante como para dejarlo exclusivamente en manos del gobierno, y desde esa premisa están leyendo los acontecimientos.

 

1    Acta del Encuentro Nacional del Pacto de Unidad (Cochabamba, 4 y 5 de

       junio de 2011).

2    En A. Gramsci, La política y el Estado moderno.

3    Hegemonía, sujetos y revolución pasiva, Javier Balsa.

4    Isabel Rauber, ¿Opción democrática para transformar la sociedad o “vía electoral” para tomar el poder?

5    Los entrecomillados son sugerentes conceptos de R. Zavaleta.

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