octubre 22, 2020

El TIPNIS y la oportunidad para una nueva articulación

La construcción de una carretera entre Villa Tunari y San Ignacio de Moxos, que ha provocado un desencuentro entre el gobierno y los indígenas del TIPNIS, ha planteado la necesidad de abrir un debate, claro y abierto, para evitar la apelación silenciosa del pasado y con el único propósito de ir resolviendo la aplicación de la Constitución Política del Estado a partir de la realidad concreta.

La construcción de una carretera entre Villa Tunari y San Ignacio de Moxos, que ha provocado un desencuentro entre el gobierno y los indígenas del TIPNIS, ha planteado la necesidad de abrir un debate, claro y abierto, para evitar la apelación silenciosa del pasado y con el único propósito de ir resolviendo la aplicación de la Constitución Política del Estado a partir de la realidad concreta.

Este debate no implica poner en discusión los derechos de los pueblos indígenas consagrados en la CPE, reconocidos por las Naciones Unidas y promovidos y defendidos por gobierno, particularmente por el presidente Evo Morales, en cuanto foro nacional e internacional se ha tenido la oportunidad de hacerlo. Eso no tiene objeción y solo una intencionalidad política de sectores de la oposición, con claros objetivos políticos, puede explicar la puesta en marcha de una campaña mediática para construir en el imaginario colectivo la idea de un gobierno anti-indígena.

No hay un gobierno que ha pensado y actuado, a veces en demasía, en función de los pueblos y naciones originarias. La mayor parte de sus políticas públicas tienen ese sello y su preferencia por los que nunca contaron para los de antes le ha valido campañas de desprestigio y conspiración.

Lo que se debe reflexionar con seriedad es dónde y de qué manera se articulan los derechos de los pueblos indígenas con los otros derechos que consagra la Constitución y para cuya materialización -como el derecho a la salud, la educación, el trabajo y otros- se requiere de recursos de financiación cuya generación pasa, entre otros, por el aprovechamiento de los recursos naturales, renovables o no. Es verdad que el país, al igual que América Latina, necesita salir de su condición de productor de materias primas, generalmente vinculadas a la industria extractivista, pero cambiar el patrón de acumulación no se hace en pocos años.

Pero esto no implica no aprovechar racionalmente el gas, el petróleo y los minerales que tenemos en nuestro territorio, ya sea por la vía de su industrialización -una tarea todavía pendiente- o mediante la orientación del capital generado por este tipo de industria hacia el impulso y consolidación de las distintas lógicas productivas comunitarias no extractivistas que se necesitan para organizar la economía de una manera distinta a la determinada por el capital.

El impasse entre el gobierno y un sector de los indígenas de las tierras bajas no es malo. Es más bien una gran oportunidad para construir una nueva agenda articuladora entre el gobierno y aquella parte de la sociedad civil que también apuesta a una Bolivia con igualdad de derechos y oportunidades para todos.

A lo que hay que cerrarle el paso es a los sectores de derecha que buscan aprovechar cualquier oportunidad para destruir lo que se está construyendo. Y también habrá que poner el descubierto a los dirigentes que se prestan, deliberadamente o no, a los intereses de una derecha, nacional e internacional, que se coloca hoy una careta indígena para ocultar su histórica práctica racista y excluyente, con el único fin de afectar la imagen de proceso y desgastar a un gobierno de profundos contenidos anticoloniales y antiimperialistas.

Be the first to comment

Deja un comentario