octubre 25, 2020

El tarot y los procesos creativos

por: Pilar Uriona Crespo

Cuando en 2004, Alejandro Jodorowsky publicaba, junto a Marianne Costa, La vía del tarot, ambos consideraban que los arcanos mayores y menores que lo componen no son sólo herramientas al servicio del desarrollo psicológico, sino también un puente que vincula razón e intuición.

Más de treinta años antes, el escritor Italo Calvino intentaba atravesar ese puente comenzando a experimentar con el tarot en sus diversas versiones para así acceder a otros recursos que innovaran la esfera creativa de la narración literaria.

A este modo de componer historias, a través del cual se buscaba en primera instancia establecer un marco simbólico reconocible, el mismo que, al transmitir una estructura visible y abierta, invitaba a los lectores a emplear el ingenio para casi vivenciar los textos, Calvino lo llamó el método combinatorio.

Así, entre 1969 y 1973, el autor italiano se dedicó de lleno a elaborar una literatura fantástica mediante el uso de dos mazos diferentes del tarot, reconociendo en sus imágenes aspectos del inconsciente colectivo que servirían para establecer, según la secuencia en que las cartas podían colocarse y la interpretación personal de la misma, distintas formas de expresión lúdica que posibilitaba atribuir a cada figura un rol específico en la trama.

Como producto de estas tentativas, Calvino terminó plasmando dos inolvidables relatos cortos: El castillo de los destinos cruzados y La taberna de los destinos cruzados. En ambos, la construcción literaria sólo puede darse bajo un supuesto similar: los personajes que narrarían sus historias carecerían de voz, teniendo sólo a mano para dar a conocer sus aventuras, en el caso del Castillo, las figuras del tarot Visconti y, en el de La taberna, las que corresponden al tarot de Marsella.

De ahí que en cada una de las ediciones que se fueron publicando sucesivamente —y que justamente para expresar del todo las infinitas posibilidades que ofrece la técnica ensayada por Calvino, siempre han recogido ambos textos— las palabras plasmadas van acompañadas de las cartas del tarot de cada baraja. De esta forma, el proceso creativo se transforma en un espacio abierto, que invita a cada lector y lectora a constatar si las interpretaciones ofrecidas por quien escribe son acertadas y lleva a atreverse a observar y analizar las cartas por separado y en conjunto, animándose a probar explicaciones alternativas.

El método combinatorio, por tanto, termina constituyéndose en una especie de ejercicio imaginativo y dialógico (con el autor, con lo que contiene el libro, con los dibujos), que abre la percepción a nuevos lenguajes y que, al hacerlo, termina envolviéndonos en la tarea de intentar componer, recomponer y corregir desde lo que nos dicta el subconsciente ante cada historia ofrecida. Con ello nos transformamos en coautores y artistas, en creadores de sueños.

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