octubre 25, 2020

Les Luthiers en su aniversario

por: Pilar Uriona Crespo

Cuarenta y cuatro años de carrera en cualquier ámbito no puede menos que vivirse como un acontecimiento. Más aún en el campo artístico, dentro del cual innovar es la palabra clave, aún más si se tiene en cuenta que mantener a flote la capacidad inventiva y la inspiración es y ha sido un desafío latente.

En algunos campos —así como en algunos momentos— los procesos creativos se dan de manera fácil y amable; en otros, hacerlos surgir, imaginar sus secuencias y plasmarlos como un conjunto complejo trae consigo un sinnúmero de esfuerzos y desencantos. Con todo, para quienes el arte no es tan sólo un elemento más en su existencia sino la vida misma, enfrentar las frustraciones y superarlas constituye un ejercicio riguroso y necesario gracias al cual se evita caer en la monotonía, la imitación vulgar y la poca originalidad.

Y en dicho ejercicio estuvieron involucrados los artistas argentinos Gerardo Masana, Marcos Mundstock, Jorge Maronna y Daniel Rabinovich desde que, en 1967, justamente un 4 de septiembre, se separaron del conjunto I Musicisti para constituir Les Luthiers, la mítica y ocurrente agrupación humorística a la que posteriormente se unieron tres integrantes más: Carlos López Puccio, Carlos Núñez Cortés y Ernesto Acher.

Cada uno de estos hombres, desde su excepcional singularidad, comprendió que la gracia y el talento del que eran dueños requerían enmarcarse en un proyecto colectivo, cuyo norte o hilo de Ariadna del cual fiarse para no quedar a la deriva debía ser la música. Ésta, unida a la representación escénica, posee la ductilidad y la fuerza necesarias para generar una metamorfosis constante, que ha hecho de cada espectáculo de Les Luthiers una joya teatral acabada e inimitable. De este modo, la sátira y el humor negro que impregnaban obras típicas de café concerts como Opus PiTeatro Colón o que llegaban a marcar los diálogos del único programa televisivo en el cual Les Luthiers participaron, Todos somos mala gente, se han constituido en una especie de marca registrada.

Y es que pese a la muerte de su fundador Gerardo Masana y al alejamiento inexplicable de Ernesto Acher, Les Luthiers no dejan nunca de ser noticia. Quizá porque su oficio requiere de todo el ingenio posible que facilita que el humor, además de un efecto catártico, tenga también la capacidad de cuestionar, generar polémica y trasponer límites.

Para este año, Les Luthiers fueron postulados al Premio Príncipe de Asturias para las Artes. Si bien luego de casi un siglo de carrera no se les concedió este galardón (se lo llevó Riccardo Muti, otro virtuoso de la música), ellos han sabido llevar adelante el título concedido por la ciudad de Buenos Aires que los declara ciudadanos ilustres en 2007. Reconocimiento que, junto con otros acumulados a lo largo de los años, han inspirado la elaboración de la antología denominada Chist, la cual recuerda no sólo los orígenes de Les Luthiers sino que termina destacando la agudeza acumulada a lo largo de este periodo histórico, en el cual el grupo ha demostrado que la excelencia es algo que se celebra, se comparte y no debe dejar de saborearse.

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