octubre 27, 2020

Pensando los feminismos en Bolivia: Las Jornadas de Octubre

A lo largo de las próximas semanas, Diversidades quiere dar a conocer a las lectoras y lectores de La Época los temas que articularán las discusiones conjuntas que se llevarán a cabo en la primera semana de octubre en cinco departamentos (La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Sucre y Tarija) con la realización de las Jornadas “Pensando los feminismos en Bolivia”, iniciativa impulsada y organizada desde inicios de este año por Conexión Fondo de Emancipación que, en coordinación con sus contrapartes institucionales locales, trabaja para obtener cambios efectivos en las relaciones de poder de género sobre la base del empoderamiento económico, social y político de las mujeres y de las personas con distinta orientación sexual.

El objetivo de las Jornadas es retomar viejos debates —para resignificarlos a la luz de nuevas reflexiones— que, a partir de los años 70 hasta el presente, posibilitaron la aparición e instalación en Latinoamérica y en Bolivia de los feminismos como instrumentos de teoría crítica, de movilización, lucha y de acción transgresora o vindicativa, en palabras de Celia Amorós. Todos ellos fueron replanteando sus horizontes analíticos y de posicionamiento, considerando el vínculo que une justicia social, diferencia sexual, de clase, étnica y la libertad de opción sexual como formas de expresión de las diversidades.

Si en el actual contexto plurinacional e internacional la política de las identidades y el reconocimiento han cobrado relieve y han servido para criticar la imposición de universalismos y de una visión del mundo monolítica, el mayor reto que se encara es la construcción de una forma de poder colectivamente pactada, participativa y horizontal.

En este marco, redefinir las especificidades y los quehaceres de los feminismos es central debido a que con ello se coadyuva al posicionamiento de las historias distintas de las que cada uno emerge y de las posibilidades de politizarse, alimentando las demandas reivindicatorias sociales y políticas actuales, siendo a la vez importante incluir en ese itinerario los lineamientos y posicionamientos de las luchas de otros sujetos sociales que, al igual que los feministas, se niegan a hacer de la opresión en todas sus manifestaciones una moneda de cambio, como sucede en el caso de los movimientos TLGB y Queer, pues éstos, como bien señala Lohana Berkins, también son productores de historia y tienen ricos aprendizajes que compartir.

Por qué las Jornadas

En los últimos tiempos, las corrientes intelectuales y activistas interpeladoras de las expresiones con que se legitima una política excluyente, han experimentado la necesidad de examinar el norte que guía sus planteamientos, para así deconstruirlo y volverlo a armar, demarcando territorios propios, estableciendo puntos de tensión con otras luchas y enfrentando sus propias contradicciones y controversias. Estas nacen al constatar que la secuencia de prácticas que proponen muchas veces no responden de manera coherente a los contenidos discursivos de la tendencia ideológica y/o teórica que las antecede pues terminan ajustándose a reglas de juego político que diluyen, deforman y funcionalizan la batalla contra la desigualdad, terminando por reproducirla al adoptar consciente o inconscientemente sus modelos, mecanismos y mandatos.

Así, promover un conjunto de diálogos que apunten a superar los límites de la auto-referencia, a examinar los propios discursos, las posiciones, las experiencias y rutinas políticas y sociales es una manera de contribuir a desmantelar aquellas formas de vinculación social que instalan y enraízan en los imaginarios individuales y colectivos la subordinación, la discriminación y la marginalidad como hechos dados e incuestionables. Paralelamente, tales debates impulsan a asumir con compromiso crítico y autocrítico un debate pendiente entre diversidades, recogiendo la contribución de sus voces y vivencias propositivas y la expresión de sus intereses específicos, haciendo de las Jornadas un especial espacio de encuentro.

Pensar como acto político

La implementación de un ámbito de reflexión crítica en torno a las posibilidades y limitaciones del proceso de cambio desde la visión de las diversas expresiones identitarias de los movimientos feministas, de mujeres y de los colectivos TLGB que conviven en Bolivia obliga entonces a pensar la actual coyuntura desde lo retrospectivo; es decir, apelando a la reconstrucción de las diferentes tácticas y estrategias empleadas en la conquista de los derechos específicos de las mujeres y de los colectivos TLGB para la profundización de la democracia. Pero también empuja e invita a intentar un ejercicio proyectivo, aquel que escarba en la interrogante de si es viable o no entablar debates entre corrientes de pensamiento agónicas y antagónicas y así encontrar mínimos comunes que enlacen las reivindicaciones que plantean unas y otras diferencias.

La voluntad de sumarse a esta experiencia expresada por las y los panelistas invitados —nacionales e internacionales, desde su adscripción particular de lucha— hace suponer que sí. Sobre todo, porque la tradición e historia en la que han forjado sus planteamientos discursivos se nutren de las mismas categorías analíticas que sirven para evidenciar la desigualdad —léase las variables “sexo”, “género” y “patriarcado”— y reconocen que, al entrar la diversidad en escena, estos niveles analíticos se complejizan y problematizan aún más cuando se entrecruzan con otros conceptos como clase, etnia y opción sexual.

Conforme vayan cobrando cuerpo los talleres y los paneles que componen las Jornadas sabremos la respuesta real. Mientras tanto, partimos por insistir en que los hilos que deben desenhebrarse para guiar la reflexión conjunta son la necesidad de conocer y de actualizar las experiencias, perspectivas y contextos de lucha feministas y por la diversidad sexual que tienen a Bolivia como escenario de desarrollo; el intercambio de horizontes emancipatorios, objetivos y estrategias de lucha y la recuperación de discursos, narrativas y conceptos críticos centrados en la diferencia, los feminismos y las diversidades étnicas y sexuales.

Sin embargo, nada de lo anterior tendría sentido si no se renuncia genuinamente a la siempre presente tentación de imponer unas voces sobre otras calificándolas o autocalificándose como más autorizadas que otras. Sólo así se generarán los puentes que facilitan un “pensar conjunto”, que no deja de retroalimentarse, auto-cuestionarse y afirmarse. De esta forma, “pensar” (en este caso, los feminismos) se transforma en un acto político legítimo. Sobre todo porque reexamina las raíces de la opresión vinculándolas visiblemente con nuestras experiencias y prácticas cotidianas y las interpreta bajo esa luz.

De historias y matices

Problematizar concepciones, desmenuzarlas, re-significarlas e interpretarlas teniendo presente de que estas acciones son un modo de resistencia frente a la imposición de jerarquías y un mecanismo para consolidar el ejercicio pleno de los derechos sexuales y reproductivos, políticos, culturales, económicos y sociales conduce a reafirmar la idea de que la heterogeneidad es una característica que también se instala en el campo de las reflexiones feministas. Abordar dicha heterogeneidad implicará poner en la mesa de discusión los distintos aportes, límites e incoherencias al interior de cada feminismo y en interrelación con los otros y con las demandas TLGB y Queer, para así poder trazar también sus futuros desafíos.

Considerando la multiplicidad de historias de lucha y sus matices particulares, las Jornadas intentan explorar sus trayectorias, sabiendo y teniendo presente que en la tarea siempre quedará tela por cortar. Sobre todo porque cada una de esas historias constituye un mundo complejo que conjuga vivencias compartidas, rupturas discursivas, cuestionamientos y auto-cuestionamientos, estrategias de denuncia, reformulación de objetivos y propuestas de cambio.

No siempre se puede conocer todo el mundo: los límites temporales no lo permiten. Pero sí se puede trazar algunos mapas e imágenes referenciales que nos den una idea del mismo. Y al proponernos recorrer en cinco días los territorios de las diversidades, las Jornadas aspiran a visibilizar en este panorama, sin pretender ser exhaustivas, los cimientos sobre los que en Bolivia se han ido construyendo feminismos como el autónomo, el de color e indígena (si es que existe) y el institucional y movimientos como los TLGB y Queer, preguntándose sobre sus impactos en la reconfiguración de otras formas de relaciones sociales.

Los temas para el debate

Llevar a cabo cualquier reflexión colectiva exige imaginar los ejes centrales y los elementos de apoyo que permitan estructurar el ámbito de los intercambios. En otras palabras, supone “rayar la cancha” definiendo temas globales y subtemas que exponer, argumentar, contradecir, replicar y polemizar.

En tanto espacio dialógico, las Jornadas “Pensando los feminismos en Bolivia” ha requerido implementar este ejercicio, presentando como puntos cardinales que orientan la discusión: i) el examen de los feminismos autónomos considerando el concepto de radicalidad, la tensión entre las categorías patriarcado-género, las estrategias de repolitización del cuerpo como espacio primario de ejercicio de libertades y los razonamientos que surgen cuando se piensa las condiciones de autonomía en función de la idea de poder; ii) la transformación en hecho político de las diferencias étnica y de clase aportado desde el feminismo de color y su impacto en la desarticulación de una colonialidad de género que reproduce marginalidad y opresiones múltiples y que obliga a preguntarse si en Bolivia existe en efecto un feminismo indígena; iii) la forma en que surgen e irrumpen en lo público mediante el arte y la trasgresión los múltiples rostros de la diversidad sexual, entre otros, el feminismo lésbico y las reivindicaciones TLGB y Queer, que interpelan recurriendo a la representación escénica y a la inversión de la normatividad que los desconoce como sujetos sociales; y iv) el balance que requiere hacerse de los objetivos de lucha y de las estrategias aplicadas por el feminismo institucional que han favorecido una política de la presencia y una agenda articulada en torno a lo que son los derechos humanos de las mujeres, el enfoque de género y el cabildeo en la elaboración y aplicación de leyes y de políticas públicas.

Asimismo, teniendo presentes las coordenadas globales a las que acabamos de referirnos, las Jornadas suscitarán discusiones puntuales en torno a elementos como el género versus el patriarcado; el poder estatal, los derechos políticos y la autonomía de las mujeres; la descolonización y la despatriarcalización; la autodeterminación económica y las políticas de la identidad vinculadas a la imposición de la marginalidad y colonización.

De esta forma, los debates podrán contar con la posibilidad de sacar a relucir lo macro y lo micro que entretejen las raíces de los vínculos políticos, económicos, culturales y sociales que nos configuran como sociedad que intenta auto-reconocerse como plural. En esa línea, discutir el feminismo autónomo coadyuvará a recuperar espacios de debate extra-estatales, a repolitizar las subjetividades diversas y a analizar como horizonte emancipatorio la no negociación con estructuras de poder patriarcales o aspirar a ocupar espacios institucionales que las reflejan.

Pero si para las autónomas reubicar la esencia de las problemáticas de exclusión de las mujeres y revalidar sobre todo su diferencia sexual al margen de lo estatal es el modo elegido para ir abriendo un espacio a la multiplicidad de visiones, recuperando el concepto de patriarcado para desplazar al de género (que habría perdido su contenido liberador), es preciso indagar por qué surgen corrientes feministas como las de la igualdad y la institucionalidad que, al evaluar las bases de la existencia de un sistema patriarcal, privilengian más bien como categoría de problematización el “género” y aplican como estrategia no estar al margen de las dinámicas políticas ni ceder espacios institucionales de toma de decisión en manos de los hombres, denunciando las prácticas discriminadoras en razón de la diferencia sexual.

Por otra parte, el itinerario marcado por las Jornadas no puede dejar de incluir entre sus actividades evidenciar el peso de las identidades, a partir de la constatación de que los modelos de dominación sexual y genérica que existen en contextos pluri-culturales incluyen las tensiones que surgen del cruce entre tales identidades (sexual, genérica, étnica, de clase). Así, la idea de incluir como eje de análisis las premisas del feminismo de color pone en el debate el hecho de que las mujeres con identidades raciales diversas han experimentado los procesos históricos desde otras posiciones subalternas que las sitúan como sujetas marginales, colonizadas, esclavas y doble o triplemente discriminadas, donde las experiencias de opresión patriarcal se centran en dar nombre al sistema de dominio que las subordina como objetos expropiados de su trabajo, como elementos intercambiables y considerados inferiores mediante un pacto implícito.

En este sentido, para las pensadoras y activistas del feminismo de color es importante problematizar la temática de la igualdad señalando que aquellas otras teorías feministas que definen el patriarcado y la opresión sexual priorizando la visión de las mujeres blancas, de clase media que consideran la diferencia sexual como el elemento prioritario o central para dar cuenta de las relaciones de dominación, deben introducir en sus reflexiones una auto-crítica que suponga analizar cómo las mujeres que pertenecen a una clase y raza determinada perciben a aquellas que pertenecen a otra y cómo se auto-perciben en relación a ellas.

Por último, profundizar en un debate crítico sobre el valor de la diferencia y sobre la necesidad de reconsiderar los contenidos emancipatorios de los feminismos requiere traer a colación un viejo problema histórico: la existencia de otras presencias subjetivas que insisten en identificar como la causa básica de la opresión la heterosexualidad normativa, señalando la centralidad del propio cuerpo como el primer espacio en el que se ejercen la libertad y la

autodeterminación. De ahí que en las Jornadas no dejen sin tocarse las corrientes feministas lésbicas y las demandas de los movimientos TLGB y queer, considerando la fuerza de sus estrategias de movilización preferidas que incluyen la toma de las calles, la expresión y subversión artísticas y la transformación del propio cuerpo, con el fin de mostrar que la identidad es el resultado de una construcción social y no así de la existencia de papeles sexuales biológicamente fijos.

Como vemos, dada la complejidad que articulan, las expectativas que generan las Jornadas y su realización son altas. No sólo porque facilitan el intercambio de visiones y estrategias, sino porque contribuyen a suscitar la apropiación analítica y crítica del proceso a partir de la comprensión de que éste es una forma de generar micro-poderes discursivos, adoptando una lectura amplia de la realidad social local, nacional e internacional que a su vez dejará abiertas nuevas interrogantes que se pueden retomar para continuar el proceso de análisis de los aportes de las mujeres organizadas en la construcción del Estado plurinacional.

*     Politóloga, investigadora y escritora

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