octubre 23, 2020

La Libertad de los bosques

La trazos históricos de actual Chapare Tropical, emergen desafiantes y claros del último libro de Hans Van den Berg. Sacerdote y rector de la Universidad Católica Boliviana, realizó una minuciosa búsqueda documental y con un fino análisis trazó las líneas de presencia religiosa en esta región entre 1765 y 1825. Hasta entonces, únicamente por las incursiones esporádicas de los Yuracarees a las haciendas cocaleras de Totora y Vandiola, su población había escapado del contacto con el colonizador español. Otros estudios (Walter Sánchez C.) sugieren que no existió tampoco una imposición Inca en la zona, salvo por la red de caminos hasta los yungas de Tablas Monte y Paracti e incluso hacia los llanos del actual Chapare. Rutas que sugieren que pudo existir alianzas guerreras entre los grupos que lo habitaban y los Incas.

Derrotados éstos, no fueron, en esta boscosa región, remplazados por los españoles, de modo que sus moradores vivieron en la tranquilidad, que les daba su alejamiento; hasta 1775. Entonces comenzaron a montarse las primeras misiones religiosas, ubicadas entre las actuales Villa Tunari y Chimoré. Se dio inicio a la sistemática penetración externa en la selva húmeda que aun se desarrolla. Los conversores hallaron a un grupo humano nómada, que vivía de la caza y la pesca y con estructuras planas de poder(sociedad sin estado como diría Clastres). El proyecto misional fue parte de un engranaje, montado por el Gobernador Francisco de Viedma, por ocupar estos territorios que juzgaba feraces y desplazar pobladores de los sobresaturados valles. Se cultivaría algodón, cacao y coca. Pese a numerosos intentos, las reducciones no cuajaron entre los Yuracarees. A parte de su mala conducción y la falta de apoyo gubernamental, los sacerdotes chocaron con un cultura indígena que se no se avenía para nada a la rigidez monástica y la vida sedentaria de las misiones. No encontraron mejor respuesta que denigrarlos como haraganes, ladrones y mentirosos,;en fin de salvajes(palabra que ahora vuelve a sonar tras dos centurias).

Los franciscanos(y otros colonizadores posteriores) nunca comprendieron su relación con la naturaleza, sus ritos celebratorios, la alternancia entre ciclos de vida y trabajo o el territorio como su hábitat. Para los Yuracarees, en cambio, la libertad de recorrer y vivir en el bosque era la imprescindible condición para su reproducción. En su defensa —y cuando pudieron— encararon a los curas: ¿Qué derecho tiene Dios para imponernos su ley y no permitirnos vivir en donde y como queramos? Interrogante válido en el siglo XVIII y hoy.

*     El autor es historiador

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