octubre 20, 2020

¿Ganar elecciones o tomar el poder?

por: Víctor Álvarez/ La Pupila Insomne/ Questión Digital

De cara a las próximas elecciones, y ante el avance de la oposición en las parlamentarias por encima de los escenarios que se habían estimado, es obligatorio preguntarse si los candidatos del PSUV tenían un verdadero arraigo popular o fueron importados de otros estados e impuestos por la Dirección Nacional; si estamos en presencia de un pueblo plenamente consciente o todavía hay mucho clientelismo político que superar; si el obligatorio “trabajo voluntario” al que fueron sometidos los funcionarios fue causa de abstención electoral; si el gobierno ha sido todo lo eficiente que el pueblo exige; si la inflación, el desempleo y la inseguridad son un invento mediático o verdaderos problemas que causan estragos en la población; si la torpeza con la que se procedió a expropiar pequeños comercios, cercanos a sitios históricos y plazas públicas, lejos de ser visto como una conquista popular, por el contrario fue interpretado como una amenaza a la propiedad personal y familiar; si el caso de miles de contenedores de comida podrida, cuando el ingreso de muchas familias ni siquiera alcanza para comprar la canasta alimentaria, puso en bandeja de plata argumentos a la oposición para evidenciar la supuesta incapacidad del gobierno; si el burocratismo, la incompetencia y la corrupción son calumnias de los enemigos de la Revolución o verdaderas prácticas perversas que están minando la fe, la esperanza y el entusiasmo de la gente; si es cierto que la abstención favoreció a la oposición o, por el contrario, muchos de los que antes votaban por los candidatos del gobierno esta vez lo hicieron por la oposición; si estos resultados son una manifestación de deslealtad o una advertencia sobre muchas cosas que es necesario mejorar.

No seamos ingenuos. Cada vez que haya elecciones bajo las reglas de la democracia burguesa las transnacionales y sus socios nacionales explotarán al máximo nuestros errores para reconquistar el poder, imponer sus leyes al gobierno y descalabrar así la Revolución. El objetivo no puede ser solo el de ganar elecciones sino el de tomar el poder. Pero a lo largo de estos años, la economía más bien se ha hecho más capitalista, el burocratismo se ha exacerbado, y el recrudecimiento de la cultura rentista y paternalista lapidan el espíritu emprendedor y frenan el desarrollo de las fuerzas productivas de las cuales depende el logro de la soberanía productiva y la liberación del trabajajo asalariado de la explotación del capital.

La convocatoria para relanzar el Polo Patriótico de cara a las elecciones del 2012-2013 es un llamado al reencuentro de las fuerzas progresistas, de izquierda y revolucionarias que por diferentes razones se han distanciado en el curso de estos años. Su éxito exige una profunda crítica y autocrítica en función de corregir los errores cometidos y acordar una plataforma de interés nacional que permita reunificar las fuerzas de las diferentes organizaciones políticas, sociales y de base que tienen como propósito común la construcción de una sociedad democrática, libre de desempleo, pobreza y exclusión social.

El sectarismo y fanatismo políticos están entre los problemas medulares que ha dejado a muchos compañeros y camaradas arrinconados y excluidos. En Venezuela no hay 4 millones de oligarcas. Muchos de los que hoy votan por la oposición ayer estuvieron acompañando el proceso, pero se alejaron desilusionados por las desviaciones y errores que se han cometido. La obligación ahora es reenamorarlos y recuperarlos para que dejen de ser los relegados y eliminados del proceso. Pero el sectario solo ve en ellos a unos traidores y apátridas, a seres repelentes, malvados y perversos, mientras que a sí mismos se ven como la encarnación de la virtud. Por eso se afincan en la calumnia y la difamación de todo aquel que no esté bajo su tolda y al son de su comparsa, para desprestigiarlo y asesinarlo moralmente. Y así, en lugar de atraerlo, lo terminan de alejar y excluir.

El reencuentro de las fuerzas progresistas pasa por entender que las revoluciones no las hacen los gobiernos sino los pueblos, que la gente de izquierda también está en las organizaciones sociales, culturales, religiosas y de base. El carácter unitario y democrático del Polo Patriótico debe estar fundamentado en la consideración y el respeto, en la comprensión y la tolerancia. Solo así podremos construir una fuerza en la que quienes no coincidamos del todo podamos ser fraternales críticos, más no enemigos, en el que nos reconozcamos por lo que nos une y no por lo que nos separa. Donde la crítica leal y comprometida a los errores del proceso no se etiquete de actitud sospechosa, de quintacolumna o saltatalanquera. La única talanquera tiene que ser la Constitución Bolivariana: dentro de la Constitución todo, fuera de la Constitución nada.

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