octubre 30, 2020

Las tres fases dialécticas de los 2 mil días

por: Rafael Puente

El intelectual Rafael Puente nos propone un análisis de la situación actual a partir de una perspectiva dialéctica de los dos mil días de gestión del gobierno de Evo Morales, lo que implica los períodos 2006-2009 y el año y medio del segundo mandato.

Para empalmar lo que fueron esos primeros cuatro años de gestión con el año y medio que queremos analizar, puede ser iluminadora una comparación dialéctica de lo que podemos considerar las tres fases por las que viene atravesando este proceso de cambio:

1. Tras un primer semestre de tanteo y asentamiento —tanto por parte del gobierno como por parte de la oposición— y a partir de un par de pesados errores cometidos por el Gobierno (la prescripción de los 2/3 tercios para la aprobación del texto constitucional y la consigan del voto NO en el referéndum autonómico), desde la segunda mitad del 2006 hasta septiembre de 2008 vivimos lo que nuestro Vicepresidente llamó “Empate catastrófico”; es decir que la oposición recupera fuerzas y se muestra capaz de empatarle al gobierno, parapetada en Tierras Bajas y en sus roscas cívico-prefecturales. Ahí cabe registrar la toma impune de instituciones públicas en varias capitales de Tierras Bajas; las agresiones racistas a pueblos a dirigentes y sedes indígenas (que se extenderán también a Cochabamba y Sucre); la celebración de referéndums ilegales (pese a las serenas advertencias del Gobierno); y la osadía de no permitir que el Presidente de la República pueda pisar siquiera dos tercios del territorio nacional.

2. Pero entonces es la oposición la que empieza a sentirse fuerte, la que se engríe, y a partir de ahí la que a su vez comete también errores pesados —la propuesta y ulterior aprobación senatorial del Referéndum Revocatorio; la Masacre de Pando; y más tarde el complot terrorista para la división del país—, errores tan graves que ponen fin al Empate Catastrófico y permiten la inauguración de una segunda fase que nuestro Vicepresidente calificó de “Punto de Bifurcación” (el campo popular va para arriba, la oposición para abajo). De ahí que el año 2009 sea un año glorioso, que arranca con la aprobación masiva de la nueva Constitución y concluye con el triunfo arrasador del MAS en las Elecciones Generales de diciembre.

•  Por el mismo rebote dialéctico, ese triunfo electoral “excesivo” produce un sentimiento de poder total que resulta embriagador, y a partir de ahí entramos en una tercera etapa (2010-2011) que genera desazón —cuando no decepción— en buena parte de la población:

    Por una parte los conflictos ya no son contra la oposición sino que se dan dentro del campo popular (ahí están los casos de Caranavi, de Potosí, de los Ayllus del Norte potosino, de la CIDOB; y más adelante vendrá el conflicto con la COB, y actualmente la nueva marcha de la CIDOB en defensa del TIPNIS, y nuevamente amenazas de conflicto en Potosí y Oruro.

    Por otra parte, al encontrarse la oposición totalmente derrotada, no faltan miembros de la misma que optan por pasarse al “bando ganador” y así el MAS se ve cada vez más infiltrado por gente de derecha (que incluso accede a candidaturas y a cargos públicos en nuestro gobierno), con visible preocupación y frustración de los militantes de siempre.

    Y sobre todo disminuye la capacidad de negociación del gobierno y asistimos a una fase en que predominan la intransigencia y la agresividad, así como el freno a la participación, y disminuye la capacidad de gestión. Una expresión de estas falencias fueron las elecciones departamentales y municipales de abril de 2010 (donde las propias bases del Instrumento no se sintieron respetadas, al ver que sus candidatos no eran tomados en cuenta, y en muchos lugares votaron por los de otra fuerza política); otra expresión es la forma como le echamos la culpa de todo a la derecha, o al MSM o a los trotskistas (con lo que les damos más importancia de la que tienen y los hacemos crecer gratis); otra expresión —probablemente la más grave— fue el precipitado decreto conocido como “gasolinazo” (y sus consecuencias), un decreto que habría podido evitarse —o mejorarse— si los y las dirigentes hubieran advertido al Presidente sobre las verdaderas posiciones de las organizaciones sociales (en lugar de dar por hecho que las bases estarían automáticamente de acuerdo con lo que piensan los/as dirigentes).

    Todo esto no quiere decir que durante esta tercera etapa no hayamos avanzado en muchas cosas; por el contrario, la mayor parte de las nuevas leyes (elaboradas por una Asamblea Legislativas Plurinacional que trabaja muchísimo más de lo que nunca trabajaron los anteriores congresos) constituyen pasos importantes para la construcción de la nueva sociedad y el nuevo estado: Ahí están, por poner sólo dos ejemplos extremos, la ley Marcelo Quiroga y la Ley contra la Discriminación. Pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que por falta de una mayor participación social incluso estas leyes son menos coherentes y completas de lo que pudieran haber sido; y que también hay otras decepcionantes, como esa Ley de Deslinde Jurisdiccional que muestra cómo la mentalidad colonial todavía nos tiene seriamente agarrados (en ella la Justicia Indígena o Comunitaria aparece como de segunda categoría, comparada con la Justicia Ordinaria, la heredada de la Colonia y que además casi nunca ha servido para lo que debía servir).

*     Esta parte forma parte de un trabajo más amplio que Rafael Puente presentó en un conversatorio organizado por el PNUD y la FBDM.

Be the first to comment

Deja un comentario