junio 15, 2021

El poder inmanente de la comunidad en la construcción del Estado Plurinacional Comunitario

por: Silvio Paez *

Para reflexionar sobre la democracia como espacio de realización de la participación y el control social es necesario, no solamente abordarla en su dimensión formal sino también en una dimensión real que es en la que se definen las posibilidades, las territorialidades y la extensión práctica: el ámbito del relacionamiento efectivo entre los ciudadanos y su relación con el estado.

El ciudadano es la expresión más concreta de la constitución moderna del estado. Este proceso de constitución implica la consolidación de una institucionalidad estatal que genera mecanismos de relacionamiento y reconocimiento hacia los ciudadanos, en este contexto la participación viene a ser otorgada por esta instancia que está por encima de los ciudadanos aunque parezca ser la expresión de su vida amonizada. En la modernidad, esta nueva institucionalidad se consolida como la configuración del estado y la sociedad civil.

Pero este estado moderno no aparece por el “desarrollo” automático de las naciones, es un desarrollo particular que está cimentado en la modificación de las relaciones entre los distintos individuos, esta relación tiene como centro la mercancía que es la expresión celular de la propiedad, el estado moderno reconoce al individuo en tanto propietario de tierras, casas, dinero, o cualquier mercancía. Si una mercancía es individual es negada a los demás, la relación comunitaria básica de nuestro género queda truncada y reprimida, sin embargo, la forma de relacionamiento básico no es a través del estado (esto sólo media y regula estas relaciones) sino que se realiza a partir de las características desintegradoras de la mercancía. Este tipo de relacionamiento excluyente de por sí, en una sociedad en la que su funcionamiento determina que la acumulación de riqueza sea desigual, concluye en que la relación se torna excluyente en este núcleo entre los que tienen mayor acceso a esas mercancías y riqueza y aquellos que están marginados de ellas. El estado moderno regulará este resultado, esta desigualdad, toda la normativa de la vida de los individuos, instituciones, sus relaciones partirá de esta desigualdad, incluso el otorgamiento de la participación.

En Bolivia, a esto se suma la colonialidad de la República que se expresa en una negación y rechazo de las características étnicas y culturales de las mayorías de la población, aunque haya usado esta negación no para eliminar a estas mayorías sino para someterlas a sus intereses. En el tema de la participación se limitará a otorgar una participación formal individual sin reconocer las formas específicas organizativas.

Es importante retomar este debate como punto de partida para hablar de la democracia y la participación ciudadana aunque se presente en un nivel aparentemente abstracto, ya que desde este nivel se pueden pensar los criterios que se han mantenido en la estructura estatal anterior y ver las posibilidades de modificarlas desde nuestra realidad. Este nivel, nos permite pensar la democracia y la participación en el ámbito formal de su otorgamiento estatal pero también nos permite comprender las exigencias reales de la construcción de un estado que además se preocupe por las necesidades básicas y las perspectivas del desarrollo que proyecte la misma población, una especie de vínculo necesario entre el nivel político y el económico.

La exclusión generada por el contexto mercantilizado de la vida cotidiana se refleja en la exclusión de la participación de la comunidad en su relación con el estado de la república colonial, esta separación, desde el estado moderno, se la ha resuelto a través de la participación política formal en las elecciones y el control social exclusivamente en los comités de vigilancia en el nivel municipal, mientras que en el ámbito económico y administrativo en la participación popular que implicaba la participación en la elaboración de presupuestos.

Si en la Constitución se está poniendo en cuestión este carácter abstracto del estado y de la ciudadanía tratando de recuperar el sentido comunitario en los fundamentos, principios y valores, como en las autonomías y la organización económica del estado plurinacional, la participación de lo comunitario (que son las organizaciones y movimientos sociales, los pueblos indígenas y las comunidades urbanas y rurales) viene a desenvolverse en un ámbito real y ya no formal, es decir, no es un otorgamiento del estado a la ciudadanía sino un ejercicio de deliberación y decisión permanentes. Esta base comunitaria del estado proyecta sus capacidades organizativas en los temas de la agenda para la construcción del estado plurinacional de manera efectiva, discutiendo la vida institucional en varios ámbitos: proyectos de ley, leyes, Constitución, proyectos locales de desarrollo, proyectos estratégicos de desarrollo, estas discusiones son en estos momentos referentes para la implementación de políticas públicas, la organización tiene la fuerza para poner en ejercicio su participación en la definición de la vida política del país. Como efecto secundario de esta participación real, está también el cuestionamiento, no su negación absoluta, del carácter individual y privado de la mercancía sembrando un horizonte comunitario de la construcción del estado, es decir, subordinando lo individual a lo común en la intencionalidad de la construcción de una alternativa al estado moderno. No desaparece la riqueza ni su carácter privado, pero se pone por encima de la economía, su lógica y sus principios al ser humano y a la vida en vez de la eficiencia abstracta para la ganancia empresarial. La democracia no es la igualdad abstracta del individuo en relación al estado sino la práctica concreta de construir una institucionalidad inclusiva que tiene a la igualdad, no sólo material sino también cultural, como principio.

A partir de esta esfera real de la participación su formalización, las formas en que el estado institucionaliza esta participación, deberían estar orientadas por los criterios que se generen en esta participación real. Esto significa que la institucionalidad se va adecuando o se va configurando en base a la influencia de la fuerza organizativa y de las propias características de la participación real de lo comunitario, este no es el fortalecimiento del estado moderno capitalista, esta institucionalidad se va configurando, de una manera paulatina, como el estado plurinacional comunitario que niega el carácter individual y colonial.

En ese sentido, la participación y el control no es un aspecto solamente del ámbito formal de la democracia o que se pueda solucionar en el ámbito técnico, es fundamentalmente el fortalecimiento del ámbito real de la democratización de la vida y sus necesarias posibilidades de formalización en relación a la institucionalidad, esto es lo que denominamos como el poder inmanente de la comunidad.

*          Estudio economía, medio ambiente y pensamiento latinoamericano. Es miembro del colectivo Wiphala.

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