junio 14, 2021

Alerta urgente: misoginia en embase cultural

Hace algunos días el suplemento cultural “La Ramona” del periódico Opinión de Cochabamba, y cuyas páginas aposentan a Xavier Jordán, columnista de _IN-CO-RECTUS, publica una nota titulada “Amores Célebres”, con una bella fotografía de John Lennon y Yoko Ono. Desde ya una combinación llamativa, el texto en sus primeras líneas parecía provocativo por su estilo “desenfadado”, pero rápidamente develan el desenfado del autor contra la mitad de la humanidad, contra las mujeres.

En honor a la verdad no se trataba de un texto desenfadado, sino un verdadero manifiesto de odio y desprecio a las mujeres, a lo femenino y obviamente al amor, y como dirían los textos básicos de psicología, en el fondo, se trataba de una confesión, la del profundo desprecio y odio contra la humanidad en su conjunto, y aún más triste, contra sí mismo, contra el propio autor de IN-CO-RECTUS cuya esencia es a todas luces la misoginia.

Venturosamente desde hace algunas décadas la misoginia ha sido diseccionada desde distintas perspectivas analíticas, porque las manifestaciones de odio y en este caso en particular, odio contra las mujeres y contra todo signo de femineidad, han sido parte constitutiva de algunos de nuestros ancestros misántropos, que en sus milenarias y antiguas prácticas legaron a otros de su especie la aversión no racional pero profunda en contra de la especie humana, y que a la luz de la psicología, los estudios sobre la sexualidad, han develado que la misoginia podría ser un síntoma de rechazo al propio gen femenino, que configura el XY del cromosoma, y a la serie de miedos o terrores ante la homosexualidad, sobre todo masculina, por lo que suele manifestarse verbalmente con una serie de expresiones de desprecio hacia todo aquello que refleje precisamente lo femenino.

En todo caso es sorprendente que una persona que ostenta la responsabilidad de dirigirse a los y las lectoras a través de una columna periodística, así sea desenfada por el estilo y uso del lenguaje, y peor aún, si ha ejercido la docencia, desnude públicamente su misoginia y sus miedos, evidenciando su vulnerabilidad, porque es de suponer que al menos ha aprobado la materia de psicología, imprescindible en cualquier carrera de ciencias sociales, y porque en el lenguaje habitan nuestras cosmovisiones, obviamente con nuestras diferencias y particularidades, pero también nuestras exclusividades, en algunos casos diáfanamente misóginas y homófobas.

Sin embargo, el desenfado, la irreverencia o la provocación teñida de misoginia devela sin duda desgarres históricos de mundos patriarcales, violentos, mundos complejos y tremendamente intrincados de mandatos familiares, sociales y religiosos, casi insalvables e inobjetables, a los que se suman las afectividades también complejas, contradictorias, pero que en su complejidad han tejido mecanismos tan dolorosos como los del racismo o la discriminación, que no reconocen la esencia de la dignidad humana, por encima de las diferencia.

A lo largo de estas últimas décadas, principalmente luego del magnicidio de la Segunda Guerra Mundial y la Declaración Universal de los Derechos Humanos la misoginia se ha definido como una ideología emparentada con el racismo; en el que la diferencia es el sexo en lugar de la raza, y ambas, misoginia y racismo proponen dualismos básicos entre bien y mal, pero cuyo origen estructurante tiene como base la cotidianidad humana, las historias de vida, el dominio del hombre sobre la mujer, del padre sobre la madre, del menosprecio del patriarca sobre la vasalla o la construcción de nítidas e indelebles relaciones hegemónicas de poder cotidiano.

Poder hegemónico cotidiano que ha escrito historia de violencia, específicamente violencia contra las mujeres en el ámbito doméstico, en la calidez del hogar, y que bajo la figura del feminicidio se lleva a la tumba a miles de mujeres a lo largo del mundo bajo la justificación de que eran mujeres, —destrozadoras del genio y nefastas influencias sobre la grandeza humana (…) porquerías resentidas— simplemente mujeres a las que hay que menospreciar, violentar, violar, despreciar, dominar, desechar, golpear y finalmente matar. Ojala Xavier Jordán haya venido al mundo engendrado por cualquier ser, porque no es digno de ser hijo de una mujer.

*          Feminista queer y periodista

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