junio 13, 2021

De discursividades y utopías

Una sonrisa, una mirada o un gesto son lazos que nos seducen en directo o en vivo y directo, lo perfeccionaron ya los sumerios y los griegos hicieron lo mismo con la oratoria y la retórica para que se apodere de diversos campos del conocimiento, y el siglo XX convirtió a las claves comunicativas en imprescindibles del universo mediático masivo. Genios griegos desde Heródoto, Aristóteles, Pericles o Demóstenes hace milenios sentaron las huellas por las que luego transitarían estudiosos como McLuhan o los expertos del —márquetin político—.

Inteligencia, dominio del tema, seguridad, simpatía, sonrisa, fuerza y fundamentalmente carisma desde entonces han sido la clave para encumbrar liderazgos y que hoy son referentes indispensables en el universo mediático desde Mahatma Gandhi, el Che Guevara, Fidel Castro o JF Kennedy, además de mujeres emblemáticas de la historia del siglo XX como Evita Perón, Indira Gandhi, Golda Meir, Benazir Bhutto, Michelle Bachelet o Cristina Kirchner y Dilma Rousseff, entre otras figuras del escenario principalmente político, comparten un halo común: carisma, una de las claves que les permitió allanar las rutas de la emocionalidad para captar la atención de sus audiencias/seguidores y establecer incluso complicidades.

Y es que en sus discursos públicos imprimían más que conocimiento de los temas a los que se referían, los dotaban de calidez, entusiasmo, energía o firmeza al pronunciarlos, dependiendo el caso. Sonrisas, esperanzas por alcanzar un futuro mejor, cercanías a la cotidianidad de la gente, pasión, incluso para llevar a la guerra a sus estados ó al genocidio como Hitler. En todos los casos los discursos fueron una de las principales claves para —el convencimiento ciudadano—, para trascender en la historia.

La base de esas discursividades, desde los sumerios, pasando por los griegos y terminado en las estrellas mediáticas de hoy, siempre fue la misma: Tu eres el mensaje, importa tanto lo que se dice y el cómo se dice, y es por ello que cotidianamente los —telepresidentes— o las tele lideresas irrumpen en nuestras intimidades, nos hacen partícipes de sus decisiones o nos obligan a cambiar de canal con su falta de carisma, enojo o desaliño. Hoy no hay opción, la mala escenificación mediática, la improvisación, se castiga con el zapping. Y es que lo queramos o no desde la pantalla televisiva, familiar indispensable de nuestros hogares, asistimos cada día al desfile de las —celebridades mediáticas—, para compartir ilusiones o utopías de un mañana mejor o a los avatares y problemas un mundo deshumanizado, aunque luego las —celebridades mediáticas— protesten porque fueron mal interpretados, distorsionados o sacados de contexto.

Y es que en el escenario mediático, como dicen los expertos, estamos inmersos, audiencias/pueblos y celebridades/políticas/mediáticas para configurar el —paraíso prometido—, la sociedad justa. Los ratings y las encuestas marcan las claves para definir con precisión aquello que nos convenza, aunque luego nos desilusionen, nos desencanten o nos hagan perder la fe. No en vano se afirma que —la gran historia política de nuestros días es de amor más que de ideologías, en una suerte de telenovela que busca la refundación de la realidad—,pero sin final feliz.

*          Feminista queer y periodista

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