septiembre 26, 2021

Mujeres en el poder: de la inclusión a la participación

Las mujeres han llegado a los ámbitos de decisión política por esfuerzo colectivo, ello no ha significado concesión alguna. Resta consolidar los espacios ganados a través de alianzas que contribuyan a cualificar esa participación en beneficio de todas.

Las mujeres en Bolivia hemos ganado espacios de poder, es verdad, no lo podemos negar, pero no fue gratis, ni un “regalo” o concesión de los hombres.

Las mujeres nos ganamos el derecho al voto, el ingreso a las universidades, el derecho al trabajo, a la participación política y ahora a la paridad y alternancia a fuerza de movilizaciones, de demostrar racionalmente, que no hay posibilidad de desarrollo humano sin el desarrollo de las mujeres que somos, en el caso boliviano, un poco más del cincuenta por ciento de la población.

Al comenzar el 2012 tenemos el cuarenta y tres por ciento de autoridades titulares en el Órgano Judicial, el treinta y cinco por ciento de ministras y el veintiocho por ciento de representantes en la Asamblea Legislativa Plurinacional, con las honrosas presidencias en ambas cámaras. Visto de esta manera, uno dice: NO está mal, nada mal

Puesto en números la situación de las mujeres y su inclusión en la política no está tan mal. Pero al hacer algunas “odiosas” comparaciones las cosas pueden variar, sobre todo en el ámbito del órgano Ejecutivo. El 2011 llegamos al cincuenta por ciento de ministerios encabezados por mujeres, al comenzar el 2012 nos quedamos con el treinta y cinco por ciento. ¿Por qué? Fue un gran principio de equidad que retrocedió sin explicación. ¿Cayó mal la renuncia de la ministra de defensa, indignada por la represión a los marchistas del TIPNIS? ¿Es que la discrepancia interna, no es bienvenida? ¿El cincuenta por ciento está condicionado al silencio conciliador?

Creemos que para pasar de la inclusión a la participación, que es el camino a seguir, las mujeres en el ejercicio del poder deben poder preguntarse ¿Qué niveles de participación y decisión tienen dentro de sus partidos políticos? ¿Cómo se eligen los candidatos de sus partidos? ¿Quiénes realmente toman decisiones?

Los partidos políticos y más todavía los que están en ejercicio de poder, se convierten en porteros de la representación y dizque “promotores” de liderazgos, lo que hace que las mujeres en muchos casos sólo les sirven para cumplir con las cuotas y al ser ellos quienes las seleccionan, nombran representantes que aseguren obediencia.

Romper con estas “tradiciones” políticas es el reto de las mujeres que nos representan en los puestos de poder y es deber de las organizaciones de mujeres hacer seguimiento crítico y acciones de respaldo a quienes están ejerciendo cargos de dirección política, por los que tanto hemos luchado.

Las organizaciones de mujeres no podemos conformarnos, acaso ¿la mortalidad materna ya no es de las más altas de América Latina?, la pobreza en Bolivia ¿ya no tiene rostro de mujer indígena?, ¿no son mujeres las que producen, procesan y comercializan el setenta por ciento de los alimentos en Bolivia?, ¿la mayoría de analfabetos no son mujeres? Por lo menos los datos del INE dicen que esta situación de inequidad continúa para las mujeres bolivianas.

Construir alianzas entre mujeres, tomar decisiones en función de intereses comunes, es otra forma de hacer política, que además rompe con el “mito” de que no hay peor enemigo para la mujer que otra mujer. Este es un prejuicio que cae por viejo y mentiroso. Para desmentirlo sería suficiente ver a las pequeñas, medianas o grandes empresarias que tienen como socias y principales colaboradoras a otras mujeres.

Las grandes luchas de las mujeres por acceso a empleo digno, a igual educación, a participación en el poder ha tenido excelentes resultados cuando han sido llevados adelante por mujeres que no se han callado, que han hablado con voz y palabra propias, que han actuado en equipo, en alianza con otras mujeres y que no se han sometido a los designios del poder tradicional que funda su éxito en la fuerza patriarcal, es decir en la imposición de ideas y actitudes y no en la transformación de la realidad para el bien común.

*          Periodista y activista po los DDHH de las mujeres

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