junio 14, 2021

EE.UU. arremete contra la ampliación de la democracia

El Director Nacional de Inteligencia de los Estados Unidos, James Clapper, ha confirmado la poca inteligencia de la que gozan intelectuales, agentes y autoridades del país más poderoso del mundo para hacer frente a la sublevación democrática que tras empezar en varios países de América Latina hoy recorre, como un nuevo fantasma, por todo el mundo.

El miércoles 1 de febrero, el máximo encargado de la inteligencia estadounidense —que coordina a todos los servicios secretos de ese país que operan en todo el mundo—, ha afirmado que la democracia representativa está sufriendo recortes en países como Bolivia, Venezuela, Ecuador y Nicaragua, a cuyos gobiernos calificó de “autoritarios”.

Si bien estas interpretaciones son bastante recurrentes en los últimos años, lo cual les quita fuerza en su propósito de provocar efectos desestabilizadores en las poblaciones de estos países, pone en evidencia dos aspectos de la actual estrategia de Estados Unidos para recuperar su hegemonía pérdida en América Latina.

Primero, que el tema de la democracia es la punta de lanza, junto a los derechos humanos, de la estrategia de desgaste que EE.UU. lleva adelante contra los procesos de avanzada en la región.

Esto implica que para la burguesía imperial los procesos de ampliación de la democracia en cada unos de estos países —democracia deliberativa, directa, participativa y comunitaria—, no son nada democráticos y que la población debe limitarse a votar y no participar.

Segundo, que la reivindicación de la democracia representativa —en la que el pueblo solo vota y no elige, como es el caso de los Estados Unidos, donde lo importante es ganar colegios electorales para ser presidente—, forma parte de los fundamentos políticos de las nuevas formas de intervención que el imperio está preparando en la región.

Esto no es nuevo, pues es una constante en las tres estrategias democráticas bastante cercenadas que EE.UU. ha puesto en marcha en América Latina desde fines de los 70: la democracia viable de Carter, la democracia controlada de Reagan y la gobernabilidad democrática de Bush. Al carácter ya limitado de la democracia representativa, las tres estrategias han apuntado, en general, a alentar y asegurar alternancias dentro de un mismo proyecto: el dominio del capital.

Ahora bien, esas “otras” democracias —que no cuentan para los intelectuales, agentes y políticos conservadores—, lo que han hecho es precisamente quebrar la alternancia dentro de un mismo proyecto y abrir la condición de posibilidad de organizar la vida social de una manera bastante diferente a la impuesta por el capitalismo. ¿Hubiera sido posible contar con un gobierno indígena sin que la victoria en las calles (democracia directa y deliberativa) hubiera precedido al triunfo en las urnas? Con toda seguridad que no. Lo mismo se puede decir en los casos de Venezuela, Ecuador y Nicaragua.

Por tanto, esas “otras” democracias que no le gustan al director de la inteligencia estadounidense, son las que han quebrado la hegemonía de EE.UU. en América Latina y el Caribe, le han devuelto soberanía a los estados y dignidad a los pueblos, así como han puesto fin a la alternancia dentro de un mismo proyecto.

Es evidente, entonces, que la democracia se ha convertido en el espacio de disputa por la hegemonía en América Latina, entre dos bloques claramente identificados: los que quieren que el pueblo vote, elija, participe y decida, pertenecen a uno, y los que apuestan a seguir fracturando la población entre los destinados a gobernar y los llamados a obedecer, pertenecen al otro.

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