septiembre 22, 2021

ALBA-TCP: el proceso de integración revolucionario de América Latina y el Caribe

El ALBA echa a andar cuando los pueblos van reconociendo y hacen suya la intención expresada en el deseo de otra integración. Así, de alternativa al embate neoliberal que se imponía unipolar y hegemónico no sólo en América Latina sino en el mundo, se fue constituyendo en una alianza de pueblos del Abya Yala, fortalecida cuando el Presidente Evo Morales A. incorpora a Bolivia en ella, planteando el Tratado de Comercio de los Pueblos en abril de 2006.

En junio de 2009, los Jefes de Estado de Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Dominica, Antigua y Barbuda, Ecuador y, San Vicente y Las Granadinas denominaron al ALBA-TCP como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos. No obstante la alternativa histórica en la alborada del siglo XXI se remonta al XVI, cuando Europa empieza a colonizar al Abya Yala y a otras regiones como parte del proceso de acumulación originaria de capital, imponiendo con la “cruz y la espada” un orden civilizatorio ajeno a sus pueblos, depredador de sus recursos naturales, enajenando tierra y territorio, explotando a su fuerza de trabajo y auto-exportándose metales preciosos, entre otros recursos. Esta visión retrospectiva inscribe al ALBA-TCP en la lucha anticolonial y anticapitalista de nuestros pueblos.

La colonia europea confrontada por el ideal libertario y unitario de América Latina de Simón Bolívar, en la guerra independentista y aún antes, con los levantamientos indígenas como el de Tupac Katari, devendría en los modelos centro-periferia y de “desarrollo” a imagen y semejanza de países ya ricos del norte durante los siglos XIX y XX, primero con la hegemonía del capital inglés; después con Estados Unidos y el “panamericanismo” propio de su “doctrina Monroe”, expandiéndose al sur con manifiesta vocación imperial como a su “patio trasero” y proponiendo a fines del siglo pasado a la región, el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Pero el ALBA-TCP sería aún limitado si se quedase sólo como alternativa contestaría en ésta etapa de crisis mundial que afecta a toda la humanidad, atrapada en la alienación, explotación y el consumismo en pro de acumular capital a escala global, amenazando además acabar con toda expresión de vida planetaria por la depredación y contaminación de la naturaleza. Por ello, se propone integrar a los pueblos de forma cualitativamente distinta a la integración regional y subregional de los años 90 del siglo XX, permeada por el “regionalismo abierto” al influjo e interés del multilateralismo globalizador de la OMC y otros organismos internacionales que sirven al capital y a sus empresas transnacionales, proponiendo siempre “desarrollo” a imagen y semejanza del capitalismo de los países del norte, funcional y utilitario a ellos.

La propuesta economicista: desarrollo como sinónimo de crecimiento acelerado del PIB, pero concentrando la riqueza en muy pocos, con comercio e inversión “libres e irrestrictos a escala global”, “seguridad jurídica” a la sacrosanta propiedad de esos pocos detentores del capital transnacional e inversores criollos, como socios menores tan lejanos siquiera a una burguesía genuinamente nacional, procurando la alta rentabilidad que con una suerte de “goteo” beneficia mucho más tarde que temprano a la sociedad y a los trabajadores, pese a que en ella y ellos directamente, generan la riqueza y los valores.

El ALBA-TCP propone constructivamente a los pueblos del Abya Yala integrarse política, económica y culturalmente practicando los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, ayuda mutua y sustentabilidad equilibrada con la naturaleza, diametralmente ajenos al mercantilismo utilitario de corto plazo, sustentado en la teoría tanto de “ventajas comparativas” que Porter reformula en los 90 como “ventajas competitivas”.

En torno a esos principios avanza la integración del ALBA-TCP cambiando la lógica de las relaciones internacionales al dar lugar a un relacionamiento integral y multidimensional de pueblos comprometidos con su porvenir, difícil de entender peor aún aceptar, en medio de paradigmas y prácticas dominantes en la materia.

Esos principios se aplican prácticamente considerando y operativizando:

  • El comercio y la inversión no como fines en sí mismo sino instrumentos que sirven a la realización y expansión de la producción de bienes y servicios para atender las necesidades de los pueblos, contribuyendo a la vez a construir la base material del espacio geo-económico del ALBA-TCP.
  • Un trato especial y diferenciado de acuerdo al grado y la potencialidad específica de desarrollo de cada país, en el cual la cooperación y la solidaridad se expresan en planes especiales con programas, proyectos y acciones para los países más pobres.
  • La complementariedad económica y la cooperación entre los países; antípodas de la competitividad propia del capitalismo que más allá de la buena o mala voluntad reguladora de sus teorías y gestores, plantea modelos irreales de “competencia perfecta”, “equilibrio y bienestar social óptimos”, incluso con alcance internacional, entre otros.
  • La promoción de la inversión de capitales latinoamericanos: estatales, privados o mixtos en la propia América Latina, para reducir la dependencia y superar tanto la división del trabajo primario extractivo-exportadora, como la maquila al interés y el servicio de las empresas transnacionales.
  • La nueva arquitectura monetario-financiera donde se destacan el Banco del ALBA y el Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE) tendiente a constituir una moneda regional incluso como reserva de valor.
  • La creación de empresas gran-nacionales en sectores estratégicos como son la producción de alimentos, energía y otros para la transformación y agregación de valor.
  • Un comercio efectivo de bienes como ejemplo entre Bolivia y Venezuela que en cuanto a exportación a éste país entre 2006-11 fue de $us1798.6 millones, siendo en el creciente la venta de confecciones textiles que en el mismo período llegó a $us206 millones, sobre-compensando las ventas a EE.UU. ($us88.2); éste país en 2008 suspendió la exención arancelaria que otorgó a Bolivia con el ATPDEA para importar éste tipo de bienes del país.
  • El desarrollo integrador tanto de las comunicaciones, el transporte e infraestructura vial y productiva, como de generación y uso de la energía, asumiendo un alcance territorial y socio-económico abarcador del territorio latinoamericano.
  • La sostenibilidad del desarrollo protegiendo al medio ambiente, valorando la madre naturaleza, la Pachamama, como fuente de vida en sí misma y para la humanidad.
  • Las misiones médicas, los programas cultural-educativos de alfabetización y post-alfabetización, de asistencia técnica y capacitación productiva, entre otros.
  • La defensa de las culturas latinoamericanas y promoción de la identidad de los pueblos, protegiendo los recursos naturales y el patrimonio social de los intereses espuríos de empresas transnacionales.
  • La promoción y proyección del ALBA-TCP hacia la integración regional cuyo hito fue la constitución a fines de 2011, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) reuniendo a 33 países con una población de más de 550 millones de habitantes, sin ningún tutelaje por parte de EE.UU.

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