junio 15, 2021

Fidel vuelve a las andadas

Aprovechando la presencia de un numeroso grupo  de intelectuales (latinoamericanos y caribeños, amén de algunos  europeos y estadounidenses invitados para participar en la Feria del  Libro de La Habana) Fidel los convocó para intercambiar ideas sobre la  actualidad internacional. La reunión dio comienzo poco después de las  13 horas del viernes, en una sala del Palacio de las Convenciones de  La Habana y, retomando un viejo hábito del líder histórico de la  Revolución Cubana, se extendió hasta bien pasadas las 22 horas.  Flanqueado por el Ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto, y Zuleica  Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, el Comandante  demostró, a lo largo de algo más de nueve horas, que su privilegiado  cerebro conserva todos los atributos que le dieron justa fama.  Animados por Prieto, los participantes pidieron la palabra luego de  que se invitara a Ignacio Ramonet a que abriera fuego con un análisis  sobre la situación del periodismo en el mundo actual. Fiel a su  costumbre, Fidel escuchaba atenta y respetuosamente cada una de las  intervenciones, anotaba sus impresiones y con delicadeza lanzaba  incisivas preguntas a los expositores, en lo que Frei Beto calificó  como un ejemplo del riguroso “examen de conciencia” que los jesuitas  la habían inculcado como norma a Fidel en su juventud. Cuando Érika  Silva, Ministra de Cultura del Ecuador expuso la propuesta de Rafael  Correa de no explotar el petróleo que yace bajo la maravillosa reserva  natural de Yasuni-ITT a cambio de una compensación parcial de los  países desarrollados, el Comandante preguntó: ¿cuántos kilómetros  cuadrados, en que parte de la Amazonía, cuántos barriles hay, cuánto  exige el gobierno, qué gobiernos han respondido, con cuánto? Su pasión  por la exactitud, esa que lo llevó a calcular milimétricamente los  hombres, armas, municiones y vituallas que podía llevar el Granma,  sigue intacta desafiando el paso de los años. Cuando Santiago Alba  Rico, “norafricano por adopción”, habló sobre la situación de Túnez  Fidel lo escuchó y luego preguntó: ¿qué produce Túnez? Cuando Alba  Rico respondió que uno de los principales productos de exportación era  el fosfato, la réplica fue una nueva serie de preguntas: ¿cuánto  exporta, dónde están los yacimientos, qué otras cosas produce, cuál es  la situación del proceso revolucionario, quiénes le abastecen de  petróleo?, intercalando en su interrogatorio observaciones de su  cosecha acerca de los principales productores mundiales de fosfato,  los usos alternativos de ese recurso, y se divertía cuando se le decía  que el aceite de oliva de Túnez era el mejor del mundo y que  fabricantes italianos y españoles lo compraban a granel para luego  exportarlo como si fuera propio. Todo este intercambio de  informaciones puntuales se daba en un clima en el cual Fidel, además,  hacía gala de su agudo sentido del humor.

Lo del viernes pasado había tenido un anticipo cuando una semana  antes prolongó durante unas seis horas la presentación del fascinante  libro de Katiuska Blanco Castiñeira: Fidel Castro. Guerrillero del  Tiempo. Ahora volvía a las andadas tomándose todo el tiempo del mundo  para pasar revista a la situación internacional y demostrando una vez  más su meticuloso seguimiento de los principales asuntos mundiales.  Imposible reseñar la veintena de intervenciones que abordaron los más diversos temas y que suscitaron sus incisivas observaciones: desde las  posibilidades abiertas por la Internet y las nuevas tecnologías de la  comunicación (especialmente la telefonía móvil y la televisión  satelital) para potenciar las luchas revolucionarias hasta los  peligros que entraña el férreo control que el imperio pretende ejercer  sobre esas tecnologías, pasando por las amenazas que se ciernen sobre  la sobrevivencia de nuestra especie (que Fidel proféticamente  denunciara hace veinte años en la Cumbre de la Tierra celebrada en  Río), hasta la situación política de diversos países, el devastador  “monocultivo de las mentes” (Pérez Esquivel), la necesidad de una  tricontinental de las ideas, la búsqueda frenética de nuevas fuentes  de energía, la devastación producida por el extractivismo de la  megaminería, el monocultivo y la destrucción de los bosques nativos,  la crisis del agua y, como no podía estar ausente, la delicada  situación en Medio Oriente y las terribles consecuencias que podría  desencadenar un ataque a Irán, un país de 74 millones de habitantes  acosado por Estados Unidos, su gendarme israelí armado con unos 300  cohetes nucleares y las viejas potencias colonialistas europeas. Temas  tales como las nuevas tecnologías de la gue-rra, el origen del universo  y las teorizaciones de Stephen Hawking al respecto y la posible  destrucción del planeta tierra por el carácter inherentemente  predatorio del capitalismo y la voracidad del imperialismo se  mezclaban con análisis puntuales en todos los cuales era imposible  sorprender a Fidel desinformado. Tuvo un momento para también  referirse a la situación de las Malvinas, diciendo que “con su actitud  Cameron le ha hecho un favor a la Argentina y toda América Latina. Los  ingleses no tendrán más remedio que negociar y luego irse.” Cuando al  cabo de seis horas —interrumpidas por un breve intervalo— a pedido de  los médicos de Fidel Eusebio Mujal León, el brillante historiador de  la ciudad, propuso que se diera por concluida la reunión el Comandante  quiso saber cuántos estaban en la lista de oradores y contrariando la  sugerencia de sus médicos dispuso que se hiciera un breve receso para  luego retomar el encuentro y po-der escuchar a todos. Se procedió de  ese modo solicitándosele luego a Frei Beto un comentario final en  donde el dominico brasileño agradeció en nombre de los presentes la  paciencia y la capacidad de escuchar y dialogar puesta una vez más en  evidencia por Fidel. Parecía que era el final, pero no: el Comandante  agradeció la intervención y, ante el asombro generalizado por el  entusiasmo y la vitalidad del anfitrión, el incansable guerrillero  dijo que quería compartir con los presentes algunos cables que le  habían llamado la atención en los últimos tres días. No sólo eso: lo  que siguió fue un fascinante análisis de la coyuntura geopolítica  internacional, rica en matices y detalles, y una convocatoria a no  bajar los brazos en la lucha por la justicia, la dignidad, la libertad  y la democracia. Aludió así a una pregunta que había quedado flotando  en el ambiente, acerca de si los desafíos planteados por una situación  tan peligrosa como la actual nutrían el pesimismo o albergaban todavía  algún soplo de esperanza. La respuesta de Fidel fue coherente con su  trayectoria: “aunque nos digan que al planeta le quedan apenas diez  años de vida”  —señaló con enjundia— “nuestra deber es seguir  luchando hasta el fin.” Dicho esto se marchó, dejando entre quienes  tuvimos la fortuna de asistir a una tan inesperada como increíble  remake histórica la sensación de que Fidel y el tiempo, esa  deslumbramiento que comparte con Hawking, eran viejos amigos y que a  diferencia del común de los hombres lo podía recorrer para adelante y  hacia atrás a su antojo. El viernes el Quijote del Caribe decidió  volver sobre sus pasos y regresar treinta o cuarenta años atrás. Y lo  hizo con la frescura y la agilidad mental de siempre, como si el  tiempo no hubiera pasado.

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