junio 14, 2021

Adhemar Gehain, impulsor del Sistema de Clasificación Dewey-Otlet en Bolivia

Ilustración en la era liberal

El liberalismo de principios del siglo XX, anhelaba un país moderno, integrado a los mercados mundiales, favoreciendo la industria minera y manufacturera. Fiel a su dogma positivista, propició la modernización de la educación, considerándola un verdadero instrumento de cambio En ese sentido, un acto que podemos calificar como trascendental, durante la gestión del ministro Daniel Calvo (1914) fue la creación de la Dirección General de Instrucción Primaria, Secundaria y Normal, encomendada al pedagogo belga Georges Roumá, con atribuciones de proyectar programas de enseñanza; proponer métodos de enseñanza; textos y manuales de enseñanza; formar expedientes de estudios, trabajos, y servicios de institutores, a fin de acumular los datos necesarios para casos de nombramientos y ascensos; formar estadísticas generales de enseñanza; presentar informes anuales generales sobre instrucción. Fue desde esta oficina que se impulsaría un ambicioso proyecto bibliotecario, mediante un fuerte incentivo a la modernización de las bibliotecas.

Modernización de las Bibliotecas

El ideario liberal del siglo XX, tuvo como impronta la utilidad innegable de las bibliotecas en la modernización del proceso educativo. El país avanzó con persistencia en la modernización de las bibliotecas públicas. Víctor Muñoz Reyes, en su breve gestión como Director de la Biblioteca Municipal de La Paz, fue el primero en intentar introducir, en 1902, el moderno sistema de clasificación decimal, ideado por Melvil Dewey (presidente de la Asociación de Bibliotecarios de la América del Norte) preconizado para el uso universal por la Conferencia Internacional de Bibliografía del año 1895 en Bruselas. En 1908 se fundó en La Paz la Biblioteca y el Museo Pedagógico sobre la base del material adquirido en Europa por el comisionado de estudios Daniel Sánchez Bustamante, con “el propósito de impulsar el avance de la enseñanza, proporcionando al profesorado los medios de conocer y seleccionar el material, a la vez que los modelos para construirlo por su cuenta”. Consecuentemente, existía un genuino interés para modernizar el servicio bibliotecario, no solamente en aspectos administrativos sino también técnicos, tales como la adopción del moderno sistema de clasificación decimal y la creación de un Instituto Nacional de Bibliografía, dos propuestas progresistas, sin duda.

No siempre fue bien empleado el Sistema Decimal, pues su aplicación errónea en archivos provocó desastres, como aconteció en 1913, en la sección manuscritos de la Biblioteca “Ernesto Otto Rück” en la Biblioteca Nacional de Bolivia, cuando su director, José Prudencio Bustillo, decidió organizarla por ese método, con un resultado nefasto pues “fue completamente disgregada y desaparecida dentro de la catalogación decimal”, como afirma Hugo Poppe Entrambasaguas.

En 1917 el gobierno de José Gutiérrez Guerra promulgó la ley de creación de la Oficina Nacional de Bibliografía, considerada como una “oficina normalizadora de procesos técnicos”. En 1923, el presidente Bautista Saavedra dispuso la creación de una sección de Biblioteca y Archivo en todos los Ministerios de Estado, a fin de implementar reparticiones bibliográficas bien organizadas, como fuente de consulta para facilitar el trabajo de los funcionarios administrativos y conservar debidamente catalogados los libros y folletos que se recibían del exterior y de diversos distritos de la República. En 1927, el presidente Hernando Siles insistió nuevamente en la creación de la Oficina Nacional de Bibliografía, dependiente del Ministerio de Instrucción Pública, con el propósito de introducir la clasificación científica decimal y el canje de publicaciones con instituciones similares del resto de América. Le asigna, además a este Instituto, la responsabilidad de organizar la Biblioteca Americanista “Simón Bolívar”, recomendada en el Congreso Internacional de Historia y Geografía de América, celebrado en Asunción en 1926.

Adhemar Gehain, pedagogo y bibliotecario

Es en ese contexto que surge la descollante figura de Adhemar Gehain, en la historia de la bibliotecología boliviana de la segunda mitad del siglo XX. Llegó a Bolivia en 1913 integrando la Misión Pedagógica Belga, encabezada por Georges Roumá. Fue profesor de Geografía e Historia en la Escuela Normal Maestros de Sucre y director del Colegio “Junín” (1918-1926). En 1917 implantó el Sistema Dewey-Otlet en la Biblioteca pública de aquel colegio e intentó repetir la proeza en la Biblioteca Nacional, sin éxito. Reemplazó a Georges Roumá en la Dirección General de Instrucción (1926-1930). Desde allí continuó la implementación de la reforma educativa, un alarde de modernización de la instrucción pública, que canalizó mediante la publicación de 40 folletos destinados a los maestros sobre los nuevos paradigmas del proceso enseñanza-aprendizaje, en todos sus ámbitos y niveles. Lo notable es que, a diferencia de su antecesor, Gehain impulsó el esfuerzo más serio para modernizar el servicio de las bibliotecas públicas, como parte de la reforma educativa, mediante la publicación de una serie de cuatro folletos editados por la Sección de Bibliotecas de la Dirección General, destinados a la organización de las bibliotecas públicas y escolares mediante la aplicación del Sistema Dewey-Otlet.

En 1929, ante la constatación del escaso servicio que prestaban las precarias bibliotecas del país, A tiempo de presentar su propuesta para implantar el Sistema de Clasificación Decimal Dewey-Otlet, Gehain confiesa que “tenemos libros, pero no hemos dado todavía a ellos la importancia que tienen en el desarrollo de nuestra cultura nacional y en la educación popular. Muchos son como riquezas abandonadas, inexploradas, olvidadas en los anaqueles. Son adornos inútiles, sin provecho para nadie. Son como fósiles que duermen su sueño eterno en las necrópolis polvorientas a las que damos pomposamente el nombre de Bibliotecas”. Logró convencer al gobierno de Hernando Siles para adoptar el Sistema de Clasificación Decimal, propiciando su aplicación desde la verticalidad del Estado, instruyendo que “las bibliotecas públicas y escolares oficiales, así como las particulares que reciban subsidio del Estado, se organizarán conforme al sistema decimal universal”, tomando como guía “los trabajos bibliográficos presentados por la Dirección General de Instrucción”, es decir la propuesta de Adhemar Gehain. Ingenuamente el decreto fijó como plazo 10 años para lograr la implantación del moderno sistema, ordenando que “hasta el 1 de enero de 1939 deberán estar organizadas todas las bibliotecas, conforme al sistema de clasificación decimal”.

Incansable y persistente, divulgó siempre que pudo las bondades del Sistema Decimal Universal, como se observa en su obra El concurso del magisterio para la recopilación del Folklore Nacional (Folleto 35), cuya participación era esencial, en su concepto, para garantizar el éxito de la reforma educativa, pues concebía al folklore como “un valor insustituible como entrenamiento de expresión” del idioma, un “arsenal legendario para avivar las lecciones de Historia Patria”, que permitía “completar el conocimiento geográfico” y creía que “los cantos escolares de carácter folklórico tienen una gran influencia en la formación del alma nacional”. Lo sorprendente en que en el manual para la recopilación folklórica incluye un capítulo titulado El folklore en la Clasificación Decimal Universal, que era “un extracto del importante trabajo que la Dirección General de Instrucción, tiene preparado sobre la organización de las bibliotecas escolares y públicas, según el sistema decimal universal”. La propuesta de Gehain se expresa en La organización de las bibliotecas públicas y escolares según el sistema bibliográfico decimal, publicado en 1929. Escribió también un Resumen de historia general contemporánea (1789-1850) (coautor con J. Degand, 1928); Lecciones de geografía general (1917); y Reflexiones. Páginas de idealismo (1919).

Pese a sus genuinos esfuerzos por modernizar el servicio de las bibliotecas públicas y escolares de Bolivia, y contar con el apoyo del Ministerio de Instrucción, Gehain fracasó, pues no logró sensibilizar a la clase política y la élite intelectual, que le restó su apoyo ¿Por qué? El ilustre pedagogo desconocía la realidad bibliotecaria nacional que se caracterizaba por la falta total de personal profesional, la escasez y precariedad de las bibliotecas públicas y escolares. Posteriormente retornó a Bruselas, donde falleció en 1955.

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