junio 13, 2021

Microcréditos, política global para uncir a las mujeres pobres al mercado mundial 1

Las mujeres, desde siempre, han aportado a la economía de sus hogares buscando una y mil formas de obtener ingresos que contribuyan a solventar las necesidades de sus familias. Los microcréditos han constituido una de esas formas y hasta hoy siguen siendo considerados una poderosa panacea para salir de la pobreza. A ellos acuden, sobre todo, mujeres de condición humilde; pero, veamos lo que Ximena Bedregal tiene que contarnos al respecto.

¿Crédito contra la pobreza?

El microcrédito nace a principios de los 80 en Bangladesh, cuando a un economista más o menos tradicional, Mohamed Yunus, se le ocurre la idea de un banco que preste dinero a los pobres después de haberse ofrecido como fiador para obtener un préstamo de treinta dólares para un grupo de 42 personas de un pueblo de ese país. Así funda el famoso Grameen Bank.

La estructura del banco es aparentemente simple, el préstamo ya no se da con garantía de capital o tierra sino con la promesa de rembolso que hace un grupo de 5 personas organizadas para ello. En vez de que los solicitantes vayan a un banco son los funcionarios de esta institución los que van a los pueblos para hacer los préstamos y recolectar los rembolsos, mismos que se cumplen en un 97 por ciento. Para principios de los 90, el Grameen Bank era ya todo un éxito que se clonaba por muchas partes del mundo; solo en Bangladesh tenía 427 mil grupos, garantizando prestamos a 2 millones 50 mil deudores, de los cuales 94 por ciento son mujeres.

Lo que nunca se dice es que una base de su éxito estuvo en que millones de pequeños y medianos campesinos y trabajadores industriales de Bangladesh fueron arruinados por las imposiciones del FMI para cancelar la ayuda a los agricultores y para cerrar un tercio de las empresas henequeneras, y que son precisamente esos campesinos sin tierra y desempleados, los “clientes” del Grameen Bank. Tampoco declara Yunes que, sólo para funcionar en Bangladesh, gracias a sus pequeñísimos préstamos, las mujeres pobres dan trabajo a 11 mil empleados del Grameen Bank, donde la gran mayoría son hombres.

Menos hay algún cuestionamiento sobre la tasa de intereses que exige este banco ya que se les pide una cantidad fija durante 50 semanas. El interés resulta del 20 por ciento, que para ese país es una tasa más elevada que la que piden los bancos tradicionales. En México la tasa llegará hasta el 72 por ciento anual en el Programa Nacional de Microcréditos, muy superior al interés que cobra la banca comercial, que es de 47,30 por ciento anual a tarjetas de crédito.

Lo que sí supo reconocer este banquero “de concepciones solidarias” como lo llamó el ex presidente de EU, Bill Clinton, es la relación que hay entre salud y pobreza; reconocimiento que fue la base para ampliar sus préstamos a una suerte de seguros de salud, jubilación y educación. Yunes explica que la gente recurre a su banco para asuntos de infraestructura social debido a que los Estados, “por querer extender tanto la protección social, lo único que han hecho es crear una situación desastrosa, ya que nadie aborda la cuestión con una perspectiva de mercado”.

Para este proyecto de que la protección social de los más pobres del planeta se traslade de ser responsabilidad de los Estados a los mecanismos de mercado, Yunus tomó como blanco a las mujeres pobres de los países pobres. Así, allí donde los sistemas de salud, educación pública, infraestructura urbana, están hechos jirones como consecuencia de las políticas de ajuste estructural neoliberal, éstos se construyen ahora con base en el trabajo y endeudamiento masivo de las mujeres. Cosa que ni siquiera ven las cada vez más numerosas ONG que felices administran estas nuevas políticas.

Como es necesario asegurar el rembolso del dinero más su tasa de interés en dinero, no se prestará nunca para comprar, por ejemplo, una cabra con el fin de tener leche para los niños de la familia, sólo se otorga para producir objetos que al circular en el mercado produzcan el monto en efectivo que presuponga seguridad del rembolso. Se les prestará para la cabra si el objetivo es vender su leche. Así, a las mujeres, por un lado, se las empuja a entrar al mercado de la circulación monetaria para poder comprar esa leche que es lo que en realidad necesitan y por otro, en la medida que los iniciales productos que realizan (artesanías, procesamiento básico de alimentos, etcétera) ya no se venden, ellas, son llevadas a producir lo que al mercado internacional le interesa.

En palabras claras, es un mecanismo altamente exitoso para hacer circular en el mercado bancario grandes cantidades de dinero que de otra manera quedan fuera de esos circuitos y preparar a las mujeres pobres como mano de obra barata para el mercado internacional, dejándolas cada vez más privadas de tierras para consumo local; sin su tradición de producción de autoconsumo, quedan dependientes de todo el sistema de mercado y sin salir de la pobreza.

Para “complementar” esta “educación” para el mercado y la modernidad neoliberal, las receptoras de préstamos deben asistir semanalmente a reuniones donde se les hace “aprender” a fuerza de repetición en voz alta y bajo el mando vertical de una jefa de grupo, los 16 mandamientos del banco; entre otros “Disciplina, unidad, valor, trabajo, eso es lo que hace nuestra vida. Tendremos cuidado para tener una familia pequeña, construiremos y usaremos letrinas, cuidaremos nuestra salud y el aseo de nuestros niños…” ¿Qué dirían las integrantes de nuestras ONG si para acceder a un préstamo para casa o auto se las obligara, en grupo, a proclamar que usarán preservativos, se cepillarán los dientes, dejarán de fumar?

Para mediados de los 90, la experiencia del Grameen Bank era ya tan conocida y “exitosa” que Yunus, declaró: “Nos hemos fijado como meta que para el 2005, cien millones de las familias más pobres del planeta accedan al crédito a través de las mujeres de la familia. Si esa meta se cumple, estarán reunidas las condiciones para vencer la pobreza en el mundo, ya que si los pobres del planeta son 200 millones (SIC), bastará duplicar la acción de los préstamos para que la pobreza se mande a un museo”.

Microcrédito, macroendeudamiento: una promoción jamás vista

La rápida fama de la experiencia Grameen Bank para el microcrédito, su extensión por el mundo, su clonación en tantas regiones planetarias, (recordemos que este 2001 es el año internacional del microcrédito) no se debió a su capacidad de combatir la pobreza, ya que el endeudamiento masivo (léase crédito en lenguaje bancario) no ha bajado la tasa de pobreza en Bangladesh, sino al hecho de que los grandes organismos de poder económico y político descubrieron en esa experiencia todo un potencial para su proyecto.

Antes de ser presidente, Bill Clinton se reunió con Mohamed Yunus para descifrar al detalle el experimento y su esposa Hillary declaró que decidieron “darle a este concepto un alcance universal”. Ya siendo Clinton presidente del imperio, se hizo el anuncio de que el gobierno de Estados Unidos se comprometía a hacer realidad esa declaración, entre otros, a través de la USAID (Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional). Hillary Clinton fue la principal promotora de la Cumbre del Microcrédito de 1997.

El Banco Mundial y el FMI, apoyaron activa e inmediatamente todas las iniciativas semejantes a Grameen Bank. Por un lado fueron impulsando su práctica entre los gobiernos a la vez que puliendo sus mecanismos y por otro fueron redefiniendo su relación con las ONG a las que empezaron a “asociar” (SIC) en sus proyectos ampliando la circulación de recursos entre ellas “en términos de fianza, hasta la búsqueda de nuevas formas de llegar a los más pobres de los pobres, estudiando con nuestras contrapartes la posible creación de un fondo para la microempresa” (Lewis Preston, presidente del Banco Mundial, Cumbre de 1994.)

Un par de años después, unos 58 países ya habían lanzado diferentes programas con base en la experiencia Grameen Bank y una gran cantidad de ONG entró de lleno a ocupar el papel de ejecutores de este proyecto. A la fecha varios países de Centroamérica, Bolivia, Ecuador ya tienen sus “bancas sociales” al estilo Grameen Bank y otros países como Chile lo están impulsando directamente con las ONG (y los Institutos de la Mujer).

En 1997 se realizó la Cumbre del Microcrédito donde los países se comprometieron a seguir el ejemplo de Mohamed Yunus y su Grameen Bank así como las estrategias que para gobiernos y ONG se habían decidido en las oficinas del Banco Mundial y la Casa Blanca.

Desde ahí, sólo en nuestro continente, se han realizado decenas de foros regionales sobre microempresas y microcréditos, muchos de ellos impulsadas por el Banco Mundial, el Departamento de Estado de Estados Unidos y presididos por Hillary Clinton y funcionarios de los grandes organismos internacionales de crédito. En el Foro Regional Consultivo sobre Microempresas de Centroamérica, la entonces primera dama estadounidense dijo: “el microcrédito es una idea genial, porque saca a relucir el desarrollo de talentos que estando ahí no han sido reconocidos por gobiernos, bancos y organizaciones internacionales, el microcrédito nos acerca a todos a hacer realidad el sueño de la igualdad”. Para demostrar que terminar con la pobreza de las mujeres de nuestro continente es sólo cosa de tener talento y de un microcrédito, el foro se abrió con el relato de Berta Alarcón, una mujer que gracias al microcrédito de la AID, logró pasar de vendedora callejera de limas de uñas a dueña de la empresa Calzados Berta. El sueño americano de Rockefeller se vende ahora como posible para cualquier mujer pobre de América Latina con espíritu emprendedor gracias a la experiencia de Grameen Bank. Si con un microcrédito no triunfas, no realizas el sueño de igualdad con lo que tiene el señor Slim y solo te sobreendeudas, es porque te falta talento.

La Incorporación de las organizaciones feministas y de mujeres a las políticas del microcrédito

Dado que las principales destinatarias de las políticas del microcrédito son las mujeres más pobres del planeta, el grueso de la ofensiva ideológica se ha enfocado hacia las organizaciones feministas y de mujeres en general. En casi la totalidad de estos foros, las asistentes y las ejecutoras de la organización son principal o únicamente las ONG de mujeres.

De hecho, este tema no es nuevo. Ya se manejó en Nairobi en 1985. Desde aquél entonces ha sido desarrollado de manera cada vez más sistemática, entre otros, por el INSTRAW (Instituto Internacional de Investigación y de Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer), el cuál difundió los resultados de las investigaciones sobre el tema y organizó los seminarios idóneos. En 1989, el Banco Mundial creó un grupo de trabajo sobre mujeres y crédito y organizó varios seminarios al respecto. En febrero de 1992, en la Cumbre de Génova sobre “la promoción económica de las mujeres rurales”, un párrafo de la resolución final estaba dedicado al acceso de las mujeres al crédito y a los servicios financieros. En 1995, en Beijing, el capítulo dedicado a la “feminización de la pobreza” del informe general de la Cuarta Conferencia, presentaba como una evidencia el hecho que para darles a las mujeres los medios para vencer la pobreza, había que darles más acceso al endeudamiento (llamado “crédito”).

De vuelta de Beijing, las organizaciones de mujeres, desde las más tradicionales hasta las más feministas, solo tenían esta idea en la cabeza: el hecho que las mujeres no tengan un “igual” acceso al crédito se había vuelto la discriminación mayúscula. Ya no era el empobrecimiento específico de las mujeres (consecuencia de las políticas de ajuste estructural derivándose precisamente del endeudamiento de los Estados o consecuencia de privatizaciones de tierras agrícolas derivándose de la mundialización), lo que constituía el escándalo mayor, sino el hecho de que la discriminación bancaria o sus exigencias inadecuadas les impedían a las mujeres pobres gozar de la igualdad en el endeudamiento.

Muchas ONG, se han convertido, hoy en día, a la nueva ideología del micro-crédito para las mujeres pobres de los países pobres. En la mayoría de los países en cuestión, las grandes organizaciones de mujeres en alianza con las estructuras de “mujeres oficiales” colaboran con las iniciativas de micro-crédito. Todo esto a nombre del “empoderamiento de las mujeres”, asunto bastante grave desde una perspectiva feminista, ya que se ha llegado a vender la idea de que el “poder” político de las mujeres depende de su poder dentro de la familia, y que entonces el acrecentar este poder dentro de la familia, endeudándose, constituye una etapa del acceso al poder político.

Hace unos tres o cuatro años, en la sede de Las Naciones Unidas de Nueva York, durante la reunión de evaluación de la Conferencia Mundial de la Mujer -conocida como Bejing+5- las panelistas recordaron que en Beijing, una de las metas fijadas fue la de otorgar microcréditos a 100 millones de las familias más pobres del planeta y refrendaron el compromiso de cumplirlo, es decir, allí las mujeres -en nombre de su empoderamiento- lo que refrendaron en realidad es que hacían propias tanto la estrategia que el señor Mohamed Yunus había planteado hace varios años atrás, igual como hacen suyas las estrategias que viene desplegando el Departamento de Estado de Estados Unidos, la USAID, el Banco Mundial, el FMI y las grandes agencias para el desarrollo.

¿Será que los grupos de mujeres seguirán tragándose completos y además realizando los proyectos de estos señores bajo el paraguas de los acuerdos de Beijing, sin el menor análisis crítico sobre esta política y se restringirán sólo a lo que han venido peleando vehementemente en las ultimas reuniones, esto es que se mejoren los sistemas de contabilidad y evaluación de esos proyectos? ¿O podremos esperar que haya una reflexión crítica, más de conjunto y de fondo ya que empieza a quedar claro que los micro créditos – imagen y semejanza del Grameen Bank- no son el maravilloso invento que llevará a las mujeres más pobres a ese paraíso de la igualdad que desde la Casa Blanca o su palacio senatorial viene vendiéndoles la señora Clinton?

*          www.mamametal.com

1          Este artículo ha sido preparado principalmente con base en un excelente documento de análisis crítico sobre la estrategia de la política de microcréditos y sus verdaderas consecuencia para las mujeres, publicado con el nombre de “El luminoso porvenir del microcrédito” en marzo del 2000 en la revista belga Crónicas Feministas, Nº 71-72 y, en español, por el sitio http://creatividadfeminista.org. Se han usado también otros documentos de Naciones Unidas, Banco Mundial, recortes hemerográficos y los boletines de la Campaña para la cumbre del microcrédito.

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