junio 15, 2021

Partido + ideología + movilización = poder

El 9 de abril de 1952 una revolución estalla. Los hechos que ocurrieron ese día marcan toda la historia posterior de nuestro país y nos convierten  en hijos de un acontecimiento que liquidó a un Estado y a una forma de dominación política que sostuvo por más de cien años a una reducida y apátrida oligarquía sobre los hombros de indígenas, trabajadores y campesinos.  Son los segundos los que mayor protagonismo adquirieron durante esas jornadas y nadie puede negar que  fueran ellos, los trabajadores, el verdadero corazón de esa revolución.No obstante, no fueron su cabeza…

Aunque las rebeliones y masacres de Catavi y Siglo XX fueron hechas y sufridas sólo por los trabajadores mineros y fueran sus dinamitas y fusiles los que pelearon cada esquina de Oruro y La Paz aquel día, no fueron ellos quienes ocuparon el Estado, ni  su programa el que guiaría la revolución.

Se ha discutido mucho sobre si lo que hubo durante las semanas y meses posteriores a ese evento fue una coyuntura de poder dual. Estaban, por un lado, los trabajadores haciendo guardia en las calles con los fusiles en la mano; estaban, por el otro, miembros de la pequeña burguesía movimientista discutiendo el rumbo que el nuevo Estado debía dar. Se debe añadir, como apuntó James Malloy, que una de las medidas más radicales que tomó el gobierno de Estenssoro fue en realidad presionada anteriormente por los trabajadores: la nacionalización de las minas.

También se debe recordar que el Ejército había sido desmantelado y la fuerza coercitiva del nuevo Estado residía en los trabajadores. Incluso hubo un cogobierno dentro del cual ellos tenían cierta influencia para cambiar el rumbo de lo dispuesto por el MNR, sin mencionar que varios ministros dentro del gobierno provenían de la clase obrera.

Ahora, debemos tratar de definir claramente lo que significa “poder dual”. Desde una perspectiva trotskista es un momento que precede a toda revolución en el cual conviven dos poderes en el mismo tiempo y espacio. Uno que aún tiene el control de una parte del Estado y sus aparatos, y otro insurgente que reúne embrionariamente las características de un  nuevo Estado.

Desde la perspectiva leninista, por otra parte, el poder dual es una coyuntura particular que vivió la revolución rusa en la cual la revolución de febrero nace con dos fuerzas con relativamente el mismo poder. Por una parte el gobierno de transición encabezado por Kerensky y los mencheviques que acogía en su seno una revolución democrático burguesa; y por el otro los soviets y el partido bolchevique, que era el germen de la dictadura del proletariado.

Mientras la perspectiva de Trotsky sostiene que el poder dual es un momento que precede a toda revolución. Para Lenin fue un rasgo exclusivo de la revolución rusa que más que expresar la casi equipotencia de dos fuerzas antagónicas que luchan por el control del país, en realidad indica el surgimiento de dos proyectos de Estado simultaneamente (uno socialista y otro burgués), cada uno representado (y aquí el quid de la cuestión) por un partido.

René Zavaleta se inclinaba por la segunda concepción de poder dual. Para él, en 1952 no se vivió una verdadera coyuntura de poder dual debido a que aunque los trabajadores tenían el poder coercitivo del Estado en sus manos e influían en muchas de sus decisiones como durante el cogobierno MNR – COB, en realidad era guiados por el MNR (cuyo gobierno defendían) y su ideología. Es decir, en el momento de la revolución no tenían ni ideología ni partido propios.

Aunque la Tesis de Pulacayo marcaba la línea general de acción que la clase obrera debía seguir para hacer de esta una revolución socialista, en los hechos el programa de gobierno que se aplicó fue el del MNR. Pero además, como indica Zavaleta, tal partido era guidado por una ideología pequeño burguesa que no aspiraba a más que un Estado moderno desde el cual se pudiera dar a luz a una verdadera burguesía nacional y no a una emancipación de las masas de las manos del capital.

Ahora, las ideologías no se sustentas por sí solas. Necesitan un partido que las difunda. En el 52, la ideología del nacionalismo revolucionario se impuso ante las otras ideologías al imponerse el MNR ante los demás partidos. Y por mucho que el MNR hubiera tratado de reflejar fielmente las aspiraciones proletarias, tal tarea le hubiera resultado imposible en los hechos, aún con todos posibles ministros obreros en su seno, o con todas las asambleas obreras y campesinas en las calles, la realidad era simple: aunque había sido llevado al poder por los trabajadores, aunque tenía dentro de sí a algunos dirigentes trabajadores y aunque hablaba a nombre de los trabajadores, no era el partido de los trabajadores. Y hubiera sido el partido de los trabajadores solamente si hubiera tenido como núcleo una ideología proletaria: el marxismo.

Concluyamos entonces. Lo importante de este texto no es si hubo o no hubo poder dual. Si Lenin o Trotsky. Lo importante es que los trabajadores jamás podrán tomar el poder del Estado de forma independiente y hacia el socialismo si es que no tiene un partido antes. Y no cualquier partido, pues este debe ser un partido que se defina por su ideología proletaria. Y la única ieología pensada desde los trabajadores y para su emancipación es el marxismo.

Lo mismo vale para hechos posteriores al 52. Hasta principios de los 80s la clase obrera, organizada en la COB, era un poder fáctico en la sociedad boliviana. Ningún gobierno podía dejarla fuera de sus planes, ya sea como enemiga o como signo de aprobación a sus políticas. Pero aún en esas circunstancias tan favorables, a los trabajadores les hacía falta algo más que la COB, les hacía falta un partido y una ideología que los llevara a la toma definitiva del poder.

La lucha sindical, por ello, no es suficiente. No solamente porque se limita usualmente a reivindicaciones salariales sino porque los dirigentes de un sindicato siempre son proclives a ser cooptados por el gobierno de turno, debido a su rol de mediadores con el Estado.  Es necesario, si la clase obrera quiere volver a ser lo que fue antes de los 80s, comenzar la construcción de su propio partido y de sus propias ideas, que serán emancipadores sólo en la medida de que provengan del marxismo.

Así, recordamos el 52 como una victoria que era, en realidad, el preludio de una derrota para una clase que aunque heroica, no tenía partido para concretar su poder.

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