diciembre 8, 2021

La relación armónica con la Madre Tierra, pilar para la construcción de la economía comunitaria

Desde tiempos milenarios, los pueblos del Abya Ayala (América Latina) supieron convivir con la Naturaleza de manera armónica. Un pueblo indígena que no se expresa desde la tierra difícilmente sería un pueblo con identidad, cultura, estructura política y expresión económica. Para los pueblos indígenas, la tierra es una de las principales fuentes de su identidad, de su reproducción, de su existencia, incluso más allá de su propia materialidad, es decir la muerte. La tierra es el vientre del cual emergen, sobreviven y retornan todos los miembros del pueblo indígena. Desde ese punto de vista, la tierra es la Madre que nutre a todos los seres vivos que habitan en ella y con ella.

A diferencia de los paradigmas de occidente, la tierra, para los pueblos indígenas, no es un objeto para usar y/o destruir. La Naturaleza para estos pueblos, es un ser vivo. Por lo mismo merece todo el respeto, consideración y cuidados. Yesid Soler expresa esta realidad de la siguiente manera:

“Cruzando al otro lado del mar, sabemos que en América las culturas precolombinas, alcanzaron notables adelantos en el manejo de sus recursos y en la búsqueda de un equilibrio entre la población, la tecnología y el medio ambiente. Ejemplos notables son las culturas de los Incas, Mayas, Aztecas y Muíscas. ……….. Este manejo significó un dominio muy importante en el conocimiento de varias ciencias entre ellas la matemática, la astronomía, la ingeniería y por supuesto la economía”. (Soler B Yesid, 2007)

Tanto la colonia como los posteriores estados nacionales han usufructuado la tierra de los pueblos indígenas. Sin embargo, el proceso de resistencia de los pueblos que pervivieron, nos proporciona insumos para construir la propuesta de la “economía comunitaria” y/o plantear la ruptura epistemológica con las concepciones del pensamiento económico vigente.

De hecho, en algunos países donde están estos pueblos han tomado conciencia de sus derechos y del aporte de sus prácticas ancestrales para las sociedades que han perdido el rumbo frente a los desastres del denominado “cambio climático”. Desde los pueblos indígenas sobrevivientes, se trata de luchar para recuperar, en toda su plenitud, el ser de sus antepasados, vivir su propia identidad, valorar su cosmovisión, sus estructuras económicas y sociales.

En la práctica social reproductiva existe una eficiente administración de la casa, un real “oikos”. Puesto que la casa no es solo la vivienda de la familia o la comunidad sino que es una totalidad donde la naturaleza o Pachamama también es parte de su hogar, familiar comunal. Desde ese punto de vista, los pueblos indígenas no se apropian ni pretenden dominar la tierra. Se trata de mantener una relación armónica, bajo el principio de “reciprocidad” con la tierra, puesto que la vida de la Pachamama es una condición de la vida de los seres humanos.

Entonces estamos frente a un paradigma distinto al que nos impone la economía oficial, una racionalidad distinta a la de optimización y productividad. Para la racionalidad indígena, la Pachamama no es objeto sino sujeto, por lo mismo no se la puede violar, no se la debe comerciar, sino que hay que protegerla y alimentarla como a un ser humano. De ahí que los pueblos indígenas tengan la costumbre cultural de hacerle ofrendas. Estas prácticas se traducen, en idioma español, como “don, reciprocidad y redistribución”.

La administración de la tierra, la oikonomia de los griegos, es ejercida por las comunidades, que definen de acuerdo a las necesidades que tienen las familias, el número de componentes de la familia. La tierra no se hereda, no pasa de propietario a propietario. La otorgación de tierras entre los miembros de la comunidad se distribuye y re-distribuye de manera permanente. Por eso la inexistencia de la propiedad privada.

Si los pueblos indígenas consideran a la naturaleza tan importante como el ser humano. El agua, las montañas, los bosques, las tierras, son seres vivos que merecen mucho respeto. Este respeto por la naturaleza y la forma de organización de los pueblos indígenas evitaba las crisis alimentarias Estos pueblos tenían sus productos en pirwas y tampus (almacenes de alimentos adecuadamente refrigerados) para resistir sequías y escasez de alimentos.

“…Teníamos los sixis y pirwas, los qullqas y tampus llenos para resistirlos, aún si hubiesen durado cinco o diez años. Más, nuestra vida en completa armonía y respeto mutuo con la madre naturaleza, con la Pachamama, no daba lugar a los catástrofes “naturales” ocasionados por la cultura occidental ahora, frente a los cuales somos ahora indefensos, porque han destruido nuestros territorios, ayllus y nuestra organización comunitaria”. (Cancillería de Bolivia)

La necesidad de otros paradigmas que permitan superar el de la economía oficial y con ella el pensamiento único, no va a llegar de fantasiosas reflexiones de los sabios del pensamiento económico capitalista y depredador. Para trascender por los caminos transitorios del pos-neoliberalismo y el pos-capitalismo, se tiene que apelar a experiencias concretas que la historia oficial no quiso tratar en sus construcciones.

Desde Bolivia y otros espacios del Abya Ayala, se trabaja intensamente en este cometido. De ahí la propuesta del Vivir Bien y el Buen Vivir. Dos propuestas, la primera desde Bolivia y la segunda desde el Ecuador, que deben ser trabajados también por los economistas. En este punto es lamentable que nuestros centros académicos no asuman esta responsabilidad y sigan formando economista con paradigmas del capitalismo depredador.

El paradigma del Vivir Bien debe consolidarse reconstruyendo la historia de los pueblos originarios de esta parte del planeta, pueblos andinos y amazónicos. El documento de la Cancillería expresa que este paradigma tiene ciertas características que la diferencian del vivir mejor de los modernos:

El Vivir Bien está reñido con el lujo, la opulencia y el derroche, está reñido con el consumismo. No trabajar, mentir, robar, someter y explotar al prójimo, atentar contra la naturaleza, posiblemente nos permita vivir mejor, pero eso no es Vivir Bien, no es una vida armónica entre el hombre y la naturaleza. En nuestras comunidades no queremos que nadie vivir mejor, ya que el vivir mejor acepta que unos puedan estar mejor a cambio de que los otros, las mayorías, vivamos mal. Pero, estar mejor nosotros y ver a otros que están peor, eso no es Vivir Bien. Queremos que todos podamos vivir bien, queremos lograr relaciones armónicas entre todos los pueblos. (Cancillería, idem.)

Tomar en cuenta la vivencia de los pueblos indígena-originarios y su relación con la Pachamama, reconstruir esa parte de la historia vivida, que la intelectualidad occidental ha despreciado e intentado destruir por completo, será posible entender la doctrina y el pensamiento económico y el carácter holístico de los pueblos indígena-originarios. Esta tarea debe ser realizada, no con el objetivo de dominar a cierta parte de la humanidad, como lo hicieron las ideas euro céntricas, sino para proponer salvar nuestro planeta de la crisis multidimensional en la que nos encontramos.

Esas son las bases de la construcción de la economía comunitaria, una teoría económica que debe surgir de la relectura histórica y política de estos pueblos, de proyectar sus posibilidades en el actual mundo. Construir una economía distinta para un mundo diferente.

*          Docente Investigador Titular de la UMSA

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