diciembre 3, 2021

Freetown: Resumen étnico de Africa

El nombre de Sierra Leona se debe a la imaginación del navegante portugués Pedro de Cintra, quien en 1460 llegó a esos parajes y al escuchar el tronar de una tormenta sobre los cerros afirmó que era como el rugido de un león.

El explorador había llegado a la boscosa península que siglos después sería el asentamiento de Freetown, y aunque allí los truenos suenan como truenos al igual que en cualquier parte, Cintra insistió en bautizar el lugar como Sierra Leona.

El actual puerto de la ciudad está situado en el estuario del río Sierra Leona, un enorme brazo de mar bien protegido de los vientos y las corrientes, en el que desembocan cuatro afluentes más pequeños nacidos en la profundidad de estas tierras.

La abrupta geografía obligó a construir el aeropuerto internacional de Lungi en las tierras llanas del otro lado del estuario, lo cual obliga a los viajeros a abordar un ferry que los llevará a la capital en un pintoresco viaje de 45 minutos.

El trayecto hasta el desembarcadero de Kissy es como un aperitivo del colorido y bullicioso ambiente de las calles de Freetown. Mujeres con niños a la espalda, cestas llenas de pescado, frituras y frutas, gritos y cantos improvisados, se mezclan en un jolgorio de insólito mercado flotante.

No fue hasta 1787 que se asentaron en la zona 343 esclavos libertos llegados de Inglaterra, gracias a la virtual abolición de la esclavitud en las islas británicas, donde ya había comenzado la Revolución Industrial.

Pero esta primera experiencia fracasó y no fue hasta 1792 que bajo los auspicios de la Sierra Leona Company, formada por banqueros londinenses, que se estableció el enclave definitivo de Freetown en torno a una ceiba centenaria.

Hoy existe en el corazón de la capital una alta y vieja ceiba (cotton tree) que sirve de recordación simbólica de aquella fundación.

Lo que definió en definitiva al carácter multiétnico de la urbe fue la creación allí en 1807 de una estación naval británica para perseguir la trata de esclavos.

Los barcos negreros capturados eran traídos a puerto con su carga humana, la cual era liberada en tierra. Fue así que entre 1807 y 1865 un total de 60 mil negros de unas 200 etnias africanas se asentaron definitivamente en Freetown.

De la descendencia de estos libertos surgió una nueva cultura, que los leoneses llaman Krio (deformación de la palabra creole). Su idioma, que es el que predomina en Freetown y se escucha en todo el país, es una mezcla del inglés popular con vocablos de casi todos los grupos étnicos africanos.

Además, mientras la ciudad crecía, eran atraídas a ella familias de todas las etnias nacionales, como mandes, limbas, mandingas, fulanis, bambarás, susus y otras para completar un increíble mosaico de pueblos.

Esta situación excepcional ha generado un curioso sincretismo cultural y religioso. Aquí abundan las iglesias católicas, fundadas por misioneros portugueses, así como las protestantes, establecidas por los colonos, y una gran cantidad de mezquitas construidas desde los primeros tiempos por libertos musulmanes.

No es raro, por tanto, escuchar las campanas de las iglesias llamando a misa y casi simultáneamente el canto de los muecines convocando a la plegaria islámica desde lo alto de los minaretes.

Tampoco resulta extraño ver a musulmanes y cristianos participando anualmente en el Desfile de los Faroles, costumbre festiva local con la que se celebra el fin del Ramadán.

Además de su multiplicidad cultural, el otro detalle que caracteriza a Freetown es estar situada en uno de los escenarios naturales más bellos que puedan imaginarse.

Cuando uno escala las colinas de Wilberforce Hill, en medio de una vegetación tropical que parece estallar en mil colores, se descubre un paisaje de ensueño. Por un lado de la península, las edificaciones modernas se deslizan escalonadamente hacia las aguas del estuario, y por el otro las casas, con sus numerosos jardines y bajo frondosos árboles, se precipitan hasta las espumosas olas de Lunley Beach, con sus incomparables puestas de sol sobre el Atlántico.

Con alrededor de un millón de habitantes, Freetown se extiende hoy desde el barrio de Kissy, centro de la actividad comercial, hasta la punta de Aberdeen, donde se yerguen numerosos hoteles e instalaciones para turistas extranjeros, tal como el hotel Bintumani, que lleva el nombre de la montaña más alta del país.

Lo más colorido de la capital de Sierra Leona son sus mercados, donde se codean las más disímiles frutas y vegetales con los más insólitos artefactos, en medio de una algarabía multilingue, testimonio del origen histórico de la ciudad, resumen de las etnias de todo un continente.

* Periodista de la Redacción de Servicios Especiales

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