diciembre 8, 2021

La fascinante historia del archivo de Mojos y Chiquitos

En 1888, se publicaba en Santiago de Chile una obra que su autor tituló Archivo de Mojos y Chiquitos, que en su parte introductoria reconstruye la historia de las Misiones Jesuíticas y de los pueblos indígenas que la Orden había aculturado y evangelizado, hasta la instrucción del presidente de la Real Audiencia de Charcas, la expulsión de los Soldados de Cristo de aquellos dominios. El 4 de septiembre de 1767, terminó una experiencia evangelizadora en aquellos “territoprios remotos, extensos y casi desconocidos”, a los que se accedía por senadas de agua y tierra. Eran los inmensos llanos de Mojos, “dilatándose uniformemente sin asperidades desde las orillas del Itenes, del Beni y de una intermedia sección transversal del Mamoré al norte, desenvuelven una superficie de trece mil setecientas cinuenta leguas cuadradas hasta tocar por el sudoeste la planta de los últimos contrafuertes andinos de Yuracarés, y hasta ir a perderse al sur de las gigantescas selvas que a Mojos separan de las llanuras de Santa Cruz de la Sierra”.

Las Misiones tenían en el puerto de Guapay, a doce leguas al este de Santa Cruz, la puerta del comercio internacional. Era ese puerto un centro comercial dotado de almacenes, estancia para reses, acémilas y carretas para el acarreo terrestre entre el Río Guapaya y la ciudad oriental. Tenía instalado un colegio, que era el Hospicio de la Compañía.

Los indígenas sometidos al Misionaje “vivían desde un siglo atrás gratos y sumisos a los Padres. Nunca habían sentido el peso ni el contacto del mando secular”, dice Moreno. “Nadie estaba ocioso allí, todos trabajaban, en común bajo tutela de los sacerdotes, sin peculio individual, sin conocer el uso de la moneda ni el contrato de compra venta, recibiéndolo todo de mano de los Padres, desde el alimento y los vestidos para la familia, hasta la santificación y la doctrina religiosa; además de la enseañanza del oficio y el ejemplo del trabajo, hasta el castigo temporal y las eternidades del cielo y del infierno”.

“Tejían, curtían, tallaban, forjaban, fundían, sembraban, meleaban, cosían, torneaban, aparaban tocaban, cantaban, cultivaban y labraban el cacao, apacentaban las tres especies de ganadería. Procuraban todo lo necesario para el propio consumo de su vida rudimentalmente civilizada. Producían además, una varieda de efectos apetecidos, que por Santa Cruz se sacaban y que en el Alto Perú se vendían, a cargo de los procuradores de la Compañía de Jesús en La Plata, en Potosí, en Oruro, en Cochabamba y en La Paz. La procuraduría de Lima recibnía de las del Alto Perú el dinero de Mojos y Chiquitos, necesario para el pago de los efectos ultramarinos que las misones pedían y se les remitían desde allá”.

En ese paraíso terrenal, en el que reinaba un “tutelar y teocrático sistema comunista” (61), afirma Moreno, los indios eran agasajados por los Padres, “pagándoles alguna parte de su trabajo”, y recibían el beneficio del repartimiento, “una, dos o tres veces al año”, es decir, se les facilitaban a todo indio, a partir de los 16 años de edad, “dos costales para abrigarse, un cuchilo o cuña, anzuelos, agujas, y la cuarta parte de un pan de sal o cautro libras”. Distinto era el trato para los que tenían familia, pues a estos se les “aumenta cuatro varas de pañete o granilla y un par de medias de lana encarnadas, y igualmente a los jkusticias. A las mujeres, desde la misma edad, un rosarod e avalorios, medallas, tijeras, afuijas y cintas”. (47)

Todo eso se derrumbó con el ingreso de los reeemplazantes que “entraban de rondón turbando la armoniía moral de esos pueblos” (56). Llegó el mestizaje forzado, protagonizado por los solados de Baures que se llevaron dos indias jóvenes, a pesar que el “cruceño en su ciduada natal se avergonzaba de mezclarse con india” (57).

Más, la semilla Jesuita, resistió los embates del tiempo y las tropelías de los nuevos administradores, como lo constata Dorbigny: “Al visitar yo la provincia en 1832, hallé con otros hombres por gobernantes, con diferentes costumbres y una prosperidad bien inferior, intactas todavía todas las instituciones administrativas y religiosas que aquellos misioneros habían dejado en 1767”. (63)

El Estado buscaba con afán integrar a los indígenas, pero los esfuerzos tropezaron con lo que Moreno llama “la condición refractaria del indio mojeño a las adaptaciones del proceso caucáseo”. El indio mojeño fue presa del enganche, a raíz de la escasez de brazos, provocando la entición rápida de la indiana mojeña. Los datos del Archivo son reveladores. En 1713, existían 24,914 ind´pigenas reducidos en 16 pueblos. Las cifras se mantuvieron durante la época de la expulsión. En1767, se empadronaron 18.535 en quince pueblos. En 1790, 22.000. En 1803, Alvarez contó 24.417 en trece pueblos. }En 1932, D’Orbigny contabilizó 22.883 indios. En 1874, Ramón Correa, informó de la existencia de 12.000 indios y Mr. Mathews, en 1879, refirió tan sólo 8.000. (84)

La provincia Chiquitos, por su parte, se extendía por 6.666 leguas cuadradas, entreciortada por palniciees, serranías, lagunas, bosques, ríos, ciénegas, campiñas, colinas, ca{ádas, oteros, arroyos, es una hjermosa lengua de tierra fértil y cálida

La historia de este Archivo, es como lo fue la vida misma de su artífice, G. R. Moreno, es decir fascinante y aventurera, y, amerita desde todo punto de vista, contarla. Ninguno como Moreno para asumir retos que superan en gran medida la capacidad de una persona. Asumió el desafío de organizar, ordenar, encuadernar y transferir a Sucre, el Archivo de Mojos y Chiquitos, que llegó a sus manos. El Archivo que contenía los documentos producidos por las Misiones de las provincias de Mojos y Chiquitos, fue custodiado por el Gobernador Lázaro de Ribera, quien el 5 de septiembre de 1788, reunió los papeles en cinco cuerpos, desde 1776 hasta 1786. Má tarde, el Gobernador Antonio de Villa Urrutia nombró a Don Nicolás Vidal como archivero (1796). En 1806, el Gobernador Pedro Pablo Urquijo, completó el archivo con legajos desde 1802, más un mapa topográfico de las provicias de 1804, y los papeles que daban cuenta de las acciones de la toma de Buenos Aires por los ingleses en 1806 y se nombró a don Juan José Azuzunaga como archivero. Ya en época republicana el Archivo sufrió “el descabalamiento y dispersión, decretados y consumados por el Excelentísimo Gobierno de Bolivia el año 1837, con la mira de buscar datos administativos para mejor proveer”. En esas circunstancias, el Archivo fue retirado “de su centro por obra de autoridad y ha venido a parar a manos cuidadosas por obra de la misericordia”, es decir, a poder del insigne Moreno, quien organizó y estudió los expedientes, durante dos meses y medio, trabajando tres horas al día y aplicando su curioso “método histórico-cronológico de títulos”, pleno de anotaciones ilustrativas, lo que dio como resultado un exquisito instrumento descriptivo y sus dos introducciones (sobre Mojos y Chiquitos). Cumplida la labor contrató a don Enrique Barrenechea para “la copia en limpio de las 631 papeletas que contienen todos los títulos del Catálogo”, tarea en la que empleó “dos resmas de papel florete de primera clase a 12 pesos resma, para hojas de refuerzo y separación entre los expedientes agrupados en volúmenes”. Luego tomó los servicios de Don Senobio Moreno para la encuadernación en pasta de los 41 volúmenes resultantes. Finalmente, contrató la imprenta de Don Nicolás Anrique, en Santiago, el 6 de diciembre de 1888, para la impresión de 300 ejemplares de la obra titulada Biblioteca Boliviana. Catálogo de Mojos y Chiquitos, por la suma de $. 1.030.12. Anrique recibió el encargo de disponer los 41 volúmenes en folio, para su transferencia al recientemente creado Archivo Nacional en Sucre (obra también de Moreno), por intermedio de la Legación de Bolivia en Santiago de Chile, oficina que había dispuesto $ 910 para la encuadernación y edición de los catálogos, “suma que se ha excedido debido a la extensión que ha tomado la obra por causa de los prólogos y las notas y no poco a la alza de salarios consiguiente a la huelga de cajistas que ha ocurrido en el presente año”. Ante esa situación, el escrupuloso y orgulloso Moreno, “se apresuró a cubrir dicho exceso, ascendente a la suma de 376 pesos”, lo que Anrique puso en conocimiento del Responable de la Legación boliviana. El Archivo de Mojos y Chiquitos está formando por dos gandes partes. Primera parte. Archivo de Mojos. Vol. 1-22. Extrañamiento de los jesuitas (1767-1768, 1767-1772), Gobierno de Aymerich (1768-1772), Gobierno de Velasco (1773-1777), Gobierno de Flores y Peralta (1778-1785), Gobierno de Ribera (1786-1790; 1787-1790; 1787, 1790, 1788-1793, 1786-1792, 1791-1792), Gobierno de Zamora (1792-1795, 1795-1802, 1791-1802, 1793-1802), Gobierno de Alvarez (1802-1805), Gobierno de Urquijo (1805-1811), Camino y Misiones de Yuracarés (1765-1792), Estados, razones y cuadros estadísticos (1802-1820), Expedientes de curas (1792-1811) y Misiones de Cordillera (1799-1803). Segunda parte. Archivo de Chiquitos y el de la Administración de Misiones. Vol. 23-34. Gobierno de Villaronte (1767-1774), Visita eclesiástica y estatutos (1768-1769), Gobierno de Bartelemí Verdugo (1777-1784, 1780-1785), Gobierno de Cañas, de Zudañez y de López Carvajal (1786-1790), Gobierno de López Carvajal (1786-1791, 1790-1793), Gobierno de Rodríguez (1790-1799, 1792-1799, 1793-1799), Gobierno de Riglos (1799-1808), Gobierno de Riglos, de Álvarez y de otros (1800-1820). Archivo de la Administración de Misiones. Vol. 35-41. Disposiciones comunes (1768-1808), Gastos y frutos de Mojos (1795-1806, 1806-1808), Protectoría y Receptoría (1768-1810, 1790-1812); Gobierno de Riglos (1799-1808), Correspondencia de Gobernadores (1768-1810) y Índices, inventarios del Archivo (1767-1887).

Fuente: Gabriel René Moreno: Biblioteca Boliviana. Catálogo de Mojos y Chiquitos. La Paz, Juventud, 1973: 521-522.

ZUZUNAGA, JUAN DE

Archivero de Misiones (1803-1804). Arregló los papeles y expedientes pertenecientes a ellas y elaboró un inventario formal que los entregó al Escribano de Cámara Don Angel Mariano Toro, “sobre que haya de dividirse en adelante, el despacho de las dos provincias de Mojos y Chiquitos entre los dos escribanos de Cámara de la Real Audiencia y corra el Archivo de Misiones a cargo del relator Don Lorenzo Fernández de Córdova con el sobresueldo de 3000 pesos anuales”.

VIDAL, NICOLÁS

Archivero de Misiones (1795), nombrado por el Oidor Don Abntonio de Villa Urrutia, protector de las provincias de Mojos y Chiquitos, 2para tomar razón de todos los papeles que mensualmente se reciben en la Protección, de los en que se copian los oficios que dicho señor remite a los gobernadores de las referidas provincias y respectivos receptores y de las razones que se llevan sobre todos los efectos de producción y auxilios corespondentes a las provincias”.

*          Biblioteca y Archivo Histórico de la Asamblea Legislativa Plurinacional

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