diciembre 8, 2021

El motín conspirativo de los policías

Como todo conflicto social, político o económico, siempre deviene en un subir y bajar, en un flujo o reflujo como se diría en política con atenuantes participativos de otros sectores para redimir o lamentar los resultados. El amotinamiento de los policías de menor jerarquía —como ellos mismos se reconocieron— por más de seis días, hizo que sus demandas se traduzcan en comportamientos que requieren reflexionar por parte de los movimientos sociales y el gobierno.

Corresponde, reconocer e interpretar la coincidencia del periodismo tendencioso con la conducta lasciva de la derecha. Quiénes siempre se encuentran predispuestos y voluntariosos a sacar el mejor provecho de situaciones de litigio o demanda sectorial e irrelevante de los grupos sociales ante la ausencia de un discurso propositivo y orientador que siquiera eclipse la vorágine del proceso de cambio.

Pero el caso policial fue y será por el futuro que dure: el conflicto que debe ayudar a comprender y resolver temas estructurales que desde el compromiso con el proceso de cambio se tiene que atender y superar con responsabilidad de cambio y revolución.

La Policía Boliviana, está respaldada en su funcionamiento por una ley especial y única dentro la Constitución, al igual que las Fuerzas Armadas. Ahí radica su poder. Un poder que desde el neoliberalismo se intentó hacer el instrumento fundamental del orden y la seguridad interna para garantizar la libertad de mercado, para que la mano invisible trabaje a “conciencia” y beneficio del capital. Este postulado omite el verdadero valor de las fuerzas sociales vivas y dinámicas de los procesos liberadores.

Volviendo al amotinamiento de los policías de bajo rango, reconocemos que desde sus inicios, manifestaron el carácter reivindicativo y salarial bajo la consigna de “nivelación” en alusión a los que se mantienen en el ejército hasta hacerse en consigna que estimuló la insubordinación, el atropello, hasta llegar al vandalismo. Movimiento que se dispersa y logra hacerse un pronunciamiento nacional con ribetes ciertos, conspirativos y sediciosos. Evidentemente, desde ningún punto de vista económico, social o político se puede solicitar el apoyo o acaso conquistar la simpatía ciudadana con actos vandálicos por la institución que supuestamente está para evitar estos actos. La Policía Boliviana fue mal vista por las imágenes de abuso de poder y exhibicionismo de sus atuendos y armas que son utilizados para mantener el orden y la seguridad ciudadana, despilfarrando soberbia e imprudencia.

La Policía se denigró con esos actos vandálicos en desmedro de la institución y la institucionalidad. No hubo quiénes los apoyaran en su justa demanda que merezcan reconocimiento y respeto por la ciudadanía en general y les brindaran su apoyo.

Sólo la derecha en sus expresiones parlamentarias y ediles, pretendieron utilizar políticamente para su propio beneficio con palabras y actos medidos que no los lleven a un compromiso de consignas que obstruya su caudal anunciativo para las siguientes elecciones nacionales. En cambio, se dieron a la tarea de disminuir o en su caso, desmerecer la magnitud del conflicto de cara a la opinión pública para esforzarse en mellar el trabajo y la voluntad negociadora del gobierno, con la consecuencia de que se vieron imposibilitados de ocultar que algunos de sus correligionarios se inmiscuyan en el conflicto y aticen el fuego del enfrentamiento.

Los afanes conspirativos de la derecha no se limitan solamente a la infiltración del amotinamiento policial de bajo rango. Esto se encadena a un conjunto de sucesos y conflictos que pretender articularlos en un afán golpista evidente que son parte del pasado inmediato y de los futuros conflictos que se deben afrontar desde el gobierno. La conspiración se caracteriza por la supervivencia de grupos sediciosos y manipuladores detrás del acontecimiento en cada sector social y hacen que persista el problema en el tiempo y vuelva a revelarse a través de otro conflicto con los mismos ribetes o de formas modificadas, pero conflicto y enfrentamiento al fin.

Por eso, el amotinamiento policial tiene que ser estudiado de manera estructural y corporativa. Estructural, porque es una institución que no ha sido modificada en sus cánones de formación y estudio de la época neoliberal para el servicio, al interior de la institucionalidad coexisten métodos y metodologías de formación y comportamiento funcional bajo el espíritu comandante del Dios dinero. Corporativa, en el sentido laxo de que la funcionalidad de la policía en cuanto a orden y seguridad interna cofunciona y tiene que funcionar en coordinación con las otras instancias del Estado en garantizar el orden y la seguridad como reza la Constitución. Sería ingenuo omitir la evidente participación de intereses transnacionales en la conducta, el comportamiento y la formación de los funcionarios policiales, por la demostración violenta, agresiva y poco afortunada dirección volátil negociadora que demostraron es este conflicto.

Sin embargo, este como otros conflictos abren las puertas a la iniciativa popular. Lo destacable fue la manifestación de la CSUTCB de hacerse cargo de la seguridad y el orden en las instituciones financieras, por ejemplo. Más allá de lo enunciativo, y muestra de compromiso con el proceso de cambio, evidencia que el futuro tiene que ser en esa línea para lograr una seguridad ciudadana que hasta hoy se encuentra cautiva, y de la que la Policía reconoce que de ser así, se verá mermada en su poder y rol que la sociedad le asigna.

La Policía ha demostrado que puede ser reemplazada en tareas que desde una administración civil son mejor llevadas. La eficiencia y eficacia del rol policial siguen en tela de juicio. La valoración al servicio que ofrecen sigue observada por la sociedad. Por tanto, corresponde trabajar desde la instancia que juega en el rol del Estado, en la profesionalización del servicio al pueblo y por tanto, también en la dignidad y reconocimiento que se merecen con valores éticos y morales para no dejar en duda la idoneidad de este noble servicio a la patria.

El amotinamiento de los policías de bajo rango, deja en evidencia que los canales de comunicación están alterados y que la derecha aprovecha para generar crisis e incertidumbre en un afán golpista permanente, y esto no termina aquí, sino, manifiesta la necesidad de afincar mejor los principios y convicciones de las instituciones y el personal al servicio de la comunidad y el proceso de cambio con una propuesta que permita al conjunto social caminar hacia una sociedad más justa y solidaria con compromiso y convicción desde las instituciones que hacen al Estado particularmente.

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