diciembre 3, 2021

Para la autora de “Calibán y la bruja” “Creo que sigue teniendo lugar una caza de brujas”

por: Diagonal

Aquí compartimos fragmentos de casi dos horas de conversación intensa con esta profesora y activista, junto con Laura ‘Gaelx’ y Carolina León.

Diagonal (D).- En Europa, y especialmente en el sur, estamos experimentando unos procesos de privatización y cercamientos como los que, describes en tu libro, tuvieron lugar en los orígenes del capitalismo.

Silvia Federici (SF).- Sí, creo que sigue teniendo lugar una caza de brujas. En EE UU, durante los últimos 20 años, las políticas implementadas por los Estados constituyen un ataque económico muy directo sobre las mujeres. Hay dos tendencias que están afectando a la posición de las mujeres y socavan su autonomía, en contra de la idea de que ahora la mujer goza de una mejor posición social. Una es la falta de inversión en reproducción social y los recortes sociales desde los ‘70 hasta ahora.

Todos estos recortes en sanidad y ámbitos reproductivos, como el cuidado de los niños y ancianos, tienen un fuerte impacto sobre las mujeres. Esta situación demanda mucho más trabajo no pagado que ahora las mujeres tienen que hacer. Al mismo tiempo, ha crecido toda una campaña ideológica que pretende controlar la vida de las mujeres, su sexualidad, su cuerpo, un esfuerzo mayor por controlar la capacidad reproductiva de las mujeres. En varios Estados se criminaliza a las mujeres si pueden “probar” que estando embarazadas han puesto en riesgo la vida del feto que están gestando. Y desde luego la cuestión del aborto es muy importante. Algunos Estados han introducido en la ley que si quieres abortar tienes que realizar antes una prueba de sónar transversal, que consiste en insertar un instrumento en tu útero para poder obtener una imagen más nítida del feto con el propósito de hacerte sentir mucho más culpable.

D.- De modo que los cuerpos de las mujeres siguen siendo objetivo de los cercamientos capitalistas.

SF.- Siempre digo que los cuerpos de las mujeres constituyen la primera y la última frontera que el capitalismo tiene que colonizar.

D.- ¿Por qué crees que la cuestión de los comunes está hoy en el centro de la discusión política?

SF.- La cuestión de los comunes tenía que estar en el centro de la discusión, y ha sido llevada ahí porque a lo largo del mundo se ha impulsado la privatización de todos los espacios, del patrimonio natural, etc. Hasta el punto de que si no se paran estas tendencias pronto no tendremos acceso, salvo a través del dinero, a los mares, a las playas, ¡incluso a las aceras! No sólo se ha privatizado tierra y bosques, sino también el conocimiento; ésa es una de las cuestiones clave ahora mismo.

Otro factor son las luchas, sobre todo de la población indígena de América Latina y África, como respuesta directa al colapso y a los ataques a los sistemas comunales. La lucha de los zapatistas ha sido muy importante para traer la discusión sobre los comunes a los países industrializados, en los que la cuestión de la tierra no era tan importante. Estos desarrollos, que de alguna manera fueron activados por el proceso de reestructuración de la economía global, han forzado a la gente a tomar conciencia de la importancia de las relaciones comunales.

D.- ¿Pueden los comunes ser una alternativa al sistema público-privado, o sólo un apoyo a lo público?

SF.- Hoy en día lo público está siendo privatizado por el Estado. No lo controlamos, no tenemos capacidad de opinar en su gestión. Por eso lo público no es lo común: lo común es una gestión comunal de esta propiedad, desde la base, cuando creas formas de organización e instituciones que establecen este tipo de control y las reglas. Porque cuando tienes comunes, hay que tener reglas, no sólo en términos de derechos sino también de reciprocidad, del cuidado que hay que proporcionar al espacio, la tierra o los conocimientos. Estamos en el proceso de articular las formas de relación y las instituciones que necesitamos para tener comunes que sean genuinos, que no sean cooptados y usados para, de algún modo, salvar el capitalismo.

D.- ¿Qué tiene el feminismo que decir sobre la cuestión de los comunes?

SF.- A escala global, las mujeres han tenido una presencia muy importante en la defensa y producción de los comunes (porque no es sólo una cuestión de defensa, también lo es de producción, de producir nuevas realidades), y dado que, por mejores o peores razones, han estado muy involucradas en los procesos de reproducción y han tenido menos acceso a los ingresos monetarios, han tenido un interés especial en luchar contra la destrucción de, por ejemplo, el patrimonio natural.

Otro elemento que me interesa mucho es cómo organizamos los hogares. Las mujeres han revolucionado todas sus relaciones: familiares, personales, de reproducción, etc. Tenemos que repensar ese espacio desde la perspectiva de los comunes, reabrir el debate. Es una cuestión que implica también repensar el espacio, las actividades, la relación entre el hogar y el vecindario…

D.- ¿Cómo valoras el movimiento Occupy?

SF.- Ahora es un movimiento internacional, por lo que es muy difícil generalizar. Pero soy bastante optimista. Me siento muy animada por el hecho de que se reconozca que la cuestión de la reproducción es central. De que hay que ponerla en el centro de nuestra organización, incluso en la forma en que nos organizamos. Porque hay formas de organizarse que hacen que para mucha gente sea imposible participar, y esto ha sido uno de los problemas de los movimientos en los que predominan los hombres, y en los que sólo si tenías entre 18 y 30 años, estabas sano y sin personas a tu cargo, podías participar. Esa política ha sido, finalmente, insostenible, porque supone la exclusión de mucha gente. El movimiento Occupy se ha dado cuenta de eso. Creo que eso es un cambio cualitativo muy importante, que la vida en común está introduciendo nuevos elementos en la organización política que son esenciales.

Hay que empezar a responder a nuestras necesidades, y eso implica que cuando te juntas para hacer política, te juntas en un sentido mucho más amplio, no sólo en un sentido abstracto de ser político y “no traigas aquí tus problemas personales”. En los últimos dos o tres años hemos estado hablando de que no queremos un movimiento que suba como una olla a presión y luego baje, sino un movimiento que pueda ser sostenible y crecer. Y que tenga muchos espacios, que ofrezca a todo tipo de gente la posibilidad de participar, que pueda responder a las necesidades particulares que tiene la gente y que no te obligue a compartimentarte para poder hacer política.

D.- ¿Crees que el hecho de que hayamos puesto la reproducción social en el centro se debe a que hay una crisis económica?

SF.- Sí, sí, ahora la gente tiene que buscarse la vida más allá del salario. Todo eso se vuelve muy importante cuando tu salario o tu pensión se recortan un 30%, y tienes un montón de nuevos impuestos, con lo que el dinero no llega ni a mitad de mes.

D.- ¿Cómo hacer sostenible la gestión comunal en la actualidad?

SF.- Uno de nuestros principales problemas es cómo hacer real la idea de los comunes, con tantas posibilidades de ser cooptados. Una forma de mantenerse para mí en la dirección correcta es darse cuenta de que comunes (commons) significa antes que nada desarrollar un interés común para la comunidad (commoning). Esto nos lleva a descartar cuestiones que dividan: por ejemplo, no podemos tener comunes que excluyan a los inmigrantes.

Una de las fuerzas más poderosas del capitalismo es la habilidad para crear diferentes regímenes de trabajo y acceso, para confundir y dividir. Muchas veces no somos conscientes de lo que se hace, porque estamos en una posición relativamente segura. La producción, la distribución y el consumo se separan de modo que sólo podemos ver una parte. Y éste es uno de los grandes poderes del capitalismo. Esta preocupación tiene que estar en el centro, porque los comunes no tratan sólo sobre un trozo de tierra, sino que tratan de acabar con las divisiones y las jerarquías que separan a la gente. No queremos ninguna prosperidad y ninguna revolución que se realice con el coste del sufrimiento de otra gente. Ése tiene que ser el principio de los comunes.

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