diciembre 3, 2021

¿Solidaridad o contaminación política?

La solidaridad con cualquier lucha social, independientemente de la viabilidad o no de sus demandas, forma parte de nuestra historia. Eso no es malo y más bien es un hecho que se debe destacar.

Lo malo es cuando el grupo que despliega su solidaridad con una protesta se quiere convertir en dirección, imponer sus objetivos y métodos de lucha. Con eso, lo que se logra no es darle más fuerza al que está luchando desde un principio, sino más bien distorsiona el carácter de la movilización y a larga desprestigia a sus conductores. Es además, un oportunismo político.

Eso es lo que ha sucedido el jueves y viernes pasados, cuando un pequeño grupo de activistas mujeres y una fracción de la izquierda infantil paceña protagonizaron una marcha en apoyo a los indígenas que hacen una vigilia frente a la Vicepresidencia del Estado Plurinacional en oposición a la materialización de la consulta. Los militantes de ambos grupos empezaron, el jueves, a agredir de palabra y hecho a los policías que impiden el paso a la Plaza Murillo; usaron para ello palos, piedras y pedazos de vidrio, lo que obviamente provocó la reacción de las efectivos del orden, quienes hicieron uso de agua (con el Neptuno) y gases lacrimógenos, quizá también de manera excesiva.

El viernes, en un cabildo de los indígenas para decidir si regresaban a sus comunidades o se quedaban en La Paz hasta que el gobierno los reciba, la conducta de estos grupos volvió a repetirse. Hicieron uso de la palabra y llamaron a radicalizar la protesta contra el gobierno. Las activistas mujeres, los militantes trotskistas y funcionarios del MSM coreaban estribillos exigiendo mayor radicalidad de la protesta indígena.

A estas alturas ya es difícil determinar si los conductores de la marcha indígena son los propios indígenas y si la plataforma de lucha es la misma que se aprobó en el Beni o si el objetivo político es la soñada insurrección de los poristas o la preparación de la candidatura de Adolfo Chávez o el respaldo a la campaña electoral de Juan del Granado que está en pleno desarrollo.

La marcha indígena de ahora no es la misma que la marcha del año pasado. No ha tenido el efecto que se esperaba por varias razones: la mayor parte de los indígenas y corregidores del TIPNIS están concertando con el gobierno los alcances de la consulta, la plataforma ha incorporado puntos que van a contra ruta de las reivindicaciones obreras, el gobierno no ha intervenido para evitar el arribo de los marchistas, la clase media conservadora ya no ha expresado su apoyo militante y la infiltración de otros intereses políticos es mucho más notorio.

Quizá, para restablecer el espíritu de la marcha, sus conductores debieran tomar la sentencia del Tribunal Constitucional como el escenario para debatir con el gobierno y llegar a acuerdos en función de los intereses indígenas. Pero sobre todo, los indígenas deben retomar la conducción de la protesta. Hay sumas que restan.

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