mayo 6, 2021

Estado, deporte y dirigentes

Las denuncias de ida y vuelta, entre los dirigentes del Comité Olímpico Boliviano, a propósito de la participación de la delegación boliviana en los Juegos Olímpicos de Londres han puesto en la agenda de los medios y en la preocupación ciudadana un tema de vieja data, que se refiere a la participación del Estado en la administración de las entidades deportivas, profesionales y amateurs y su reiterado discurso de independencia.

Es evidente a todas luces que existen serios problemas en la dirigencia de nuestras entidades deportivas y, lastimosamente, nadie hace nada por darle una solución a estos problemas, en tanto nuestro nivel de competición, ya de hecho muy bajo con relación a nuestros vecinos para no ir más lejos, sigue en picada.

El Estado, a través de las autoridades deportivas, está desarrollando durante los últimos años, importantes emprendimientos de fomento a la actividad deportiva, a partir de la iniciativa del primer mandatario, con la construcción de campos deportivos, canchas de fútbol de césped sintético, coliseos multifuncionales y otros, así como con la realización de eventos deportivos de alcance nacional como los Juegos Estudiantiles Plurinacionales y otros sectoriales. Eso apunta al futuro y es bueno desde donde se lo vea.

Sin embargo, la Constitución Política establece en su artículo 105 la obligación del Estado de promover y garantizar el desarrollo y la práctica deportiva en todos sus niveles, lo cual debe entenderse que no pueden existir islas, supuestamente “autónomas” que tengan en sus manos estas actividades, que es lo que ha venido sucediendo con la Federación Boliviana de Fútbol, la Liga del Fútbol Profesional y el Comité Olímpico Boliviano, que utilizando la amenaza de que nuestras representaciones serían marginadas de competiciones internacionales de toda índole, impiden que el Estado tome cuenta de lo que sucede en estas organizaciones.

Aquí surgen algunas preguntas, esa independencia de las organizaciones que manejan el deporte competitivo (creo que profesionalismo no existe en Bolivia) ha permitido que el deporte boliviano desarrolle?, que alcance niveles de competitividad internacional?, que nuestros deportistas logren destacada participación en los eventos de los que supuestamente seriamos excluidos si el Estado se inmiscuye en sus asunto?. No es preciso responderlas, de una u otra manera todos conocemos las respuestas y eso mismo nos debe conducir a afirmar que un supuesto marginamiento de nuestras representaciones no modificaría en absoluto la actual situación de nuestro deporte, al contrario, podría servir de un punto de partida, primero para dejar de hacer papelones, dentro y fuera de nuestra fronteras, salvo honradas excepciones, y segundo para reconstruir la estructura institucional del deporte boliviano con bases verdaderamente sólidas.

El deporte competitivo no puede ser un negocio de privados, el COI o la FIFA no pueden estar por encima de nuestro Estado y muchos dirigentes no pueden seguir medrando y enriqueciéndose a costa de las aspiraciones de millones de bolivianos que soñamos con que alguna vez nuestra bandera flamee en el podio de los vencedores y que recorramos nuestros colores con orgullo y dignidad por los distintos campos deportivos.

Hablar del deporte siempre apasiona, pero también causa decepción cuando vemos que la causa de la mayor parte de nuestros males está ahí, presidiendo nuestras asociaciones, federaciones y comités y nadie quiere ponerles los puntos sobre la ies, para que esto no continúe de la misma forma, mientras los deportistas, de alta competición están abandonados a su suerte.

Vivimos tiempos de cambio, y estos también deben trasuntarse en acciones distintas en la administración del deporte competitivo, la cual nada, aparte de su discurso, tiene de independiente, ya que permanentemente recibe recursos del Estado, y no solo eso sino que cada vez más estiran la mano para que ese mismo Estado al que le niegan acceso a sus organizaciones, se haga cargo de muchas de sus obligaciones por una parte, y por otra, andan de pedigüeños ante organismos internacionales, bajo la lógica neoliberal de que somos un país pobre, sin que nada de esto se traduzca en resultados para nuestro deporte. Dejemos de ser observadores pasivos de este desastre nacional, exijamos a las autoridades que cumplan con lo que les corresponde.

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