octubre 21, 2021

La paz para Colombia, una tarea de todos

La noticia de que el grupo guerrillero más grande y antiguo de América Latina -las FARC- y el gobierno del presidente colombiano José Manuel Santos, iban a iniciar diálogos para buscar una salida política al conflicto armado, a la que se sumaría el ELN, es quizá la más importante de todo el año.

La noticia es la más significativa de lo que va 2012, pues expresa la voluntad incansable no solo de los que combaten con las armas desde hace más de cincuenta años, sino también de la mayor parte de los hombres y mujeres de América Latina y el Caribe.

La construcción de la paz definitiva —que pasa por la resolución de las causas estructurales que dieron nacimiento a la lucha armada según han dicho siempre los grupos insurgentes—, no será tarea fácil ni mucho menos alcanzada en el corto plazo. Alcanzar la meta será complejo y difícil, pues demandará, sin dudas, un viraje en las clases dominantes colombianas que no se han detenido ni un momento en entregar los recursos naturales a las transnacionales, convertir al Estado en un mero gendarme de los intereses del capital, concentrar la tierra en pocas manos, flexibilizar la fuerza de trabajo, arrebatar progresivamente las mínimas conquistas sociales conquistadas por la lucha social y hacer del territorio colombiano un espacio impune para la instalación de bases militares estadounidenses.

Pero si bien, ese viraje estratégico solo es posible con el cambio de mando en la conducción política del estado colombiano, pues sus clases dominantes han demostrado hasta ahora estar inhabilitadas moral y políticamente para representar la colombianidad, al mismo tiempo sería un error estratégico no apostar al menos a modificar el escenario político, al que bien podría servir la propuesta de un cese bilateral del fuego.

El solo anuncio de los diálogos es una victoria popular. No hay que ser ingenuos, pero tampoco se debe desconocer los avances, por muy pequeños que sean. La apertura de un escenario para construir la paz es un triunfo del movimiento guerrillero y de la lucha social, pues es una demostración contundente de que no hay posibilidades de un absoluto triunfo militar estratégico sobre las FARC y el ELN según prometió Santos al empezar su mandato, como también hay cero espacio para derrotar a la iniciativa social en términos absolutos, más aun con el nacimiento de Marcha Patriótica y la resistencia indígena en el Cauca.

La conducción guerrillera y los luchadores sociales saben que hay que apostar con todo a la paz y no caer en la provocación que seguro será planteado por lo más conservador de la clase dominante colombiana y por la ultraderecha de los Estados Unidos. Uribe es solo la personificación de esa tendencia.

Pero hacer de América Latina y el Caribe un escenario de paz no solo depende de los colombianos patriotas. También es una responsabilidad de todos los gobiernos y pueblos de Nuestra América y así debemos hacer sentir a las fuerzas oscuras de la muerte. UNASUR y el ALBA deben asumir la iniciativa y los movimientos sociales lo propio.

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