octubre 24, 2020

Las drogas y la guerra fracasada

Cada vez existe más consenso de que la guerra contra las drogas ha fracasado en el mundo, lo que confirma las verdaderas motivaciones que alentaron su aplicación en América Latina desde hace más de 40 años.

A la lista de ex presidentes de varios países latinoamericanos que en 2011 emitieron un informe que admitía ese fracaso -de la que todos fueron sus entusiastas impulsores- y convocaba a buscar nuevas alternativas entre el prohibicionismo y la liberalización de las drogas, se han sumado los ex presidentes estadounidenses Jimmy Carter y Bill Clinton.

Independientemente de si esa adhesión es resultado de una visión auto-crítica de los dos ex titulares de la Casa Blanca u otra expresión de la doble moral que acompaña a los Estados Unidos en la lucha contra ese flagelo de la humanidad, hay aspectos que se han puesto en evidencia.

Primero, que el esfuerzo político y militar puesto en la necesidad de regular la oferta no ha dado los resultados que se esperaba por el descuido colocado en la demanda. Es decir, es la alta demanda de todo tipo de droga en las sociedades de los países desarrollados la que juega un papel dinámico en la producción y tráfico.

Segundo, que la clasificación de los países en productores, de tránsito y consumidores es arbitraria y oculta la concentración de esos tres factores o al menos de dos, en un solo país. Eso ocurre con los EE.UU., donde se fabrican y consumen drogas sintéticas y se cultiva la marihuana.

Tercero, que han sido los productores de la hoja de coca, principalmente de Bolivia, las víctimas de una estrategia bastante tolerante con los grandes empresarios de la droga.

Cuarto, que la Guerra contra las Drogas ha sido en América Latina un pretexto de intervención política y militar estadounidense, lo que se ha agravado a partir de la administración de Ronald Reagan (1980) y particularmente después de que desapareciera el fantasma del comunismo.

Quinto, que la descertificación unilateralmente adoptada por Estados Unidos no solo que es un instrumento utilizado contra gobiernos de izquierda sino que es algo que la mayor parte de los países la consideran inaceptable.

Sexto, que la doble moral estadounidense se manifiesta al tolerar los cultivos de marihuana dentro de su territorio y oponerse al mismo tiempo para que la hoja de coca sea excluida de la lista única de estupefacientes aprobada en la Convención de 1961, no obstante que la primera también figura en esa lista.

Por lo tanto, fracasada la Guerra contra las Drogas, es momento de pensar en una responsabilidad compartida en la lucha contra las drogas y de no continuar en la criminalización de la hoja de coca y de quienes la cultivan. Lucha contra el crimen organizado, si, pero no contra el uso tradicional de la coca y sus múltiples formas de industrialización no ilegal.

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