septiembre 23, 2021

¿Un año MAS o un año menos?

Hace algunos meses participé en una reunión junto a coordinadores de instituciones de acción social. Durante el análisis de coyuntura la mayoría coincidía en críticas diversas a la gestión de gobierno. Sin embargo, todos y todas concordaban en dos cuestiones que me llamaron la atención. La primera estaba referida a la “irreversibilidad” del Proceso de Cambio, una declaración sorprendente, sobre todo si tomamos en cuenta numerosos procesos sociohistóricos que han demostrado precisamente lo contrario.

La segunda tiene que ver con la mención al propio concepto Proceso de Cambio como si se sobreentendiera su significado. Esto último me motivó en las semanas siguientes a formular un interrogante a diferentes personas del campo popular: ¿Qué significa para Ud. Proceso de Cambio y cómo se materializa en su vida concreta? Resultó asombrosa la variedad de respuestas a la primera parte de la pregunta, sobre todo porque se relacionaban en general con un horizonte utópico. En cuanto a la segunda parte, fue palpable el énfasis en la recuperación de la dignidad de los sectores tradicionalmente marginados.

¿Cuál cambio?

Bolivia no es un ave rara en la región. Aún con sus singularidades, hace parte de un movimiento generalizado en América Latina que rechazó al neoliberalismo y dio como resultado un abanico de gobiernos que procuran luchar contra la pobreza extrema, y van logrando frutos alentadores mediante la aplicación de programas de emergencia, en los que se posiciona el Estado como regulador, compensando injusticias seculares con programas de inclusión. Es indudable que han recuperado cuotas importantes de autodeterminación y soberanía, animando y fortaleciendo a la vez instancias de articulación y cooperación como ALBA-TCP, UNASUR, CELAC y otras.

En medio de la crisis mundial, dichas organizaciones aparecen como una vía estratégica para defender políticas comunes, promover intercambios no tutelados, y blindarse ante el tsunami financiero planetario. Se percibe además un ambiente que facilita la resistencia frente a los intentos hegemónicos usamericanos, los cuales se encuentran en ostensible baja. Sin embargo, todo eso se construye dentro de los márgenes del capitalismo, y está muy lejos de las propuestas revolucionarias de las décadas de los años ´60 y ´70 1.

En nuestro país el bloque social de los oprimidos hizo erupción contundente en medio de una coyuntura particularmente grave, transformándose en protagonista de la construcción de su propia historia. Pero hay que tomar en cuenta que un bloque no es una vanguardia absolutamente esclarecida, que marcha indetenible e iluminada hacia un proyecto diáfano, sino que es “integrable y desintegrable”, con innumerables contradicciones. Puede emerger con fuerza en un momento, y desaparecer cuando haya cumplido su labor 2.

A casi una década del quiebre de la democracia pactada y el proyecto neoliberal, en un lado de la balanza se encuentran instaladas aquellas conquistas indiscutibles, las que muy probablemente sean en efecto irreversibles. A ellas se agregan los demás horizontes utópicos, por ejemplo los que están plasmados en la CPE, o los que suele mencionar el Canciller relacionados con lógicas, racionalidades y paradigmas que no son las que impuso Occidente. En el otro platillo de la báscula sigue cobrando densidad un pragmatismo que tiende fuertemente a dejar las cosas como están.

Desde la gestión de gobierno, dicho pragmatismo (que en ocasiones se desliza hacia la soberbia autorreferencial) parece estar animado en primer lugar por una inédita bonanza en la macroeconomía, como resultado de una administración prolija y honrada pero conservadora. Al respecto, son provocadoras las palabras de Zavaleta cuando afirmaba que existe un desarrollo que libera y un desarrollo que no libera, y que “…el desarrollo económico no se hace nunca ganando dinero; por el contrario, ni siquiera se hace para ganar dinero puesto que su objeto es la liberación nacional” 3.

La reiteración discursiva y altisonante de los valores que expresa la CPE en el ámbito económico no cambia la realidad, que sólo se modificará con otras prácticas y otras estructuras. Ante ese panorama, en el cual se afirma algo y se hace lo contrario, es natural que se reinstalen ciertos paradigmas realmente operantes, como el “modelo cruceño de desarrollo”. Al respecto, un conocido analista y ex autoridad de Santa Cruz afirma públicamente que dicho modelo es el que salvará al país, funcionando como un Arca de Noé (textual). Sin embargo, se cuida de mencionar que precisamente por la aplicación de dicho modelo sólo el 12% de la vegetación del departamento se encuentra poco degradada o intacta, y que la deforestación de dichas tierras es nada menos que el 76% de la que sufrió el país en la última década (1.390.000 hectáreas deforestadas en Santa Cruz). De 25 millones de kgs. de agroquímicos que se utilizaban en el año 2002 se subió a 83 millones de kgs. en el 2011. En similar período la superficie cultivada creció un 63%, la importación de agroquímicos un monstruoso 494%, mientras que el rendimiento sólo aumentó un 16% 4. Quizá valga el ejemplo de una nave, aunque la realidad nos indica que se parece más bien al Titanic.

En segundo lugar, el pragmatismo mencionado está impulsado por estructuras estatales escasamente modificadas, en las que la redistribución del poder se anuncia pero no se efectiviza. Salvo excepciones, esa inercia conduce a los funcionarios al embelesamiento con sus propias rutinas burocráticas y al olvido de tareas fundamentales como las de organización y formación política del pueblo. Hace pocos días, un viejo militante de izquierda indicaba que campea la desmovilización de los sectores populares, se descuida la defensa y el impulso al Proceso de Cambio, se difumina la vigilancia para que las cosas se hagan adecuadamente, todo lo cual lo llevaba a preguntarse si en realidad existe temor gubernamental a las masas movilizadas.

En las circunstancias actuales valdría la pena la relectura de ciertas reflexiones del Che realizadas en otras geografías y en medio de un vendaval revolucionario, cuando indicaba en 1962 que el aparato político “fue cayendo en una tranquila y placentera burocracia, identificado casi como trampolín para ascensos y para cargos burocráticos de mayor o menor cuantía, desligado totalmente de las masas”. Afirmaba la importancia del desarrollo sistemático de los “cuadros” en escuelas especiales, favoreciendo su “ascenso ideológico” 5. Más allá del debate sobre métodos y estructuras que pertenecen a otros escenarios y tiempos, sigue absolutamente vigente el espíritu de este reto.

1          Para ampliar este panorama resulta útil la lectura de una reciente intervención del panameño Nils Castro en la XI Conferencia de Estudios Latinoamericanos (La Habana, noviembre 2012). Versión digital en http://alainet.org/active/59846&lang=es

2          Enrique Dussel desarrolla este espinoso tema en sus Veinte tesis de política, Ed. Crefal/Siglo XXI, 2006.

3          René Zavaleta M., Frustración capitalista en Bolivia.

4          Datos aportados por PROBIOMA en la Jornada Octubre Azul, que promueve la Fundación Solón.

5          Ernesto Guevara, El cuadro, columna vertebral de la Revolución.

Be the first to comment

Deja un comentario