octubre 24, 2020

El desafío de las coexistencias interculturales desde los descubrimientos culinarios

La coexistencia intercultural se ha intensificado desde la irrupción del universo mediático e informático a inicios del siglo pasado y que a pesar de las asimetrías nos han abierto las compuertas de la interconexión, principalmente a través de la música, las constelaciones audiovisuales, el internet y las artes culinarias.

Y en ese universo de constelaciones desafiantes nuestros entornos cotidianos y diversos dan cobijo a las exquisiteces del mundo aymara, con preeminencia de los frutos de lagos y ríos, variedades maravillosas de papas, hoy imprescindibles en la culinaria mundial, junto a los ajíes de los entornos quechuas que enfatizan en sabores y colores los diversos platos de los valles; que se enriquecen con los manjares orientales, gracias a las diversas combinaciones de yuca, plátanos, queso o carnes, que nos seducen a cada paso disipando fronteras.

Universos que desde el siglo pasado cobijaron a culinarias como la argentina, peruana, china o mexicana, para abonar el camino a exquisiteces migratorias de otras latitudes como la tailandesa, koreana, japonesa e incluso la vietnamita, cada una con sus historias de vidas en entornos lejanos y que con sus particularidades recrean sus mundos familiares y países gracias también a su música, fotografías y claro, en los canales de televisión que suelen matizar la estadía de curiosos o descubridores comensales.

Culinarias que en la riqueza de matices, de especias y hierbas nos han cautivado en esa magia de intercambios de aromas y sabores, diluyendo fronteras en ollas, sartenes u hornos, para condensar propuestas que hoy las encontramos no solo en las calles de nuestras ciudades sino en puntos tan diversos del país que atraviesan desde la Isla del Sol hasta la amazonía, abriendo vetas maravillosas para las culinarias locales, las reinvenciones y los mestizajes.

Hace algunas semanas en La Paz se abrió un acogedor enclave intercultural culinario procedente de Vietnam, con la magia de sus sabores y que venturosamente resistieron los crueles embates del conflicto bélico de los 60 y 70 durante la Guerra Fría, que con sus armas químicas y bacteriológicas de destrucción masiva como el napalm, fósforo blando, minas antipersonas o los temidos defoliantes del Agente Naranja destruyeron selvas con su flora y su fauna, provocando entre los vietnamitas malformaciones, cáncer y devastación. Pero los vietnamitas emergen como aves fénix en distintos puntos del mundo para seducirnos con la magia de sus sabores que combinan jengibre, cilantro, yerba buena y arroz…. en medio de la amabilidad particular y calidez vietnamita tratan de consolidar su enclave en medio de nuestra curiosidad e intriga, gracias a nuevos sabores y combinaciones, traducidos principalmente en exquisitas sopas.

Y es que un pedacito de Vietnam se ha trasladado a La Paz a través de sus sabores, enfatizados por el despliegue de su música y reminiscencias de su cercana y desgarradora historia, gracias a una pantalla televisiva que amplifica a ese mundo al que nos acercamos por la televisión y los periódicos en los lejanos años setenta o a través del cine gracias a películas como Apocalypse Now, Platoon o Nacido para matar, pero que hoy la podemos descubrir, aunque sea mínimamente a través de sus sabores.

*          Periodista y feminista queer

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