enero 18, 2021

(E)lecciones

por: Manuel Canelas Jaime

Después de unos días de espera para el recuento final oficial, se confirmó la victoria de Carmelo Lens por el 52 % de los votos frente al casi 45 % de Jessica Jordán, en tercer lugar, notablemente alejado de los otros candidatos, encontramos a Pedro Nuni con algo menos del 3% del total de votos válidos.

Todos los partidos que se presentan a una contienda electoral tienen diversos objetivos, si son opciones reales de poder, su objetivo prioritario será el de ganar las elecciones pero eso no significa que no existan, según los casos, objetivos secundarios importantes. En el caso de las elecciones del Beni, el objetivo prioritario del MAS, hacerse con la Gobernación, no fue alcanzado, sin embargo eso no quiere decir que todos sus objetivos hayan corrido la misma suerte. Por ejemplo, el consolidar una base electoral importante en un territorio históricamente hostil a lo indígena y a aceptar el protagonismo político por parte de las mujeres, ha tenido un resultado positivo: se incrementa el porcentaje de votos y se llega casi al 45 %, nada desdeñable si tomamos en cuenta las características sociopolíticas del departamento del Beni.

Por eso las argumentaciones comunes de estos días, las que dicen que “David derrotó a Goliat”, que “la apisonadora del Gobierno fue frenada” o que “el aparato de poder no bastó para acabar con la voluntad democrática del Beni” muestran o un desconocimiento total de la realidad política de ese departamento o, sabiendo bien como se articula el poder real allí, prefieren mentir para añadir cierta épica a sus análisis. Habría que preguntarse a que se refieren exactamente estos análisis cuando hablan de “aparato de poder” ( se referirán, acaso, a una bastante reciente, y aún débil ,Gobernación?), ya que no solo se trata de que el MAS no tiene la mayor parte del poder institucional en el Beni, sino de que las estructuras de poder real en ese departamento, los poderes fácticos, mantienen en gran medida su influencia y control sobre la política local y en esta elección , del mismo modo que en la anterior, han actuado de manera coordinada para el mantenimiento de sus históricos privilegios cuasi feudales.

Por otro lado, el Beni es junto con Pando el departamento históricamente más olvidado por parte del Estado, en ese sentido no parece demasiado fundamentado el creer que esta realidad ha cambiado tanto en los últimos tiempos y que ha pasado de ser casi inexistente a resultar asfixiante y de ese modo sostener que una presencia estatal vigorosísima, de la mano de mucha propaganda e ingentes recursos en gasto público, quería “torcer la democracia” en el Beni.

Es el la lógica del poder hacendal la que actúa de manera vertical y autoritaria, y es esta la que sostiene al aparato de poder real en el Beni; por mucho que está lógica se disfrace de manera paternalista de “modo peculiar de hacer las cosas en el Beni”, tiene que ser fuertemente contestada. Por supuesto que el MAS tendrá que hacer una revisión de su estrategia y de su política de alianzas en el departamento pero casi causa rubor que los críticos de estas alianzas señalen alguna declaración ambigua en favor del MAS de algún hacendado local como muestra indudable de la “derechización del partido” y, en un mismo movimiento virtuoso, traten de héroes de la democracia a gente como Ernesto Suarez y al universo de alianzas que este representa.

*          Doctorando en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid

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