por: Patricio Montesinos
A pesar de las férreas campañas mediáticas en su contra, de las acciones desestabilizadoras orquestadas por Estados Unidos, y de incluso las amenazas de muerte que recibió, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, es el ganador indiscutible de los comicios generales de este domingo en su país.
La reelección de Correa, candidato por el Movimiento Alianza PAIS, fue desde el mismo comienzo de la campaña electoral un hecho consumado, dada la popularidad y aprobación del mandatario, y a la vez por la fragilidad y escasa credibilidad de sus contrincantes, a juicio de analistas.
Todas las encuestas realizadas previas a la consulta popular en Ecuador auguraron que Correa se impondría con más de un 45 por ciento de intención de votos, muy por encima de su más cercano opositor, el ex banquero Guillermo Lasso, del partido Creando Oportunidades (CREO), a quien le vaticinaron entre un 15 y un 20 por ciento de aceptación.
La nueva victoria del líder ecuatoriano no solo constituye un triunfo del proceso revolucionario en esa nación, sino una gran conquista para Latinoamérica y el Caribe, y su integración, además de un revés contundente para el régimen norteamericano, que ve como su antiguo traspatio se convierte en un frente único contrario a los viejos intereses dominantes en esta región de sucesivos gobiernos de Washington
La Casa Blanca a través de sus tentáculos castrenses, como el Pentágono y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) movieron todas sus fichas para aniquilar a Correa, no solo en las urnas, sino antes por medio de probadas acciones subversivas, y hasta de un fracasado golpe de Estado.
Igual, como es costumbre, estuvieron aliados a la administración norteamericana los regímenes europeos, entre ellos el de Gran Bretaña, que intento a través del caso de Julian Assange crear una crisis internacional de descrédito contra Ecuador y su presidente.
Pero la partida de ajedrez la perdieron, y otra vez los planes de Washington se ven frustrados pese a todas sus artimañas, como les ocurrió con el triunfo Hugo Chávez en las elecciones de Venezuela del pasado año, y como de seguro le sucederá en las de Bolivia en 2014.
Estados Unidos no quiere admitir, por su prepotencia, que América Latina ya dijo basta hace algún tiempo y ha echado andar, y evidentemente no se detendrá, parafraseando al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara.
Los tiempos de hoy son de cambios a favor de los más desposeídos, de integración regional en busca de la Patria Grande, y del fin definitivo del dominio colonialista e imperial que oprimió y dividió a los pueblos de esta región.
Aun falta mucho camino por transitar y obstáculos que superar interpuestos precisamente por Washington, pero el sendero escogido por América Latina es el de la independencia, la soberanía y la unidad.

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