octubre 23, 2020

Sentipensando. Galopa Maisanta

Quienes creen que son la sal de la tierra, siempre miraron al pobre como cosa despreciable. Por eso el pueblo les atemoriza. ¡Ay, los pobres…! Tan feos, tan hediondos, tan vulgares, tan tantos. Por culpa de ellos, tan tantos. Los miran y se sienten rodeados, cercados, acorralados. Pobres sirviendo sus mesas, levantando sus casas, lavando sus ropas, sudando sus riquezas. Pobres afuera en el patio, atrás en la cocina y el garaje, lejos, en el campo y en las fábricas. Feítos pobres, tan morenitos, tan negritos, desde los vidrios ahumados de sus burbujas motorizadas. Pobres, animalitos dóciles para reventar por sus caprichos. Pobres, coartada fácil para mantenerse en el púlpito, la cátedra, el curul y el tribunal. El pobre, para ellos, es cosa interesante como pieza de museo, como objeto de investigación, como turismo antropológico. Nada más. No lo han visto pasar frente a sus ojos. No lo han sentido reventar bajo sus narices, tan levantadas. Lo sabían siempre atrás, abajo, en lo oscuro. Sin nombre, sin historia, sin derechos. Invisible y un tanto inverosímil, en el fondo. Porque la basura que desechan, desaparece si se la deja en la calle; porque la comida que engullen viene del supermercado; porque los vestidos que ostentan vienen de las tiendas. Y punto, así de simple. Para ellos no hay pueblo que trabaja. La sola idea de que los pobres hacen su vida posible, los aterroriza. Porque el pobre, van a saberlo, tiene que aguantarse su suerte, por flojo y por tonto. Que se consuele con la vida eterna y sea dócil mientras la alcanza. Por flojo y por tonto. El pobre alcanza el cielo aguantando la explotación que hace rico al rico. El rico lo alcanza con una limosna de vez en cuando.

Así la cosa ¿cómo soportar al pobre con nombre, con historia, con derechos? ¿cómo aguantar al pobre en la misma mesa, con el mismo trabajo? ¿cómo reconocerlo si ya no es pobre? ¿si ya no se calla? ¿si ya no pide permiso para tomar lo que le corresponde? ¿si se yergue consciente de su valor de hombre? ¿si ya no acepta, nunca más, la genuflexión que le impusieron el capital, la púrpura y las buenas costumbres de sus bien pensantes amos del pasado? Cuando el pobre se hace consciente de su pobreza, empieza también a hacerse consciente de quiénes y qué la provocan. Cuando el pobre se hace insurgente, empieza a dejar de ser pobre. Y entonces se produce el escándalo. Escándalo farisaico, por supuesto, que se sonroja por la justicia reclamada y conquistada con manos de pueblo. Fariseos que se llenan la boca con las grandes palabras que nunca profesaron ni respetaron, cuyo ejercicio le negaron consuetudinariamente al pobre. Horror sienten por el pueblo, asco sienten por el pueblo. “¡Populismo!” chillan, con escándalo. Solo conciben lo “pop”, pero jamás al pueblo.

Por eso, por esa necesidad de ser sin pedir permiso, el pueblo se rebela y se indigna y, cada tanto, cuanto más dolor soporta, pare hijos que le restituyan su libertad y su decoro. Vientos del pueblo que levantan torbellinos en forma de mujeres y hombres. Pero los hombres mueren, es ley de la naturaleza. Mueren, sí, pero como sus actos multiplicaron la vida, viven sencillamente en el pueblo. Y en tanto han vivido en esa nobleza, en tanto se han adentrado en las catacumbas del pueblo para conocer su suerte, en tanto han repartido el pan y la palabra, el pueblo no los olvida. Los llora, sí; se desgarra por su ausencia, vierte lágrimas de amor y de tristeza. Y los reencarna en la lucha que continúa.

Hoy celebro tu vida y tu victoria, comandante Chávez. Tú fuiste Maisanta redivivo, recuperando la dignidad de tu pueblo, abriendo el camino de su liberación, señalando a sus enemigos y sus cipayos. ¿Qué pueden entender tus enemigos? ¿Qué, si están mochos del alma? ¿Si tienen cerrado el ojo de la justicia y el ojo de la fraternidad? ¿Si tienen cortada la lengua de la verdad, la mano de la libertad? Galopa, Maisanta, galopa. Retumba tu galopar por todo el continente. El tambor incesante de tu galope, les parte el cráneo enajenado a esos que nunca serán pueblo, porque nunca tuvieron pueblo.

Galopa Maisanta y el pueblo va en su montura.

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