octubre 31, 2020

Las mujeres y la crisis del capitalismo

El libro “Hacia una nueva política sexual. Las mujeres ante la reacción patriarcal” de la socióloga Rosa Cobo, plantea que durante las últimas décadas la llamada “crisis del capitalismo”, no es mas que una alianza de los poderes económicos a nivel mundial que ha causado una crisis profunda en el modelo de sociedad y del Estado de bienestar que se había edificado en varios países.

En ese contexto de desmantelamiento del Estado en algunos países, es necesario preguntarse sobre el impacto que están causando estos cambios sobre las mujeres. Cobo nos aclara que uno de los efectos más rotundos de los programas de ajuste estructural ha sido el crecimiento del trabajo gratuito de las mujeres en el hogar. Este hecho es el resultado directo de los recortes de las ayudas sociales por parte del Estado, porque las funciones a las que renuncia el Estado, como la salud, alimentación y los cuidados de niñ@s y adult@s mayores, entre otros, vuelven a recaer en la familia y son asumidos por las mujeres.

Los resultados de las políticas macroeconómicas afectan rápido y visiblemente la vida de las mujeres, porque el Estado redefine lo privado para así invisibilizar los costos de desplazamiento de la economía remunerada a la no remunerada. De esa manera, el trabajo invisible de las mujeres aumenta cada vez que el Estado deja de asumir funciones de ayuda social y las mujeres sustituyen al mismo.

También la inserción de las mujeres en el mercado laboral mundial muestra una creciente diferenciación entre trabajadores altamente cualificados con ingresos altos y una “periferia” creciente excesivamente representada por mujeres e inmigrantes con empleos no permanentes, subcontratados, bajo condiciones laborales precarias y con ingresos bajos e inestables. En casi todas las regiones del mundo la participación de las mujeres en el mercado aumentó, pero las condiciones bajo las cuales se insertan las mujeres en ese mercado son desfavorables.

La globalización neoliberal está ahondando cada vez más la brecha que separa a los ricos de los pobres y está llevando al límite la lógica del beneficio por encima de cualquier proyecto ético y político de desarrollo humano. En este contexto de ganadores y perdedores, las mujeres se encuentran en desventaja en un terreno marcado por la desigualdad de género.

El capitalismo neoliberal está renovando el pacto histórico e interclasista con el patriarcado a partir de unos nuevos términos, traducidos en la subordinación a los hombres y en la explotación capitalista y patriarcal.

Es la mujer que se inserta en el mercado de trabajo global, que se ve atrapada en una jornada interminable, a causa del aumento del trabajo gratuito e invisible del hogar y ahora, además, accede al mercado de trabajo como trabajadora “genérica”, flexible, con capacidad de adaptación a horarios y a distintas tareas, sustituible por otra que no acepte las condiciones de sobreexplotación., Así, dos sistemas hegemónicos —patriarcado y capitalismo neoliberal— según la autora, han pactado nuevos y más amplios espacios de trabajo para las mujeres, que se concretan en la renovación de la subordinación a los hombres y en nuevos ámbitos de explotación económica y doméstica.

El incremento de la violencia es otro problema relacionado al acceso a formas de independencia económica y de autonomía personal que han permitido a las mujeres negar algunos privilegios masculinos en el seno de sus propias relaciones familiares y de pareja.

La reacción del patriarcado ante la emancipación femenina presenta formas inéditas de violencia. Sólo de ésta manera puede entenderse el feminicidio o la extensión de la prostitución forzada o trata y tráfico de mujeres hasta el extremo de convertirse en una fuente de beneficios mas importantes que los negocios de las armas y las drogas en el mundo.

O quizá, aclara Cobo, esto es posible, porque en este proceso de rearme ideológico del capitalismo y del patriarcado, se está produciendo un proceso de re-naturalización de la desigualdad. Como prueba de ello es que se está volviendo a transmitir a través de todas las instancias socializadoras y mediáticas la idea de que la desigualdad forma parte de la condición humana. Está cobrando nuevas fuerzas la idea de que la desigualdad no tiene que ver con procesos sociales y políticos, ni con estructuras de dominación, ni con sistemas hegemónicos, sino que la desigualdad forma parte y es inherente a la propia existencia humana. Esta nueva forma de pensar está dando lugar a la pasiva aceptación de la pérdida de derechos laborales históricamente conquistados o aceptar la inmigración como una ciudadanía subordinada. Incluso la prostitución está siendo vista como una práctica social neutra y un trabajo como cualquier otro que no está relacionado con el patriarcado, llegando a denominar ésta explotación como “trabajo sexual o servicios sexuales”

El nuevo rearme capitalista-patriarcal que se está dando a nivel mundial, está teniendo una repercusión negativa en las condiciones de vida, libertad e igualdad de las mujeres. No se debe aceptar la ideología de la desigualdad como algo normal en las sociedades. En Bolivia se debe dar seguimiento a la implementación de todos los derechos específicos de las mujeres consagrados en la Constitución Política del Estado para lograr la despatriarcalización efectiva.

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