| Jesús Urzagasti, uno de los más grandes literatos de Bolivia partió “al país del silencio” el pasado 27 de abril. Desde ese territorio conocido y nombrado por él en varias de sus obras, desde donde nos habló de la muerte y los muertos, celebrando también la vida. Van en homenaje a este maestro, estas breves evocaciones. No podría decir, como muchos, que gocé del privilegio de su amistad, sin embargo, los breves momentos en los que tuve la ocasión de dialogar con él, fueron significativos, pues fueron los años en los que me iniciaba en el periodismo, aunque confieso que por aquellos tiempos me encontraba lidiando con mi pasión por la literatura, lo que me había llevado a escribir algunos cuentos cortos que Urzagasti publicó con entusiasmo en su “Presencia Literaria”. Lo conocí en la casa de una amiga en común, la gran poeta Blanca Wietüchter, quien con frecuencia reunía a poetas, escritores y periodistas culturales en sendas tertulias al calor de la chimenea. De todos esos personajes con los que alguna vez tuve la ocasión de compartir, Urzagasti era el que más me causaba asombro, y despertaba en mí un profundo respeto y admiración, justamente por su habilidad de combinar de manera magistral su oficio de periodista con el de poeta y novelista. Había empezado yo a oficiar de periodista cultural de la agencia Efe, cuando este poeta chaqueño, me advirtió sobre el riesgo que representaba para una principiante cuentista verse envuelta en la rutina diaria de la escritura periodística. Y su advertencia se me quedó grabada por siempre, e incluso algunas veces, recordando las palabras del maestro, que me alentaba a seguir escribiendo cuentos, pensé si no habría extraviado aquella vocación literaria. Su tono reposado, su mirada reflexiva y profunda reflejaban el genio y la sabiduría de quien conoce la vida del campo, las faenas del labrador y la gente sencilla. Con profundo pesar por la partida repentina de este maravilloso escritor, escribo estas breves líneas para no quedarme sumida en el silencio, ese territorio insondable por el que transita la muerte, y del que Urzagasti, como muchos otros y otras grandes, ha sabido hechizar y salir victorioso, alcanzando la inmortalidad, a través de su obra. | |
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