octubre 12, 2026

Cesaire, Fanon y Fals Borda

Podría suponer un esfuerzo leer estos discursos y reflexiones (Cesaire, Fanon y Fals Borda) en articulación y como una línea de pensamiento que recae en América Latina. Vemos que esta lectura, junto a Fals Borda se enuncia y se cuestiona sobre la generación de pensamientos propios. Mirar el mundo desde América Latina habrá supuesto entonces un discurso sobre el colonialismo, la barbarie, la constitución de clases sociales y el imperialismo, la jerarquización cultural y el racismo, para recién abordar la posibilidad de apropiarse de la ciencia social y cuestionar la forma de construir pensamiento.

Fanon en Racismo y cultura denomina sociocentrismo a la valoración normativa de ciertas culturas decretada unilateralmente. Esta valoración se habría ido construyendo a partir del encuentro de grupos sociales a los cuales se habría denominado primero “sin humanidad”, así como sin cultura, para luego dar paso a una relatividad cultural, que no es otra cosa que el ordenamiento del mundo en culturas jerarquizadas y finalmente el acuerdo de estas jerarquizaciones en la ciencia de la antropología social, que es a la vez reconocimiento peculiar y negación global de estas culturas y grupos sociales.

Fanon explica que este proceso no puede sino entenderse como la opresión sistemática de los pueblos, cuya expresión cultural más visible, cotidiana y grosera es el racismo de un grupo superior en desarrollo, técnico, militar y económico, hacia otros inferiores. Además, debe comprenderse que el racismo no es entonces un elemento cultural enquistado en las estructuras sino renovable y adaptable a contextos y situaciones sociales específicas. De ahí que, con el tiempo, deje de ser el hombre el objeto del racismo, y sí las particulares maneras de vivir de los pueblos.

Y esta peculiar forma de desarrollo cultural genera nuevos modos de manifestar su racismo, esto tiene que ver con la momificación cultural, el respecto a la tradición y la exotización cultural. Momificación por no aceptar su dinámica y desarrollo autónomo, el deseo de que las culturas se hayan mantenido estáticas en el tiempo, un respeto por las tradiciones que no es más que la exclusión y menosprecio de estas expresiones respecto de otras (las occidentales) y la exotización como una forma de relacionarse con elementos y mundos simbólicos, y consumirlos como mercancía.

Estas visiones de las culturas de los pueblos como se había dicho, Fanon las identifica con la antropología social y advierte que el opresor se interesa por estudiar científicamente al dominado, en tal sentido los planteamientos de Fals Borda podrían entenderse como una respuesta a estas denuncias, una respuesta propositiva no hacia esa cultura dominante, sino desde y para las culturas que nos desenvolvemos con el racismo, la jerarquización y el imperialismo de por medio, del lado de abajo, de los dominados.

Se pregunta Borda si ¿Es posible una sociología de la liberación? Una disciplina comprometida y subversiva, que salga del molde de lo científico, lo normal. Inquiere la posibilidad de llegar a una ciencia politizada “a través de la originalidad impuesta por las realidades locales”.

Para este efecto, llama la atención a que la formación de los cientistas sociales considere la relación “conocimiento y conflicto”, de tal manera que el estudio tenga una relación con la acción; y finalmente, rompa su esquema subordinado al “orden y funcionalidad”, y se cuestione la indiferencia bajo la excusa de objetividad científica. Su planteamiento pareciese dar dictámenes a crear disidencias en las escuelas superiores, “disminuir el servilismo y el colonialismo intelectual” y promover la investigación independiente.

Estas reflexiones se orientarían no sólo a discernir entre la forma de generar ciencia desde occidente u otros lugares no occidentales, sino también a leer y cuestionar las hormas coloniales con las que desde América Latina constituimos espacios y productos intelectuales, que sin nuestro total consentimiento, tienen el sello eurocéntrico, pues no siempre estamos dispuestos a ver el conflicto, la realidad local y no se postula transformación, sino estabilización del orden de jerarquías.

Si bien se ha expuesto al racismo como un elemento visible de la cultural, podría ser que el arte y la literatura, hayan también expresado bastante de forma descriptiva y pasiva, pero también y he aquí la tarea de investigación, expresando la resistencia y el potencial transformador de las culturas. Podría ser un aspecto importante el avizorarnos de este exotismo y “respeto a la tradición” al momento de tratar y exaltar las expresiones culturales, reproducir la dicotomía de lo occidental y los otros, al sobre interpretar y asumir lo propio como estabilizado en el tiempo en figuras como lo aymara, lo indígena o lo femenino.

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