noviembre 23, 2020

Aquella barbarie racista del 24 de mayo

En la ciudad de Sucre el tiempo histórico se ha detenido, o por lo menos tiene otras dimensiones, los racistas de ayer continúan en el poder local, actúan igual que ayer y tal parece que no tienen ningún interés en fingir, por lo menos un moderado arrepentimiento.

La sociedad sucrense se ha edificado sobre un imaginario aristocrático, en la cual todos asumen sus roles, los de arriba y los de abajo, los de izquierda y los de derecha. Existe una especie de Pacto de la Moncloa donde lo primero es proteger este imaginario aristocrático.

Fue la Asamblea Constituyente instalada en pleno centro de la capital, que por un momento atropelló esta forma de sociedad, los indios irrumpie-ron en el centro del poder nacional.

Los doctorcitos de Charcas no tuvieron cabida y sacaron a relucir su racismo, pero no lo hi-cieron directamente recurrieron a los de abajo, a los empleados públicos de la Alcaldía, de la Uni-

versidad, de los gremios como el transporte y con ellos comenzaron una estrategia para derrocar a Evo Morales.

Aunque ya han pasado cinco años, vemos que la práctica racista se mantiene, la vieja estructura social sigue en pie. Varios sucrenses (hombres y mujeres), tuvieron que exiliarse por la arremetida de la barbarie racista.

Lo curioso y hasta contradictorio es que éstos usaron a una mujer de pollera para ganar tiempo, y la siguen usando para pactar con las logias que maltrataron indios y ahora se sienten dueños de la ciudad.

Recordemos también el exilio de la cultura; Cesar Brie, el excelente Director del Teatro los Andes, tuvo que buscar otro lugar en el mundo frente a la hostilidad de la “culta charcas”, ¡Qué paradoja!

Las sociedades dominadas por élites locales son complejas, especialmente cuando tienen siglos de construcción de sus imaginarios, de sus entramados de dominación, de sus símbolos consagrados, faltarán muchos años, para romper con esta especie de “maleficio charquino” heredada de la colonia.

Lo que ocurre hoy en Sucre parece un pasaje de la obra de Tristán Marof, es más, diríamos que la “ilustre ciudad” se sigue escribiendo en la realidad, poco han cambiado los personajes y las situaciones, solamente se han tornado más violentas.

Conquistar la plaza de Sucre para los pueblos originarios es todavía una tarea pendiente, como hace siglos siguen circulando por las orillas, aunque tengan una pequeña isla en la Gobernación, sabemos que ningún derecho es concedido, sino producto de duras batallas, de resistencias, de derrotas y triunfos.

Lo cierto es que desde el 24 de mayo del 2008, la “Culta Charcas” es nada menos que el rostro de la furia racista.


*    Camilo Katari, es escritor e historiador potosino.

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