enero 20, 2021

Brutalidad homofóbica

La brutalidad, esa violencia desmedida teñida de homofobia, de barbarie según estudios relativamente recientes develan que detrás de ella se esconde una profunda y dolorosa represión homosexual, un odio a lo que se rechaza de uno mismo. La brutal golpiza de la que fueron víctimas personas travestis en Cochabamba ampliamente amplificada por los distintos medios de difusión por cuatro taxistas devela las distintas aristas de la homofobia, como las de un machismo infame capaz de eliminar a “lo otro” por miedo a reconocerse ante esas presencias subversivas.

Lamentablemente el monismo jurídico y el anquilosamiento machista, homofóbico y misógino de estamentos diversos del Órgano Judicial continúan vulnerando los derechos humanos, atentando contra los mandatos de la propia Constitución Política del Estado, que por omisión o error se convierten en cómplices de esa brutalidad homofóbica de la que hemos sido testigos, quizá porque muchos de sus operadores de justicia, fiscales, abogados o jueces, sienten la amenaza homosexual que les martilla sus propias tendencias homosexuales, tal como lo han demostrado una serie de investigaciones científicas realizadas en el último siglo, desbaratando los postulados dejados por Sigmund Freud.

Reconocerse homosexual, lesbiana, travesti o bisexual en una sociedad machista y de tradición homofóbica, discriminadora, racista, preñada de cientos y milenarios complejos, además de brutalmente violenta es aterradoramente inaceptable, porque no basta con mirarse en la intimidad y reconocerse, sino que hay que exterminar a la amenaza, por ello se mata, antes se viola, se golpea con la máxima brutalidad, luego de humillar y pisotear la dignidad humana, la de la víctima y la propia.

Información registrada por Amnistía Internacional todavía más de 70 países persiguen aún a los homosexuales y 8 los condenan a muerte, estimando que cada dos días una persona homosexual es asesinada en el mundo debido a actos violentos vinculados a la homofobia. Lamentablemente en el país los datos se diluyen en instancias policiales y judiciales, por dolor y vergüenza las familias de las víctimas muertas generalmente no presentan denuncia y mucho menos se hace seguimiento a las escasas denuncias por la infamia condenatoria de una sociedad discriminadora, homofóbica e indolente con la vida y dignidad de las personas.

Además del machismo y el patriarcado la lacra de la homofobia ha sido alimentada por las tradiciones culturales y fundamentalmente con las religiones que han sellado con sus posturas morales y ortodoxas el rechazo y condena de la homosexualidad, acentuada por el pecado, la culpa, el miedo y el rechazo al placer por estar vinculado a lo demoniaco, reforzado a lo largo de los dos últimos milenios, principalmente.

En aras a ello la religión, en nuestro caso de tradición judeo cristiana y colonial, se persiguió, flageló y eliminó a cientos de miles de personas homosexuales, hombres y mujeres, desde la denominada Santa Inquisición en la Edad Media que con la máxima brutalidad durante el periodo colonial exterminó las idolatrías a manos de cruz y espada borrando las prácticas y ritualidades homosexuales de culturas precolombinas, tal como lo evidencian las relecturas de distintos cronistas y las investigaciones que se han desarrollado en las últimas décadas, aunque muchas corrientes indigenistas o indianistas renieguen de este pasado, aunque algunas culturas también eran homofóbicas, machistas y misóginas.

Ante la brutalidad homofóbica, inquisidora y monstruosamente violenta propinada por taxistas y operadores de justica elevo mi protesta e impotente indignación…. sin dejar de manifestar mi solidaridad con esas personas travestis dolorosamente vejadas.


*    Periodista y feminista queer

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