octubre 22, 2020

“La Nariz”: un modelo de marketing electoral

Después del escándalo generado por las desaprensivas declaraciones del Sr. Samuel Doria Medina en el caso Nemecia Achacollo, la hija y el Presidente Evo Morales, después de que este mismo señor dijera que un dirigente le habría dicho algo sobre colgar como a Villarroel al presidente Evo Morales, estamos en un escenario que nos obliga al análisis mediático y las rutas electorales que se han abierto en el país.

Nuevamente y en una línea incestuosa entre medio de comunicación, presentador y operador político, Samuel Doria Medina, hace referencia —esta vez— al programa “Bolivia Cambia Evo Cumple”.

Como era de esperarse, la promiscuidad de falsedades fue evidente, al extremo que el Vicepresidente Álvaro García Linera tuvo que decirlo con toda indignación: “Samuel Doria es un mentiroso, ignorante”

Lo que Unidad Nacional, nos permite ver, es el nivel de desgracia en la que ha caído eso que los politólogos llaman “marketing electoral”.

Efectivamente, conviene separar una “estrategia electoral” (donde se ponen en juego programa político, pertinencia ideológica y proyecto de futuro o visión de país) del “marketing electoral”.

Un marketing electoral es cuestión de mercado electoral, donde los votantes no tienen interés en los resultados, no se requiere por tanto un programa de gobierno ni una ideología de representación social. Es lo típico de las elecciones neoliberales, ya Goni nos encantó como una serpiente con dos lógicas de mercado, él 93 ofreció 250.000 empleos como base de su campaña fue presidente. El año 2002 nos ofreció 500.000 empleos y ganó las elecciones con un 1% de distancia en relación al MAS. Lo que interesa acá es que toda la campaña del Goni se sustentaba en el marketing electoral. Es decir en un modelo comunicacional y político que proviene de la doctrina del shok (Milton Friedman y Jefrey Sachs). Se requieren votantes asustados, traumados (como ocurrió en julio de 1985 luego de la UDP), partidos políticos sin representación por encima del 51% sino por debajo del 40% y mejor si tienen 30% como promedio, que permite la componenda entre partidos políticos afines en lo ideológico (como fue el caso del MNR, MIR, ADN o luego NFR, y con distancias CONDEPA o UCS) todos estos partidos compartían la creencia de la imbatibilidad del neoliberalismo, por tanto su alianza y sus rupturas eran coyunturales nunca históricas.

El 2003, puso en evidencia, como lo hizo con el modelo político, que el marketing electoral ya no iba más. El marketing electoral entro en desgracia, pero hay impenitentes que no aprenden las lecciones de las elecciones…

Samuel Doria, cuando lo vemos como parte de un horizonte político, tiene la virtud de mostrarnos el vaciamiento ideológico de las derechas en la Bolivia del siglo XXI, efectivamente, una derecha que se respeta, prepara un programa político, genera sentimiento de adhesión colectiva anónima, expresa ideológicamente lo que se tiene programáticamente, los medios son solo un auxiliar, no el centro mismo de la disputa política.

El vaciamiento ideológico tiene que ver con la ausencia de intelectualidad. Los escasos centros de creación intelectual de la era neoliberal se han reducido a talleres de terapia y autoayuda entre los mismos “dizque” intelectuales de siempre. Entonces la derecha es víctima de su reflejo en el espejo. Ve al revés lo que está derecho.

Pero además el vaciamiento ideológico tiene que ver con las corrientes de pensamiento críticos que han abonado las revoluciones bolivarianas, temas como la descolonización o la despatriarcalización, por ejemplo, son lugares donde la ignorancia de la derecha se nota en toda su extensión nacional e internacional. La muerte de Milton Friedman aquí no tiene nada que ver…

Si se mira el país como una empresa privada (visión de país), ya sabemos lo que pasa. Y lo sabemos con los gobiernos de Víctor Paz Estenssoro (1985-1989), Jaime Paz Zamora (1989-1993), Gonzalo Sánchez de Lozada (1993-1997), Hugo Banzer Suarez y Jorge “tuto” Quiroga (1997-2002), Gonzalo Sánchez de Lozada (2002-2003), el interregno de Carlos Mesa con Eduardo Rodríguez Veltzé (2003-2005) fueron débiles en ese posicionamiento, pero no pudieron escapar a la tragedia de su destino.

La visión que se tiene del país, tiene que ver con los éxitos o los fracasos del mismo.

Qué nos ofrece Samuel Doria Medina? ¿Más SOBOCES para su bolsillo?, ¿Un país hecho de cemento? ¿Hombres y mujeres con memoria de cemento?, la historia política del país convertida en cemento?

No, nos ofrece eso, nos oferta algo peor, nos ofrece la mentira como característica central de gobierno y el retorno mediocre al neoliberalismo.

René Zavaleta tiene definiciones preciosas al respecto: burguesías enanas y oligarquías provincianas

Mediocridad política que se une a mediocracia de alta intensidad, son una mezcla de dinamita y ango a la hora de las calumnias, las mentiras y las difamaciones… por ello conviene su análisis y estudio, porque no son hechos accidentales, son acciones cuyo cálculo de los efectos políticos, tiene una medida que se mueve en las mentes de asesores carísimos (en el caso de Doria Medina, Fernando Molina y Ricardo Paz).

Más todavía, el odio congénito a los indios, tuvo que expresarse, no podía estar ausente en las declaraciones de Doria Medina, el solo hecho de cuestionar las canchas en las provincias ya es un atentado de lesa deporte, es decirnos a los indios que estamos condenados a jugar en canchas de tierra y “patapilas”, que nuestra niñas no tienen derecho a jugar en césped, así sea sintético.

Que las tierras de comunidad tienen que mantener lo rústico como naturaleza del desprecio.

El desprecio del empresario por los indios queda al desnudo, ahí está el fondo del problema.

Lo de colgarlo como a Gualberto Villarroel (Villarroel hizo el Primer Congreso Indigenal en 1945 además de muchas e importante leyes para abolir el pongueaje) es en realidad una extensión de sus horizontes mentales a un supuesto dirigente de El Alto. En realidad, él quiere reeditar la inmolación y posterior colgamiento de Villarroel en manos de señoras copetudas, la izquierda señorial y profesores radicalizados de clase media, todos en torno al FDA (partido republicano y partido liberal) tal como nos lo recuerdan Herbert S. Klein y Laura Gotkowitz.

Es Doria Medina, quien tiene la ansiedad psicológica de un hecho trágico… Solo con atención podemos ver como los imaginarios del jefe político de UN se extienden peligrosamente hacia el racismo y la apología del delito. Y los medios ni cuenta se dan?

Volvamos a las canchas, canchas que en su mayoría se han hecho con el cemento del mismo Doria Medina.

¿Será que la industria del cemento tendría la prosperidad sin el programa Bolivia Cambia Evo Cumple? ¿Será que el economista Doria Medina no toma en cuenta ese dato de poder? ¿Los gerentes de venta de la empresa no tienen ese dato?

Tienen toda la información, pero el asunto electoral está en el campo político, que transita por el campo mediático y el tema empresarial por debajo del campo político y en ausencia del campo mediático.

Lo que en realidad está ocurriendo es que el marketing electoral de SDM, es bastante simple: Se nutre de la alza en la bolsa de cemento y la mentira convertida en espectáculo mediático.

¿Qué tenemos?, por un lado la base material y económica de la campaña y por el otro la campaña en sentido de morbosidad mediática.

Las “denuncias” como él las llama, son solo una base táctica para posicionar imagen electoral, tanto del mismo Samuel como las de sus operadores más cercanos (Javier Navarro y Elizabeth Reyes)

Y ello solo es posible, agrediendo al contrincante más fuerte dentro del campo político, la agresión tiene que ser de tal forma, que los medios de comunicación abran su agenda al tema en cuestión, hecho en sí mismo que conviene a los mismos medios (pues además de rating, son una importante fuente de ingresos económicos), los presentadores de noticias no están lejos del hecho, son parte importantísima de la construcción mediática de la realidad (Niklas Luhman), al darle el dramatismo y la “imparcialidad” que se requiere en un medio televisivo, es decir tienen la misión de orientar a la opinión pública (tema estudiado por Bordieu) en un dirección convenida previamente, entre medio de comunicación, presentador de noticias (dóxofos) y operador político generador del opinión.

Como se puede notar, que SDM haya desencadenado en más de una vez, tormentas mediáticas, donde la primera víctima es la verdad, es parte del marketing electoral, y el marketing electoral es propio de los modelos neoliberales, es decir, es un modelo de oferta política que se sustenta en la idea liberal de “mercado de conciencias”, en ello estriba el fondo de su fracaso en tanto táctica política, pero hay quienes viven apocalípticamente en el pasado y no salen a ver la luz apasionante del siglo XXI.

En Bolivia tenemos nuestro Pinocho local, pero no es el célebre muñeco de madera creado por Collodi allá en 1882, sino uno de carne y hueso que ha hecho de la mentira un modelo de marketing electoral rumbo al 2014.

Pero para datos más locales, conviene recordar la leyenda/historia del Sambo Salvito, quien —como se sabe— comenzó mintiendo sobre una aguja y acabo en la cárcel acusado de robo y asesinato, el día de su fusilamiento se le acerca al oído de su madre adoptiva y le muerde el pabellón, no sin antes decirle que todo comenzó con una mentira, con el cual ella fue condescendiente y no lo supo parar a tiempo.

Hoy Bolivia requiere pensar en la verdad como hecho revolucionario, como una forma específica de la lucha política, como el mecanismo para hacer conocer lo hecho y lo que falta, como la forma con la cual se pasa del decir al hacer.

Bolivia no puede sino indignarse con toda razón cuando la difamación, la mentira y la calumnia se enseñorean en los medios de comunicación, sin que estos medios pongan dispositivos de control a la calidad y veracidad de la información.

Bolivia no puede ser víctima de un marketing político sustentado en la mentira como primer factor en la construcción social de la realidad y el campo mediático.

Bolivia no puede ser laboratorio mediático de quienes viven lamentando el pasado, pretendiendo un retorno cada vez más imposible.

No podemos ser espectadores silenciosos de una nariz que promete dar la vuelta al mundo en 24 horas y llevarnos a Marte el 2014.

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