octubre 27, 2020

El debate sobre las drogas

El debate sobre el problema de las drogas y la estructuración de una estrategia continental, con la participación de los estados miembros de la OEA en condiciones de igualdad, recién comienza. Así ha quedado demostrado en la 43 Asamblea General celebrada en Ciudad Antigua de Guatemala.

Varias cosas han sido constatadas:

Primero, la absoluta mayoría de los países de América Latina y el Caribe ya no comparten la estrategia estadounidense de lucha contra el narcotráfico que, como señala el informe de la Comisión Global de 2011 y el informe de un grupo de consultores de la OEA este año, ha fracasado después de casi cuatro décadas de imposición.

Es más, los países miembros del ALBA y otros reiterado que detrás de esa estrategia se ha ocultado el objetivo real de una injerencia abierta y encubierta en asuntos internos.

Segundo, que el concepto de “responsabilidad compartida” nunca fue cumplido por los Estados Unidos. Se hacía énfasis en la oferta, criminalizando y asesinando campesinos, y no se hacía nada para bajar la demanda.

Tercero, que la legalización o regulación del consumo de algunas drogas, como la marihuana, bajo el criterio de que las drogas son un asunto de “salud pública”, no responde a un estado de situación homogéneo en los países del hemisferio. Este es el caso de Bolivia, donde una serie de factores culturales, han mantenido el consumo de drogas en niveles históricamente bajos.

La insistencia en declarar el tema de las drogas como un asuntos de “salud pública” es funcional a la estrategia de los Estados Unidos, pues bajo la forma aparente de colocar el énfasis en los países consumidores a través de programas de prevención y rehabilitación, lo que se hace es condenar a los países en que se cultiva hoja de coca y a los llamados países de tránsito a seguir experimentando la violencia como único método de combate contra las drogas.

Cuarto, que desde la perspectiva de los países miembros del ALBA y de otros estados, la construcción de una estrategia antidrogas exitosa debe respetar las particularidades de cada formación social, hacer énfasis en una efectiva responsabilidad compartida y evitar que la interdicción sea un pretexto de intervención.

La experiencia boliviana a partir de 2008, cuando se nacionalizó la política antidrogas luego de la expulsión de la DEA, muestra que es posible aumentar los niveles de reducción de los cultivos excedentarios de coca de manera concertada con los labriegos e incrementar las acciones represivas contra los narcotraficantes nacionales y extranjeros.

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