por: Silvina M. Romano
| Sin desconocer la existencia de este negocio en la región, podemos decir que ha sido creado como “nuevo enemigo común” que constituye la base sobre la cual se erige la justificación de la militarización y la presencia de tropas de elite en Guatemala y toda Centroamérica, cuestión sobresaliente en el marco de la retórica de defensa a la democracia y los Derechos Humanos celebrada por la OEA. |
| La OEA se reunió esta semana en la ciudad de La Antigua para “avanzar en el debate sobre una política integral para hacer frente al problema mundial de las drogas en las Américas, sin la expectativa de que se tome una resolución al respecto” (El Confidencial, 6 junio 2013). La prensa guatemalteca ha preferido analizar el encuentro desde el ángulo de la oposición entre la postura de Otto Pérez Molina y el gobierno estadounidense con respecto a la legalización (o no) del consumo de marihuana (Prensa Libre, 4 Junio 2013). Pero desde una perspectiva que apunta a profundizar en las condiciones actuales de Guatemala desde una visión de proceso histórico, nos interesa señalar otras cuestiones que atraviesan la historia de este país y de América Latina. La primera se refiere al rol de la OEA en la dinámica entre democracia y seguridad en los gobiernos de la región, asunto que nos remite a tiempos (supuestamente) remotos como el derrocamiento de Jacobo Arbenz y la X Conferencia Interamericana de Caracas de 1954. Esta vuelta al pasado no puede ser más que desde un presente donde una vez más se vuelve a imponer la “inmunidad” (impunidad) de los militares frente a la justicia civil (haciendo referencia no solo al fallo de la Corte de Constitucionalidad a favor de Ríos Montt, sino cuestionando la misma investidura presidencial de Otto Pérez Molina). En segundo lugar, nos referiremos a la construcción del “nuevo enemigo” regional e interno cristalizado en la amenaza del narcotráfico, de igual alcance y ambigüedad de la que gozó el término de “comunismo” durante la guerra fía. Con respecto al rol histórico de la OEA en el derrocamiento de gobiernos que se opusieran de uno u otro modo a los intereses privados y públicos locales y estadounidenses, es irrefutable que la reunión realizada en Caracas en Marzo de 1954 fue una de las estrategias utilizadas por el gobierno y las empresas estadounidenses para desestabilizar y deslegitimar el gobierno de Jacobo Arbenz a nivel regional, a la vez que sirvió de fachada democrática para legalizar y justificar su derrocamiento. Esto era parte de la política de “dos vías” planteada por el Departamento de Estado y la CIA para cambiar el rumbo de la democracia guatemalteca (es decir, lograr que se apartara de las premisas de justicia social como la reforma agraria). Para dimensionar el rol de la OEA en Guatemala y el resto de América Latina, vale recordar que su carta fundacional se firmó en 1948, un año después a la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), acuerdo de seguridad mutua en contra de la “intervención” de poderes extra-hemisféricos (léase, comunismo internacional). En la Carta que le dio origen a la OEA, los primeros párrafos desarrollan lo relativo a la democracia representativa, al principio de la no intervención (cap. I, art. 1) y a la paz y seguridad del continente (cap. I, art.2). Sin embargo, en la Décima Conferencia Panamericana, celebrada en Caracas (1954), se legalizó el incumplimiento de tales principios. En dicha ocasión, el Secretario de Estado estadounidense, John Foster Dulles declaró: “La dominación o el control de las instituciones políticas de cualquier estado americano por parte del movimiento comunista internacional… constituiría una amenaza a la soberanía y la independencia política de los Estados Americanos, poniendo en peligro el lugar de América, y [por lo tanto] exigirá un llamado a implementar las acciones apropiadas de acuerdo con los tratados existentes” [1]. Por su parte, el en aquel entonces Ministro de Relaciones exteriores guatemalteco, Guillermo Torriello (posteriormente bautizado como “el canciller de la dignidad”) dejó poco a la imaginación de los oyentes: “Es doloroso que se clasifique de comunista a todo movimiento nacionalista o independentista, lo mismo que a toda acción anti-imperialista o antimonopolista de los países que por mucho tiempo han tenido al cuello la soga de la explotación económica. Y lo más grave es que, quienes así califican a la democracia, lo hacen para destruir la propia democracia” [2] Esta fue una de las primeras actuaciones de la OEA en América Latina, donde se pasaron por alto los principios de soberanía y autodeterminación, que desde 1889 (primera reunión Interamericana) constituyeron el eje de las discusiones (y de la tensión) entre Estados Unidos y los países latinoamericanos hasta la conformación de la OEA. Desde aquel momento, cualquier argumento se tornó válido en nombre de la defensa de los valores “occidentales y cristianos” como conjuro contra el comunismo internacional y como barrera para cualquier tipo de reforma que pusiera en peligro el sistema de dominación. El nuevo enemigo común El motivo de la reunión de la OEA en la ciudad de La Antigua es discutir sobre las posibles soluciones frente al hostigamiento del narcotráfico. Sin desconocer la existencia de este negocio en la región, podemos decir que ha sido creado como “nuevo enemigo común” que constituye la base sobre la cual se erige la justificación de la militarización y la presencia de tropas de elite en Guatemala y toda Centroamérica, cuestión sobresaliente en el marco de la retórica de defensa a la democracia y los Derechos Humanos celebrada por la OEA. Esto mantiene una continuidad con los cambios en el paradigma de seguridad posteriores a la desarticulación de la Unión Soviética y del triunfo indiscutido del internacionalismo liberal (Hoffman, 1995). En el caso de las relaciones de Estados Unidos con América Latina, el (supuesto) fin de la Guerra Fría estuvo acompañado por el ascenso del neoliberalismo desde finales de los ‘70, la firma de los Acuerdos de Paz en Centroamérica y las transiciones a democracias de mercado. Si bien el enemigo ya no es el comunismo, este lugar lo ocupan la inestabilidad, el narcotráfico, el terrorismo y más recientemente el “narcoterrorismo” y la “narcoinsurgencia” que generaron diferentes lineamientos para la acción, centrados especialmente en la necesidad de enfrentar tales amenazas de “modo colectivo” (rememorando al TIAR). La actual (re)construcción del “enemigo interno” se lleva a cabo en un proceso de crisis del modo de producción capitalista, en el que se agudiza la lucha por el acceso a aquellas materias primas y recursos que permiten que el “sistema funcione” (en especial para los países centrales). En este escenario, se consolida el rol histórico de América Latina como productora de materias primas, para la extracción de recursos minerales y combustibles, así como plataforma de exportación y mercado para productos elaborados [3]. Esta situación ha contribuido a consolidar los movimientos de protesta en diversas regiones de Guatemala, la mayoría encabezados por pueblos indígenas que basan su lucha en la defensa del territorio, oponiéndose en particular a los proyectos mineros, hidroeléctricos y de agroindustria para biocombustibles. Esto no ha sido sin costos, pues en los últimos años, han sido perseguidos, torturados y asesinados numerosos líderes de movimientos sociales y defensores de Derechos Humanos. Estados Unidos y su continua influencia en Guatemala En una sesión del Comité Anticomunista del Congreso estadounidense septiembre-octubre de 1954 (organizada para justificar el derrocamiento de Arbenz) el presidente de la sesión dejaba muy clara la importancia de Guatemala para los Estados Unidos: “En la paz y en la guerra, Estados Unidos ha dependido del sudeste asiático para obtener numerosas materas primas indispensables para nuestra producción industrial. Casi todas estas materias primas pueden ser obtenidas también de América Latina. Por eso es mi convicción que América Latina no es solo importante por su posición geoestratégica (a nuestras puertas), sino como una importante fuente de materias primas vitales” (Comité sobre la agresión comunista de la cámara de diputados del congreso estadounidense, subcomité sobre América Latina, septiembre octubre 1954: 1-2). Poco han cambiado los intereses ocultos detrás de la modificación del discurso. La actual gestión Obama intenta darle un tinte más democrático y amable a la postura del Departamento de Estado con respecto a la región, apelando a una retórica que se remite a la democracia y al desarrollo [4]. Así, el Secretario de Estado John Kerry, en el marco de su estancia en Guatemala por la reunión de la OEA aseguró que promete “reforzar la cooperación con Guatemala en varios ámbitos, como el comercial y planes contra la desnutrición (…) más que los de seguridad y lucha contra el narcotráfico” (Prensa Libre, 5 Junio 2013). Una retórica similar sobre asistencia para el desarrollo era la postulada por la Alianza para el Progreso impulsada por John F. Kennedy a principios de los ‘60 (ante el éxito inminente de la Revolución Cubana) y que fue materializada a través de organizaciones como la USAID. Lamentablemente, en particular en el caso de Guatemala, tanto la Alianza para el Progreso como la USAID, en los hechos, se ocuparon más bien de articular la Doctrina de Seguridad Nacional contrainsurgente, contribuyendo a la militarización del país y a la espiral de violencia en los ‘60 (National Security Archive, US policy in Guatemala, 1966-1996, Doc. 5; Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala, 2011: 160; Romano, 2011). Esto nos lleva a reflexionar sobre la posible y probable relación entre un discurso a favor de la mejora en la calidad de vida del pueblo guatemalteco, y las fuerzas represivas que operan de hecho para evitar que se concreten cambios a favor de una mayor justicia social. Es difícil creer en las promesas de Kerry cuando proliferan los operativos anti-narcóticos, se aumenta la asistencia para defensa destinada a Centroamérica, y los países de esta región propician un “laissez faire” que da luz verde a la intervención directa del gobierno y las empresas privadas estadounidenses de seguridad (léase: Fuerzas de Operación Especiales, DEA, FBI, etc.). Parece entonces que las palabras más adecuadas a la realidad, a los hechos, son las del ex jefe del Comando Sur estadounidense, Douglas Fraser “Aunque no vemos una amenaza militar tradicional que emane de la región [existe] una amenaza asimétrica a la seguridad nacional e internacional: el Crimen Organizado Transnacional (…) más gravemente en América Central, el crimen organizado ha evolucionado hasta convertirse en una amenaza volátil y potencialmente desestabilizadora para la seguridad ciudadana y nacional (…) En consecuencia, estos países ven a sus militares como las únicas entidades capaces de responder a estas amenazas” (Fraser, 2012: 2-3). Sobra decir, que entre otras cuestiones, esta militarización anula por completo los objetivos de los Acuerdos de Paz firmados en la región y enciende nuevamente la alarma de la relación entre el poder civil y militar en el marco de las democracias y del (supuesto) Estado de Derecho. Retornando al punto inicial de este escrito, una de las controversias es sobre la posible legalización del consumo de marihuana. Kerry declaró: “A los que hablan de legalización les diré que los desafíos van mucho más allá de un ingrediente” (El Confidencial 6 Junio 2013). Efectivamente, los desafíos son mucho más profundos de lo que viene discutiendo la OEA, pues están inscritos en la estructura económica y el sistema de dominación que dicho organismo, con el apoyo de Estados Unidos, han contribuido a consolidar. Por otra parte, la asamblea llegó a un consenso para realizar una reunión el próximo año para llegar a otro consenso, es decir, no se han tomado (ni se tomarán) decisiones serias. Lo que sí aprobó la Asamblea es la “Convención Interamericana contra el racismo, la discriminación racial y formas conexas de intolerancia”. Un insulto para las víctimas del terrorismo de Estado en Guatemala, que vivieron hace pocas semanas, una vez más, la impunidad organizada desde el Estado, al fallar la justicia a favor del genocida Ríos Montt. Por eso, la esperanza del cambio está en la fuerza del pueblo para hacerse escuchar y legitimar sus reivindicaciones frente a organismos que ya hace tiempo no representan los intereses de las mayorías, instituciones que siguen apostando a soluciones coyunturales y a discursos “políticamente correctos”, que nada tienen que ver con reformas radicales para cambiar la estructura desigual, la dinámica de explotación y de dependencia de Guatemala y América Latina. Bibliografía • Archivo Histórico de la Policía Nacional de Guatemala (2011) Del silencio a la memoria. Revelaciones del Archivo Histórico de la Policía Nacional, Guatemala: Foto Publicaciones. • Comité sobre la agresión comunista de la cámara de diputados del congreso estadounidense, subcomité sobre América Latina, septiembre octubre 1954: 1-2 • El Confidencial, 6 junio 2013 “La OEA logra consenso para aprobar unanimidad la Declaración de Guatemala” http://www.elconfidencial.com/ultima-hora-en-vivo/2013/06/logra-consenso-aprobar-unanimidad-declaracion-guatemala-20130606-156169.html • Fraser, Douglas (2012) Declaración de Postura del General (USAF) Douglas M. Fraser, Comandante, Comando Sur de Estados Unidos ante el 112avo Congreso, Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, 6 de marzo, 2012. • Gunder Frank, Andre, (1970), “El desarrollo del subdesarrollo” en Guder Frank, Andre; Cockroft, James y Johnson, Dale, Economía política del subdesarrollo en América Latina. Buenos Aires: Signos, pp. 27-42. • Hoffmann, Stanley (1995) “The crisis of liberal internationalism”. Foreign Policy, primavera, Número 98. Estados Unidos. • National Security Archive, US policy in Guatemala, 1966-1996, National Security Archive Electronic Briefing Book No. 11. Doc. 5, “Guatemala ¿una contrainsurgencia descontrolada?” Departamento de Estados Unidos, Nota de Inteligencia, 23 octubre 1967 • Prensa Libre, 5 Junio 2013 “Kerry ofrece más respaldo al país” http://www.prensalibre.com/noticias/politica/Kerry-ofrece-respaldo-pais_0_932306805.html • Prensa Libre, 2 Junio 2013 “Sin consensos, OEA discutirá en Antigua rutas contra el narcotráfico” http://www.prensalibre.com/noticias/politica/consensos-OEA-debatira-Guatemala-narcotrafico_0_930507106.html. • Romano, Silvina M. (2011) “Obama y la Alianza para el Progreso: La retórica del desarrollo y la práctica de la ‘seguridad interna’ ” Revista Izquierda, nº 16 pp 62-69.http://www.laboratoriodeproduccion.com/?p=224 * Becaria del Programa de Becas Posdoctorales de la UNAM, Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, UNAM, México DF. 1 Ver: http://www.youtube.com/watch?v=TUsYJLKdyJ0 2 Ver: http://www.buenastareas.com/ensayos/Discurso-De-Guillermo-Toriello-Ante-La/2784314.html 3 Esto lo plantea de modo muy claro Gunder Frank (1970) 4 Esto es en sintonía con la política de las Tres D (defensa, democracia y desarrollo), que constituye las bases del discurso de la política exterior estadounidense en la actual gestión (Romano, 2011). |

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