abril 3, 2020

Medios que mienten: la publicidad engañosa

El Artículo 75 de la Constitución Política del Estado establece que las usuarias y usuarios, así como las consumidoras y los consumidores gozan de los derechos “al suministro de alimentos, fármacos y productos en general, en condiciones de inocuidad, calidad, y cantidad disponible adecuada y suficiente, con prestación eficiente y oportuna del suministro”, además de “la información fidedigna sobre las características y contenidos de los productos que consuman y servicios que utilicen”.

Este mandato constitucional se cumple? Y si no es así, quiénes son los responsables de que esto suceda?

Cotidianamente, los medios, especialmente la televisión, nos llenan de mensajes publicitarios de una cantidad de anuncios que nos ofertan en condiciones de extremada facilidad, desde cocinar sin quemar los recipientes ni la comida hasta adelgazar mágicamente en diez días, anuncios que de tanto repetirlos quedan internalizados en el subconsciente de los televidentes y pueden dar lugar a que asuman que son ciertos.

Son veraces estos anuncios, se cumplen todas las ofertas que se muestran, quién se responsabiliza si el producto ofertado no hace lo que dicen en la televisión, a quién quejarse si uno ha sido engañado o inducido al engaño por estos anuncios publicitarios? son algunas de las preguntas que buscan respuesta de manera responsable.

Los medios de comunicación, cuando menos la mayoría, viven supuestamente de la publicidad, por lo que debieran ser los principales responsables en la veracidad de los anuncios que difunden; pero no sucede así, habitualmente estos derivan esa responsabilidad al anunciador y éste a la empresa publicitaria, y así se va diluyendo la responsabilidad, dejando al usuario en una dramática situación de indefensión.

Se ha conocido de muchas denuncias acerca de que no todo lo que se oferta en la publicidad televisiva es cierto; no sólo eso se ha denunciado que muchos de los concursos que se realizan al público carecen de toda seriedad, pero ese es otro tema, pro ahora vamos a quedarnos en la publicidad, denuncias que sin embargo han quedado solo en eso, porque no hay quien tome la responsabilidad de su sanción.

La publicidad, al igual que la radio y la televisión, en nuestro medio no cuenta con regulación alguna en cuanto al mensaje, cuando en muchos países si la tiene, incluso en aquellos donde gobierna impunemente el libre mercado. España cuenta con la Ley 34 de 1988; Estados Unidos con la Trademark Law de 1946, modificada en 1988; Argentina tiene la de Lealtad Comercial y de Defensa de los Derechos de Consumidor; México tiene la Ley Federal de Radio y Televisión de 8 de marzo de 1973 donde se regula la publicidad. Colombia, Chile y Perú tienen una Ley de Consumidor.

Los bolivianos consumimos publicidad en grandes cantidades, especialmente a través de la televisión, pero estamos totalmente desprotegidos de toda manipulación publicitaria y somos víctimas permanentes de la publicidad engañosa.

Publicidad engañosa es todo aquel mensaje publicitario que puede inducir a error a sus destinatarios pudiendo afectar a su comportamiento económico, o perjudicar o ser capaz de perjudicar a un competidor. Es asimismo engañosa la publicidad que silencie datos fundamentales de los bienes, actividades o servicios cuando dicha omisión induzca error de los destinatarios.

No es necesario para que la publicidad sea engañosa que el error efectivamente se produzca sino que basta con la mera inducción al error. La inducción al error se da desde el mismo momento en el que se pueda afectar —debido a la presentación del mensaje, a la información transmitida o a los datos omitidos en el mensaje— al comportamiento económico del destinatario o se pueda perjudicar a un competidor. No es necesario para que la publicidad se considere engañosa que el daño efectivamente se produzca sino que “pueda llegar a producirse”.

La publicidad ha contaminado no sólo las tandas publicitarias, sino que ha penetrado a espacios informativos; acaso no vemos como presentadores y presentadoras de noticias y de otros espacios, anuncian que se visten, se maquillan y se peinan en determinado lugar o que directamente entre noticia y noticia, publicitan determinados productos, en contra de cualquier principio de ética. Ni siquiera se cumple a cabalidad con la publicidad regulada de bebidas alcohólicas, pero además se continúa con el uso indiscriminado del cuerpo de la mujer y de variadas formas de discriminación en los mensajes publicitarios.

Pero como en nuestro país le tenemos pánico a meternos con los medios, hacemos de la vista gorda y dejamos pasar este tipo de situaciones y nos rasgamos las vestiduras cuando alguien observa a los medios y nos convertimos en paladines defensores de la libertad de expresión.

Aun cuando la Constitución no es suficientemente clara en sus artículos 106 y 107 sobre este tema de la publicidad, debe ser incluido en el marco del derecho a dar y recibir información bajo los principios de veracidad y responsabilidad que están señalados en la misma norma suprema.

Ya que no podemos aspirar a una ley de medios que tome en cuenta este y otros muchos temas, cuando menos tiene el Estado la obligación de trabajar en estos temas específicos, no solo porque hacen a la defensa del ciudadano, sino porque así corresponde dar cumplimiento a lo establecido en el mandato constitucional citado de principio.

Be the first to comment

Deja un comentario