agosto 21, 2026

Pensar la opresión desde la educación

por: Rolando Vladimir Sierra Torrez

Al pensar el problema de la educación es imposible no observar rigurosamente cuál es el objetivo de la misma. Es decir, qué pretendemos (queremos), dónde y cómo pensamos llegar con la educación. Dussel y Freire se ocupan sesudamente de este asunto. Nosotros sólo haremos una trasposición de contenidos a nuestra propia realidad.

Lo primero que nos hemos planteado es cuál es el objetivo de la educación. Desde luego, formar, dar forma, formalidad, “enseñar las formas de comportarse”, etc., pero estas respuestas apresuradas no hacen más que mostrar con claridad lo que Dussel nombra como la aniquilación de la otredad, que bien puede ser el hijo, el estudiante, el ciudadano, en relación con el padre, el maestro y el Estado, respectivamente.

¿Hasta qué punto la sociedad (como categoría universal) es consciente y luego responsable de repetir las estructuras que a ella misma oprimen?

En el caso de los educadores, o por lo menos a los que nos llaman así, ¿hasta dónde sabemos conscientemente y realizamos positivamente la labor de educar? ¿Qué entender por positivamente?

En términos etimológicos el pedagogo es un acompañante en el proceso educacional, solo un acompañante del descubrimiento que el conocer implica. Sin embargo la educación viene siendo empleada, desde siempre, como un modo predilecto de consumar un tipo de pensamiento o de influir para cambiarlo. Lógicamente hablando, el educador por ser un instrumento agente implicado en el proceso, es alguien formado para enseñar el discurso(ideología). Así nos subsumimos en sociedades donde el statu quo es la realidad, y el devenir es lo utópico.

La labor de educar debe abrirse a nuevos modos en que no se niegue la identidad del educando. El educador debería abrirse a la posibilidad de entender que lo que posee como conocimiento no es necesariamente ni lo mejor, ni la verdad, ni el palabras populares, la última chupada del mate.

¿Cómo determina la educación y cuál es su relación con las personas?

Pensemos que los hijos nacidos en el seno de una familia son educados para llegar a ser padres o adultos capaces de repetir el modelo familiar. Los niños en la escuela son educados para un día ser parte de la sociedad política (políticos = ciudadanos). Un maestro liberador, no alienante, debería escuchar la voz del oprimido, del otro que clama justicia, del que quiere su propia identidad. Este educador debe ser atento a la voz que interpela y que busca su reconocimiento. De no hacerlo se produciría una nueva cadena alienante y alienada, donde la estructura, la institución, la jerarquía, están por encima del otro.

La práctica educativa que olvida el derecho a la identidad propia, individual, rebelde, etc., se posesiona así como una prolongación falocrática, al oponerse lo popular, a lo femenino, como punto de vista válido. Así los padres, educadores, Estado, deben dominar, someter, matar metafóricamente al hijo, alumno, al antisocial (o rebelde a las normas sociales), pues su existencia es un modo de reclamo a la realidad totalizada y totalizante. Su vida es la prueba de que existe un sector marginado, olvidado, resentido. Por eso la educación contra la que luchan Freire y Dussel es la que aliena al individuo y corta de un sólo tajo toda su cultura, moral, tradición.

Esta postura alienante, nuevamente acusa al sistema educacional. El caso boliviano no es ajeno a esta realidad. Hoy tenemos estudiantes que pasan más horas frente a un televisor o frente a un computador, que estudiantes animados a leer o peor, leer críticamente. Es más cómodo recibir un bombardeo audiovisual ideológico que pasar tiempo leyendo. Así la ideología propia de los programas y contenidos, en muchos casos enlatados y recalentados, socava las tradiciones, cultura, modos de ser, la moral propia y la remplaza por el desprecio de lo inherente. Es también el contenido que a fuerza de repetición y ausencia de respuesta se va convirtiendo en la historia oficial. ¿Estaremos criando niños tiranos? ¿Los pequeños de hoy repetirán como nosotros los errores del pasado? Los tres soldados apresados en Chile, los llamados “héroes del mar”, son prueba de ello. Pronto, en pocos años, alguien se prestará al poder para escribir esa historia oficial.

Educación es ejercicio de poder. Así, si el joven al que se educa se revela, entonces es preciso usar más poder, expulsión, represión policial, represión militar, etc. Todo lo necesario para callar la voz, asesinar al rebelde.

Sin embargo todo lo dicho no termina de cuajar debido a que es muy complicado desmitificar la institución y sus modos propios. ¿Cómo trazar un proyecto pedagógico capaz de liberación? Si Dussel deja en claro que la educación debe abrirse a la cultura popular por medio del arte, la música, la lengua, la tradición y símbolos nuevos, entonces cabe preguntarse en el mundo postmoderno ¿qué culturas, qué artes, qué música, qué tradiciones, qué símbolos enseñar?

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