octubre 26, 2020

Visita de Capriles provoca cisma en oposición boliviana

Capriles, lejos de sus deseos, que en realidad son ordenes de la Casa Blanca, ha provocado un cisma en la oposición boliviana, que vergonzosamente se disputa la relación con el político golpista y derrotado dos veces en Venezuela.
Vísperas de la temprana campaña por la carrera presidencial en Bolivia, continúan destapándose intrigas, caudillismos y divisiones políticas en la oposición boliviana, fundamentalmente en la extrema derecha, representada por el gobernador de Santa Cruz. Rubén Costas, el empresario cementero Samuel Doria Medina y el jefe de la bancada por Convergencia Nacional, Adrián Oliva, en lo que claramente se puede leer como la carrera por llegar al poder para restablecer las lógicas y prácticas de explotación y saqueo del pueblos boliviano y de sus recursos naturales.

El pasado 28 de julio, en la Cámara de Diputados, Oliva arremetió contra Rubén Costas, luego de conocer por medios de prensa la invitación realizada por éste a Henrique Capriles Radonsky, biderrotado líder de la opositora Mesa de Unidad (MUD) venezolana, de amplios antecedentes golpistas y fascistas; en realidad, mas parecido en trayectoria a Costas.

Este hecho, fue considerado por Oliva como una jugada sucia del gobernador Costas y del propio opositor venezolano, por ser el diputado boliviano el representante del Comando Capriles en Bolivia y en parlamentos de Latinoamérica, y quien más se la ha jugado en el apoyo internacional a la campaña del venezolano, a cambio de un magro financiamiento de viajes y hospedaje.

Todo indica que, hasta este momento, Oliva no tenía dudas de que sería el único opositor boliviano que recibiría los dineros de Capriles para las elecciones de 2014; pero ahora sospecha que el protagonismo de Costas como anfitrión de Capriles en Bolivia, terminará usurpándole la plata y derivándola hacia el “Movimiento Demócrata” del gobernador cruceño, que pretende ser heredero de la MUD venezolana y reeditar esta experiencia de la unidad opositora en Bolivia.

Oliva contaba con el apoyo de Capriles para coronar con éxito su adhesión al Movimiento Demócrata de Costas, pero no como un segundón, sino como figura descollante al lado del gobernador y con el aval y el dinero del golpista venezolano; dinero gringo que fluye expedito hacia Capriles y que entraría a Bolivia y a “democracia” solo a través del diputado Oliva, quien hasta hoy había sido “el hombre de Capriles” en el país y en los parlamentos de Latinoamérica.

Pero Costas, como buen tramposo y golpista, le dio la zancadilla a Oliva y rechazó su incorporación protagónica al movimiento. El gobernador cruceño también se distanció antes de un pacto de unidad con Samuel Doria Medina a la cabeza, y creó su propia plataforma “demócrata” con la que selló la defunción de la iniciativa del cementero. Al unísono le tomó la delantera a Oliva y a Doria, invitando a Capriles personalmente para recibir de este la batuta y la plata antes que sus voraces adversarios. Peor Oliva, quien había dicho a sus partidarios que todos los reales de Convergencia que gastó en viajes internacionales se devolverían con creces porque logró convertirse en “el hombre de Capriles”, que es lo mismo que decir “la criatura de los gringos”.

Pero ahora la plata se quedará en Santa Cruz, porque será Costas quien correrá el riesgo político de recibir al huésped indeseado en medio de la ola antiimperialista que se vive en Bolivia actualmente. Si bien Costas envió emisarios al gobierno para aclarar que no permitirá que Capriles se pronuncie en contra de Evo ni del proceso, y para pedir que dejen tranquilo al visitante, pues “la bronca aquí es entre opositores” y al gobierno… “ni con el pétalo…”

Fue por esto que Oliva reaccionó con escandaloso pataleo en contra de las iniciativas unitarias —pero separadas— de Costas y Doria Medina, a quienes tildó de oportunistas por negociar algunas veces con el gobierno en virtud de sus intereses particulares, económicos o de poder.

Oliva aseguró, no mas conoció el anuncio de Costas de la invitación a Capriles, que Convergencia Nacional, o mejor dicho, la minúscula fracción de Convergencia que él representa, no se uniría ni a Costas ni a Doria Medina, acusando a ambos de ser funcionales con intereses del gobierno en determinados momentos y de ser políticos viejos y desgastados. Dicen que Costas estalló en carcajadas y dijo “quien le pidió ayuda a este pendejo, que se creyó ¿que uno se hace líder montando aviones y dando discursos encendidos en donde no le alcanzan las piedras y las balas?”.

Visto el asunto, la visita de Capriles, lejos de contribuir a la unidad de la oposición de derecha boliviana para el 2014, la divide y crea las condiciones para que nuevamente afloren los intereses mezquinos de la extrema derecha representada por Adrián Oliva y Doria Medina, y en particular Oliva que ha sido denunciado por vínculos cómplices y financiamientos sospechosos de grupos terroristas de Bolivia y Venezuela.

La visita del opositor a Bolivia ocurre pese al innegable apoyo del pueblo boliviano y su presidente Evo morales al gobierno electo de Nicolás Maduro, que se profundiza más cuando Capriles y la oposición de derecha venezolana irrespetan a los presidentes de la región, incluido Evo, a los que han acusado de traidores y mentirosos por el solo hecho de sumarse a la gran mayoría que, a excepción de Obama, reconoció el triunfo de Maduro en abril ultimo.

Es evidente que este viaje del opositor venezolano busca afectar la integración latinoamericana y la propia gestión del mandatario boliviano y se desprende además que busca apoyar a la oposición en Bolivia para incitarla a que lleven a cabo un golpe de estado paralelo al que se pretende dar en Venezuela, donde en las últimas horas quedó a descubierto un plan para asesinar el presidente venezolano.

No es que en Bolivia se practique la intolerancia ante los diferentes colores políticos, pero éste visitante caprichoso levanta temores acá como allá; porque ya sabemos que cuando se molesta o le van a la contraria no vacila en sacar las turbas fascistas y patoteros armados a la calle a matar gente; así se llevó a la tumba en pocas horas y por pura “arrechera” a más de una decena de chavistas que festejaban el triunfo de Maduro en abril último. Lo mismo hizo en la embajada de Cuba en abril de 2002, cuando dio ordenes a su policía de no contener a los agresores de esa sede, y puso por condición para aplacar la furia fascista que amenazaba con tomar la embajada, que tenían que dejarle requisar la sede, territorio soberano cubano. Semejante abogado y demócrata no los queremos aquí.

Peor aún, poco oportuno que se junten aquí dos golpistas como Costas y Capriles en momentos como estos en que ambos sufren de capricho y “arrechera” por el poder. Esta reunión en estos días anuncia ser muy explosiva, pues Costas anda encaprichado en imponer su propia versión separatista y fascista del estatuto autonómico cruceño, “a palo limpio” contra todo el que discrepe o quiera participar con una posición distinta a la del “capo” de Santa Cruz.

El apoyo de los opositores bolivianos a Capriles pierde toda credibilidad dado que el proceso y los resultados electorales en Venezuela fueron avalados por todas las organizaciones, instituciones, y personalidades que participaron como observadores e invitados; quienes le recordaron a derrotado candidato opositor que por mucho menor margen le dieron la victoria en Miranda, en diciembre 2012, frente a Elías Jaua que tuvo menos de un mes para enfrentarle, y que el sistema electoral que le dio la victoria entonces, es el mismo que contó los votos que favorecieron en abril a Maduro.

Pero el mayor descrédito está en que Capriles Radonsky es un títere del gobierno de Estados Unidos, quien ha sido el único país que no ha reconocido al gobierno de Maduro. De lo que se deduce, además, que la Casa Blanca financia y asesora el plan de la oposición venezolana y boliviana dirigido directamente a proporcionarle un golpe a la integración latinoamericana, los líderes y las organizaciones que la sustentan.

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